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Septiembre: ¿Sigue siendo el mes del testamento? (Parte 1 de 2 )

Joan Lanzagorta | Patrimonio
Desde hace 23 años, septiembre ha sido llamado “mes del testamento” en México. La campaña empezó en 2003, con un acuerdo entre la Secretaría de Gobernación y el notariado del país: honorarios reducidos hasta en 50%, asesoría jurídica gratuita y notarías que abren en sábado para quien no puede ir entre semana.
En los últimos años, la campaña ha ido menguando. Aunque sigue vigente, su página oficial cada vez es más pequeña. Para 2026 ni siquiera fue actualizada.
En un principio se publicaban ahí algunas estadísticas interesantes sobre el número total de testamentos otorgados por estado. También se confirmaban los costos acordados con el notariado, por entidad federativa, durante la campaña. Hoy la página no tiene nada más que un par de artículos genéricos.
Al tratar de investigar encontré varias notas de prensa, con estadísticas distintas. Algunas publican costos para 2026 de varias entidades, pero no de todas.
Lo único que sí pude confirmar es la información que dio la propia Secretaría de Gobernación: la campaña del año pasado cerró con 145,461 testamentos otorgados. México tiene 134.4 millones de habitantes. Eso significa que poco más de uno de cada mil hizo testamento ese año.
Con honorarios a la mitad, asesoría gratuita y notarías abiertas en sábado, ¿por qué la gente sigue sin hacer su testamento?
Para mí la respuesta tiene mucho que ver con que en nuestro país hay una enorme falta de cultura de previsión. Pensamos que somos jóvenes, que aún hay tiempo, y lo dejamos para más adelante. El problema es que no tenemos la vida comprada.
Pensar en qué va a pasar si llegamos a faltar no es cómodo ni agradable. Pero es necesario si realmente queremos dejar a nuestros seres queridos bien protegidos. Es curioso: cuando la gente piensa en seguridad, piensa en instalar cámaras, poner cerraduras y herrería. Por alguna razón eso no puede esperar. El testamento sí. Y es una pena, porque he conocido de cerca muchos casos de familias que, por falta de testamento, se han desintegrado, con el sufrimiento que eso puede causar sobre todo en los más pequeños.
Hacer un testamento es un trámite relativamente sencillo y el costo no es tan elevado, sobre todo durante la campaña, aunque varía mucho dependiendo de la entidad federativa.
¿Qué es un testamento?
Es un instrumento legal, otorgado ante notario público, en el que manifiestas tu voluntad sobre el destino que tendrán tus bienes y derechos cuando fallezcas. Es lo que le da seguridad jurídica a la gente que quieres. Si tienes hijos menores de edad, además te permite designar a sus tutores, las personas que se harían cargo de ellos si ambos padres llegan a faltar.
Por eso es importante que los dos miembros de la pareja hagan el suyo y se pongan de acuerdo en ese nombramiento. Hacer un testamento es un acto de amor y de responsabilidad hacia los nuestros.
Cuando alguien fallece sin dejarlo, la ley presupone cuál habría sido su voluntad. Cada entidad federativa tiene sus propias reglas, pero en general hay que abrir un juicio sucesorio intestamentario ante el juzgado de lo familiar para que un juez reconozca a los herederos. Es un proceso largo, caro y desgastante.
Se complica más cuando aparecen otras personas que se sienten con derecho sobre esos bienes: hermanos, padres, parejas anteriores, hijos fuera del matrimonio. Todos hemos visto casas que pasan años abandonadas mientras la familia se pelea la herencia.
Mucha gente piensa que el testamento es para quien tiene mucho que repartir. Nada más alejado de la realidad: las familias que menos tienen son las que más sufren, porque no pueden disponer de sus pocos bienes y terminan pagando un juicio que les cuesta más de lo que van a heredar.
Ahora, déjame desmitificar algunos de los pretextos para no hacerlo:
“No tengo nada que heredar.” Todos tenemos algo, incluso la cuenta donde te depositan tu sueldo, el coche o algún objeto de valor.
“Todavía estoy pagando mi casa.” Las hipotecas suelen incluir un seguro de vida que salda la deuda si el acreditado fallece al corriente en sus pagos. Sin testamento, ese inmueble queda en el limbo: no será de nadie ni podrá venderse hasta que se resuelva la sucesión.
“No tengo hijos ni pareja.” Tienes padres, hermanos, amigos, y puedes heredarle a quien tú decidas, incluso a una institución de beneficencia. ¿O prefieres que la gente que te quiere se pelee por tus cosas, o que nadie las reclame y acaben, al cabo de muchos años, en manos del Estado?
En la segunda parte te voy a explicar cómo se hace el trámite, así como las decisiones que tendrás que tomar.

