La economía de Yemen, el país más pobre de la Península Arábiga, está al borde del colapso después de cuatro meses de manifestaciones contra el régimen y una crisis política que no tiene visos de solución rápida, estiman los economistas.

Las protestas paralizan la actividad económica en todo el país, aumentan el déficit presupuestario e ahuyentan la ayuda exterior, según estos economistas.

El efecto más visible es la disminución del suministro de productos petroleros después de que un grupo de hombres armados de tribus del sur destruyera un oleoducto en abril, que hace perder al país entre 300 y 400 millones de dólares mensuales.

Antes de la crisis, Yemen exportaba diariamente 105.000 barriles de petróleo de los 280.000 barriles que producía.

De todas formas, la rebelión chiita en el norte, las demandas separatistas en el sur y la amenaza de Al Qaida en el este habían dejado ya gravemente tocada a la economía.

Ahora, los automovilistas hacen fila en las gasolineras durante horas mientras se multiplican los cortes de electricidad y de agua.

Según los economistas, el déficit presupuestario alcanzará este año entre 4.000 y 5.300 millones de dólares, muy superior a los 1.500 millones proyectados.

Hay que remontarse a 1994 para ver un déficit de esta envergadura, en plena guerra entre el norte y el sur. Las tropas del presidente Alí Abdalá Saleh aplastaron a los sudistas que querían construir un Estado independiente.

"La situación actual ha amplificado la crisis económica, que anuncia el desmoronamiento del conjunto de la economía del país en el futuro cercano", dice el experto económico Mustafá Nasr. En la realidad, "los sectores económicos importantes están parados", agrega.

Las oleadas de protesta en todo el país han alejado la mano de obra de los centros de producción y numerosas empresas han parado su actividad.

La crisis económica era una de las razones por las que los yemeníes se echaron a la calle. Cerca del 40% de los 23 millones de habitantes del país vive con menos de 2 dólares al día y un tercio padece malnutrición, según los organismo económicos internacionales.

"No hay trabajo. La mayoría de los trabajadores y artesanos se han sumado a las manifestaciones tanto en Saná como en provincias", aumentando las dificultades que ya tenía la economía antes de la revolución, dice Jaled Al Jazan, un investigador.

"Dejé mi trabajo (en el ministerio de Educación) con la esperanza de encontrar otro mejor después (de la victoria) de la revolución", dice Alí Mohammed que tiene un diploma de ingeniero informático estudiando por correspondencia.

"Tenía varios diplomas en informática pero la administración no me proponía un trabajo que correspondiese con mi formación", agrega.

La ayuda exterior, sobre todo la de las monarquías árabes del Golfo que han prometido 20.000 millones de dólares a Bahréin y a Omán, los dos miembros de su club del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), se ha esfumado con la crisis política.

El presidente Saleh se agarra al poder y rechaza firmar el plan propuesto por el CCG que prevé su salida tras 33 años al frente del país.

"Si el presidente firma el plan del CCG, los países de este grupo van a dar una enorme asistencia a Yemen. Pero su rechazo nos pone en una situación grave anunciadora del colapso económico", concluye Nasr.

DOCH