Después de siglos en guerra contra Inglaterra, los políticos de esta majestuosa ciudad firmaron la cesión de la soberanía escocesa a principios de 1700 a cambio de la promesa de las riquezas y gloria del imperio. Trescientos años más tarde, los nacionalistas han resurgido y están tramando una nueva rebelión para recuperar su autonomía.

Con la fuerza del orgullo del tartán, el Partido Nacional Escocés obtuvo el control del Parlamento regional el año pasado, lo que impulso la fantasía separatista de escuchar Scots Wha Hae , interpretado en las gaitas como el himno nacional. Arrinconado, el gobierno británico ha iniciado negociaciones formales con los escoceses para establecer una fecha para un referéndum sobre su independencia.

La cruzada por la independencia de Escocia se perfila como la mayor amenaza para la cohesión del Reino Unido desde que Irlanda obtuvo su independencia, un proceso de tres décadas que culminó en 1949 cuando Irlanda salió de la Commonwealth.

Escocia se ganó derecho a un Parlamento descentralizado a finales de 1990 y tiene amplios poderes sobre su sistema judicial y gasto público.

Sin embargo, la plena independencia daría al Partido Nacional Escocés la autoridad para cumplir con una amplia gama de garantías, incluidas la expulsión de la flota nuclear británica de aguas escocesas, su retirada de la OTAN y el repliegue de regimientos escoceses que forman parte de las fuerzas militares británicas en el extranjero. También daría a los políticos en Edimburgo la libertad de votar por separado y tal vez en contra de Gran Bretaña en organismos mundiales como la ONU y el FMI.

Al igual que en cualquier divorcio, una ruptura con Gran Bretaña también podría generar una riña económica, sobre todo por los lucrativos derechos al petróleo del Mar del Norte, los cuales son vistos por los escoceses como una clave para su prosperidad como nación autónoma.

Esta nueva pugna por la independencia es vista con nerviosismo en toda Europa, especialmente por los países que han luchado en contra de movimientos separatistas, como España y Bélgica.

Ante el temor de una voz más débil en los asuntos mundiales y una división irreparable en la moderna Gran Bretaña, el Primer Ministro, David Cameron, lanzó este mes su propia batalla para ganar los corazones y las mentes de los escoceses. Yo creo que Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte son más fuertes juntos de lo que llegarían a ser si estuvieran separados. Algo muy especial está en peligro. El peligro proviene de la determinación del Partido Nacional Escocés en sacar a Escocia de nuestro hogar común , declaró en un discurso por la unidad británica.

Pero Cameron se enfrenta a un feroz enemigo: Alex Salmond, el hábil político escocés en plan de Corazón Valiente y director de PNE. De igual manera, el impresionante historial del partido en el gobierno, sus esfuerzos para proteger la lengua gaélica y enseñar las batallas históricas en las escuelas han tocado un nervio en los votantes. En una medida que podría maximizar el atractivo emocional de la independencia, el PNE está presionando para que se emita el voto en el 2014, el 700 aniversario de la legendaria Batalla de Bannockburn, en donde el Ejército Inglés fue derrotado en la primera guerra por la independencia escocesa.