Arabia Saudita debe enfrentar la responsabilidad de los daños que ha provocado en los más de tres años de guerra en Yemen.

El conflicto ha agriado las relaciones de Arabia Saudita con la comunidad internacional, ha afectado la dinámica de la seguridad regional y ha dañado la reputación del reino en el mundo islámico.

Arabia Saudita se encuentra en una posición única para mantener a Irán fuera de Yemen y concluir la guerra en condiciones favorables si cambia su papel de patrocinador al de pacificador.

Las conversaciones de paz en Ginebra patrocinadas por la ONU y que estaban programadas para iniciarse el jueves pasado (principios de septiembre) prácticamente colapsaron, en parte porque los rebeldes hutíes que controlan la capital (y la mayor parte del oeste de Yemen) temían que su retorno se detuviera debido al control del espacio aéreo por parte de Arabia Saudita.

La incursión de Irán en Yemen detonó la reacción de Arabia Saudita, quien determinó que por cuestiones de seguridad era necesario ingresar al país.

Sin embargo, la incursión de Arabia Saudita no ha ayudado a disminuir la inseguridad, por el contrario, ha incrementado el número de víctimas.

Cada misil Patriot (hecho en Estados Unidos) que dispara Arabia Saudita en Yemen le cuesta 3 millones de dólares. Se sabe que ha pedido préstamos en los mercados internacionales de por lo menos 11,000 millones de dólares.

Por lo que toca a costos políticos que genera, la cantidad de muertos no puede ser estimada.

Posibles fallas en los sistemas de inteligencia provocaron la muerte de 29 niños en agosto pasado, confundiendo un camión escolar con uno que transportaba hutíes.

El secretario de Defensa Jim Mattis declaró recientemente: “Respaldamos el derecho de nuestros socios de Arabia Saudita a la autodefensa”. Los medios saudíes publicaron la declaración de Mattis y lo citaron con gran entusiasmo, pero omitieron selectivamente la parte que declaró que el apoyo estadounidense no era “incondicional”, ya que instó a las autoridades saudíes a “hacer todo lo humanamente posible para evitar cualquier pérdida inocente de vidas”.

Algunas voces dicen que Arabia Saudita está haciendo en Yemen lo que el presidente sirio, Bashar al Assad, los rusos e iraníes están haciendo en Siria. Claro, sin el uso de armas químicas.

El príncipe heredero debe poner fin a la violencia y restaurar la dignidad en el lugar donde nació el islam.

El artículo fue publicado el 11 de septiembre por el periodista asesinado en el consulado de Arabia Saudita, en Estambul, el 2 de octubre pasado.