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El daño de comprar un producto financiero a ciegas
Elegir un producto de inversión sin conocerlo es casi como ir a la farmacia y pedir una pastilla sin ni siquiera saber para qué nos puede servir, desafortunadamente, muchas de las pérdidas de capital se dan por el desconocimiento que tienen las personas y no porque las compañías actúen de mala fe.
Todos hemos escuchado hablar de personas que han tenido una mala experiencia en productos y servicios financieros. No es difícil escuchar a alguien que se queje de que el banco tomó de su quincena sin autorización o de que una compañía de seguros no le quiso pagar lo que valía su automóvil.
Desafortunadamente, muchas de estas situaciones se dan por desconocimiento y no porque las compañías actúen de mala fe.
En materia de inversiones, recuerdo una persona que llegó a una institución financiera, para invertir su dinero en el fondo que ha dado los mejores rendimientos y que estaba anunciado en el periódico.
Esa persona firmó todos los documentos sin leerlos y depositó su dinero en él.
Al cabo de algunas semanas, se dio cuenta de que tenía menos dinero y comenzó a quejarse de que la institución financiera le estaba quitando dinero. O, en el mejor de los casos: Nunca me dijeron que ese fondo tenía riesgo .
En realidad, había invertido en un fondo cuya cartera estaba compuesta por acciones de la Bolsa Mexicana de Valores, y dichos movimientos son naturales.
La institución financiera no lo engañó (él firmó todos los papeles en los cuales se especifican claramente los parámetros de inversión de ese fondo).
La institución tampoco está manejando mal sus inversiones: simplemente, el fondo que ha elegido está respondiendo a los movimientos naturales del mercado accionario.
Lea siempre a fondo los contratos
En materia de seguros, sucede exactamente lo mismo. Muchas personas comparan exclusivamente el costo, sin darse cuenta de lo que están comprando.
Hace poco, me escribió un lector, muy indignado porque su esposa lamentablemente acababa de fallecer a causa de una enfermedad que, a su vez, le provocó un paro cardiaco y la compañía de seguros no le quería pagar. El señor se quejaba de que el seguro de su esposa cubría muerte accidental y, consultando con varios doctores, le habían dicho que no es común que esa enfermedad provoque un paro cardiaco, por lo cual en su caso era un accidente . Le pregunté si había leído la póliza y me respondió que no, pero que de todas maneras no era justo.
Le dije que me escribiera la definición de accidente que venía incluida en las condiciones de la misma, porque ahí se definía claramente lo que el contrato cubría.
Ya no me contestó, imagino que finalmente se dio cuenta de que ese evento no estaba cubierto por su seguro.
Cuide su dinero
Desafortunadamente, historias como éstas son muy comunes, simplemente porque como consumidores no supimos lo que estábamos comprando.
Es casi como ir a la farmacia y pedir una pastilla. ¿Qué tipo de medicamento? El que sea, sólo déme una pastilla.
A lo mejor le dan una para el dolor de cabeza cuando la persona tenía un fuerte dolor estomacal. O comprar una camisa sin saber la talla, el precio ni el color, es decir, totalmente a ciegas.
Pero en este caso es mucho peor, ya que se trata de nuestro dinero, que tanto nos cuesta ganar. Es nuestra responsabilidad por lo menos saber en dónde lo estamos poniendo. ¿No cree?
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