En el siglo XX en México, a medida que varias industrias se modernizaron, los puestos de trabajo de muchas mujeres fueron ocupados por hombres. Por este motivo, muchas trabajadoras comenzaron a luchar para defender sus derechos laborales, señala en entrevista con Factor Capital Humano María Teresa Fernández Aceves, integrante de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Las políticas modernizadoras de ese tiempo establecieron una división muy clara entre “el trabajo femenino y el masculino”, explica la investigadora. Y en esa división ellas se llevaron la peor parte. Cuando alrededor de 1930, industrias como la del calzado o de la tortilla empezaron a utilizar nuevas tecnologías, los varones fueron asignados a los puestos mejor pagados.

Ellos, supervisores de molinos, ellas, molineras

En cambio, las mujeres fueron relegadas a trabajos no especializados. Esto significar cobrar mucho menos y hacer jornadas más largas que sus compañeros. Con la mecanización de la producción de tortillas, los hombres fueron nombrados supervisores de los molinos de masa. Las mujeres, molineras.

Quizá por esa razón, tan solo en Guadalajara, Jalisco, el porcentaje de trabajadoras en las tortilleras bajó de 85 a 30 por ciento, destaca la doctora en historia de América Latina por la Universidad de Illinois.

Al perder sus empleos, muchas se organizaron en sindicatos o grupos de trabajadoras. No obstante, “el reconocimiento de sus derechos fue desigual, y dependía de la fuerza sindical que tenía y de las alianzas que lograba forjar con el movimiento obrero organizado”, agrega la historiadora.

Movilización sindical

Las trabajadoras de la industria de la tortilla, de la industria textil y las maestras fueron las pioneras en la movilización sindical. Pocas veces, los líderes tomaban en cuenta sus demandas porque estas esas causas no estaban dentro de sus prioridades.

Algunas otras trabajadores se afiliaron a los partidos políticos donde consiguieron representar las secciones femeniles. Una de ellas fue Guadalupe Urzúa Flores, quien se unió a las filas de Acción Femenina del Comité Campesino de Jalisco. Fue diputada y presidenta municipal por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Quienes no obtuvieron beneficios de esta lucha fueron las mujeres que trabajaban en espacios informales, como los talleres de costura que funcionaban en casas particulares. “Ellas fueron más explotadas y no se beneficiaron de la legislación laboral”, apunta.

Secretaria, ¿un trabajo honorable?

Por otro lado, a pesar de que algunos trabajos fueron concebidos específicamente para mujeres, las mujeres quienes los hacían no quedaron exentas de críticas y limitantes. Un buen ejemplo es el trabajo de secretaria. “Hubo una discusión sobre si era propio y honorable que las mujeres hicieran trabajos de oficina. En un inicio fue muy polémico, ahora se ve normal”.

Las mujeres que trabajaban en la educación fueron ganando su lugar poco a poco. Pero al principio,  “no estaba bien visto que las maestras se casaran o que dieran clases embarazadas”. En cada espacio laboral las mujeres han tenido que ir ganando batallas, agrega la historiadora.

Los avances logrados por muchas mujeres en tantos años son significativos, pero aún insuficientes, aclara María Teresa Fernanda Aceves. En la esfera académica, por ejemplo, muy pocas han podido ser rectoras: “Hay techos de cristal que todavía no podemos eliminar”.

Muchas “estamos pugnando por la equidad educativa, profesional y laboral. Ojalá que con los cambios electorales, con la igualdad en el número de legisladoras y legisladores del próximo Congreso de la Unión se puedan crear mejores leyes al respecto. Y claro, ojalá que éstas se cumplan”.