La pobreza es innecesaria.

Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz, emprendedor social, banquero y economista

En la última semana se ha presentado una importante confrontación entre el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), específicamente en relación con la publicación por parte del segundo de indicadores sobre la pobreza en México.

En México el Inegi (organismo autónomo) es responsable de recabar la información estadística, y el Coneval de establecer los lineamientos y criterios para la definición, identificación y medición de la pobreza, garantizando la transparencia, objetividad y rigor técnico en dicha actividad . Esto es: uno levanta la información sobre la pobreza, pero es el otro el que la define con base en la información recabada por el primero.

La confrontación se ha sobresimplificado al señalar que el Inegi cambió la metodología de levantamiento de la encuesta, y por ello, los datos ahora indican que los pobres ganan más de 30% respecto de la encuesta anterior. Más allá de las acusaciones es falso que la nueva administración del Inegi alteró los datos, porque ésta inició en este año, mientras que el cambio metodológico se decidió hace un año y las encuestas se aplicaron a finales del año pasado. También es falso que el Inegi modificó la metodología de la encuesta, porque lo que cambió fue la forma de hacer las mismas preguntas que siempre se han hecho. Con ello buscó profundizar sobre las respuestas de los más pobres para conocer si estaban dejando información fuera, al considerar su nivel de ingreso real.

Lo que sí es claro es que el Inegi falló, pues debió haber agregado, en su caso, las nuevas preguntas de profundización sin modificar las previas, para mantener la posibilidad de comparar los datos históricos.

Pero el problema es más de fondo. En México la discusión sobre la pobreza tiene una marcada tendencia a politizarse y sobreideologizarse. Más allá de la búsqueda de una medición adecuada, o bien se pretende magnificar el problema como una crítica al sistema económico imperante o al gobierno en turno o, por el contrario, se busca reducir su alcance como una suerte de reivindicación de las políticas sociales implementadas, también, por el gobierno en turno.

El Coneval en México intentó, de forma que en principio suena adecuada, establecer una medición de la pobreza más amplia, con un enfoque multidimensional . Ello, que académicamente puede ser relevante, en la práctica resulta extremadamente complejo y confuso y genera una medición que dificulta su vinculación con el diseño de políticas públicas específicas para atenderla. Una máxima de administración establece que si todo es importante, nada es importante ; esa misma lógica pudiese aplicarse al tema de la pobreza. Si somos incapaces de tener una medición puntual acerca de quiénes son realmente los más pobres y que requieren atención puntual, entonces los esfuerzos se diluyen y poco se avanza.

El año pasado, a unos días de haber recibido el Premio Nobel de Economía, Angus Deaton, probablemente el mayor especialista en medición de la pobreza a nivel mundial, declaró en relación con la medición de la pobreza en América Latina que era indispensable mejorar la calidad de los datos y modificar los esquemas de medición, poner el foco no en el ingreso sino en los patrones de consumo, metodología que ha mostrado ser más eficaz en países como la India. Incluso, criticó las mediciones de organismos internacionales, que, a su juicio, revelaban el poco conocimiento que tenían de la pobreza en América Latina.

El propio Deaton enfatizó en un artículo publicado en el 2005 que cuando los hogares de mayor ingreso tienden a cooperar poco en las encuestas (como ocurre en México), se subestima la media de consumo y se sobreestima la proporción de personas en pobreza, además de que se mide mal el nivel de desigualdad.

Y siendo la pobreza y la desigualdad dos enormes lastres para el desarrollo económico de nuestra sociedad, que afectan la posibilidad de desarrollo y riqueza de las familias, es vital que, más que discusiones, avancemos en reconocer y medir el problema para atacarlo efectivamente, sin importar quién se cuelgue la medalla por ello.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y director general de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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