La filantropía en México ha cambiado de paradigma.

Hoy reconoce el talento y la creatividad de todas las personas, independientemente de su condición social, y busca facilitar el autoaprendizaje y las herramientas para empoderarlas y que sean gestoras de su propio desarrollo y el de sus comunidades.

Así ha trabajado más de 10 años la Fundación Pepsico México, comenta Olga González, gerente de Sustentabilidad de la empresa: Promoviendo el desarrollo sustentable en las comunidades más necesitadas de las regiones en las que opera, por medio de alianzas que integran los ámbitos de educación, salud y medio ambiente .

A partir del cambio de modelo asistencialista a uno de intervención social en proyectos de largo plazo y de incidencia comunitaria, Fundación Pepsico diseñó una Convocatoria anual para el Desarrollo Humano y la Sustentabilidad, desde el 2012, a la que invita a organizaciones de la sociedad civil a presentar proyectos de desarrollo comunitario, al tiempo que apoya proyectos que benefician a los jóvenes, detalla González.

Por medio de esta convocatoria, la fundación otorga a dos organizaciones por año 6 millones de pesos, suministrados a lo largo de un periodo de cuatro años. A la fecha, la Fundación Pepsico México ha logrado invertir 60 millones de pesos en 10 proyectos comunitarios en Chihuahua, San Luis Potosí, Guerrero, Jalisco, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y el Estado de México.

Este año se está graduando la primera generación de esta serie de proyectos de inversión social a largo plazo: Fundación Pro Zona Mazahua, ganadora de la primera convocatoria con el proyecto Desarrollo integral sustentable de 10 comunidades otomíes del municipio de Acambay , en el Estado de México.

Olga González cuenta que lo que Fundación Pepsico hizo fue tenderle una mano a una organización que venía trabajando desde 1997 y, mediante el fortalecimiento de la organización social y desarrollando acciones en los ámbitos social-humano, económico-productivo, físico-ambiental y cívico-cultural, como ejes de desarrollo integral, se fueron atendiendo los problemas de raíz.

En estas 10 comunidades del municipio de Acambay, la participación de la gente fue fundamental, recuerda González, porque ellos identificaron sus necesidades, priorizaron las soluciones y decidieron qué proyecto iban a desarrollar en su comunidad. Así, por ejemplo, en algunos lugares con escasez de agua se impulsó un programa de captación y abastecimiento; en otros, la creación de invernaderos, gallineros y microtúneles para el cultivo del nopal, hortalizas, huevos y pollos; en algunos pueblos más se instalaron estufas ahorradoras, con las cuales se ha reducido la tala de árboles y el padecimiento de enfermedades respiratorias en las familias.

Estas acciones, acompañadas de un proceso educativo, han permitido a 3,315 habitantes de la zona mazahua ir más allá del pan para hoy . Ahora esas comunidades pueden mirar un futuro más sustentable: tan elemental como tener agua limpia, producir y preparar sus propios alimentos e incluso comercializarlos en la misma zona, señala González.

Pero fue un trabajo de la comunidad , insiste Olga, lo que Fundación Pepsico hizo fue que a partir de que las comunidades identificaron sus necesidades, se desató un proceso para generar capacidades de acceso a todas estas posibilidades . En total, se echaron a andar 219 proyectos, que fueron un laboratorio de aprendizaje para más de 370 familias.

Como fue el caso de la Fundación Pro Zona Mazahua, que este año cierra su procesos de acompañamiento con Pepsico, otros procesos de empoderamiento social similares están en marcha en La Sierra Tarahumara de Chihuahua; en la comunidad huasteca Tanlajás de San Luis Potosí; en la Montaña de Guerrero; en la Sierra Huichol de Jalisco, entre otras.

En estos procesos, Fundación Pepsico contó con alianza estratégicas y el donativo de más de 80% de sus empleados en México; con 100 grupos de apoyo voluntario que se vinculan directamente a las comunidades en busca de la sustentabilidad.

Twitter: PacoDeAnda_C