Caracas. En Venezuela, enfermarse nunca había sido tan mortal como lo es ahora.

Antibióticos o medicamentos para protegerse de quimioterapias se han vuelto cada vez más escasos en los últimos años. Los hospitales públicos piden a las familias de los pacientes que les suministren sábanas y jeringas. Los pacientes de VIH pasan meses sin sus medicamentos, y pacientes de trasplantes han muerto sin los inmunosupresores que necesitan después de la cirugía.

Pero la más reciente crisis es la escasez de sangre.

Los bajos precios del petróleo y las políticas populistas defendidas por el fallecido Hugo Chávez y retomadas por su sucesor, el presidente Nicolás Maduro, han sumido a Venezuela en una espiral de emergencia económica. El sistema de salud, que también está plagado de mala administración y corrupción, se está desmoronando.

A finales del año pasado, la situación se volvió tan grave que la sangre para transfusiones y cirugías era difícil encontrarla en hospitales públicos. En enero y febrero, de acuerdo a trabajadores médicos, la escasez paralizó a la mayoría de los bancos de sangre públicos, obligando a los pacientes a conseguir sangre en hospitales privados.

El problema no es tanto la falta de donantes sino de los siete reactivos que se necesitan para conocer si la sangre donada no es apta para ser transferida. Esos reactivos, que el ministerio de Salud y el Instituto de Seguridad Social importan para distribuir a las instituciones públicas, tienen un precio en dólares, haciéndolos carísimos por lo devaluado que se encuentra el bolívar. Sin los reactivos, simplemente, la sangre no puede ser utilizada.

Una mañana a finales de febrero, Roselvia Escobar se presentó en el hospital infantil José Manuel de los Ríos de Caracas, para pedir ayuda para su hijo de 22 años de edad, César, que necesitaba tres transfusiones de sangre.

Al nacer, César fue diagnosticado con talasemia, una enfermedad de la sangre. Si no recibe transfusiones, su corazón o sistema nervioso pueden fallar y sus huesos deformarse. La familia no pudo obtener sangre de diciembre a febrero.

“Está en la cama, somnoliento, inactivo y aterrorizado”, dijo Escobar. “El derecho a vivir no existe en Venezuela. Sólo le rezas a Dios para que tu ser querido no muera”.

Carlos Maldonado, de 40 años, compró sangre en una clínica privada para su padre, que ingresó en el Hospital Universitario de Caracas después de que le diagnosticaron leucemia mieloide crónica en enero. La sangre le costó a Maldonado el salario equivalente a casi dos meses. El panorama es crítico.