Pasada la tensión que dejó el cese de la comercialización de granos por 72 horas en respuesta al cepo a las exportaciones de maíz, el Gobierno argentino y los representantes de los productores agropecuarios volvieron a la mesa de negociación la semana pasada para encontrar una salida consensuada a la creciente presión alcista de los alimentos como producto de la suba de costos en la producción y la tensión hacia el vuelco de la cosecha a la exportación, ante los precios récord en las plazas del exterior.

En las mesas sectoriales de maíz y trigo, los ministerios de Agricultura y de Desarrollo Productivo, encabezados por Luis Basterra y Matías Kulfas, respectivamente, acercaron la posibilidad de facilitar el acceso al crédito para los pequeños y medianos productores mediante el otorgamiento de garantías totales o parciales en respaldo de créditos otorgados por entidades financieras para aquellos que demandan trigo y maíz en el mercado local, como insumos para la cría de ganado o la elaboración de alimentos.

Estos préstamos a conceder por bancos públicos y privados estarían respaldados por el Fondo de Garantías Argentino (Fogar), de manera que los productores no tengan que trasladar directamente eventuales saltos en sus costos de producción a los precios finales y puedan sortear con más espalda esos desajustes.

El corazón de la propuesta apunta a los criadores de ganado y los molinos de trigo, para atacar la suba de precios en el mostrador de la carne y el pan. Asimismo, el Gobierno viene demandando a cada sector un panorama exhaustivo sobre la demanda de granos para trabajar con los productores primarios y asegurar precios y cantidades.

Por caso, la industria avícola reportó haber superado las dificultades de corto plazo, y los molinos creen poder sortear la situación a la brevedad.