En el 2015, los estados del mundo enviaban un fuerte mensaje al firmar el acuerdo climático de París en la COP21, pero la batalla contra el cambio climático está lejos de terminar. Quedan por definir medidas concretas del compromiso de los países signatarios. Ésa es la ambición de la COP24, que se desarrolla del 3 al 14 de diciembre en Katowice, Polonia. Pero sería un error pensar que los estados, solos, podrán contener el calentamiento global.

El último informe de los científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) es inequívoco: para limitar nuestro impacto climático, todos debemos comprometernos a lograr “cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”.

Para las empresas se trata de un deber moral, de una urgencia absoluta, pero también de una gran oportunidad para repensar sus modelos de negocio y su lugar en la sociedad. En Estados Unidos, muchos actores económicos lo han comprendido y están asumiendo el liderazgo climático tras la decisión de la administración norteamericana de retirarse del acuerdo de París. Lo demuestra el compromiso del ex-alcalde de Nueva York y multimillonario Michael Bloomberg, que promueve la innovación financiera baja en carbono en los mercados bursátiles de Wall Street.

Pero si bien en los últimos años ciertas empresas a nivel mundial lideran los esfuerzos, ya sea apoyadas por los gobiernos locales o contra viento y marea, combinando ganancias y respeto por el medio ambiente, es necesario ir más lejos. Ellas deben convertirse en la punta de lanza del big bang ecológico para acelerar soluciones concretas que existen en el mundo e invertir la curva de emisiones de gases de efecto invernadero.

Concretamente, para limitar las consecuencias devastadoras del cambio climático y garantizar condiciones de vida sostenibles para las diferentes especies, seres humanos incluidos, debemos reducir antes del 2030 las emisiones de CO2 a 45% por debajo de los niveles del 2010, y alcanzar la neutralidad de carbono para el 2050. En otras palabras, cada gramo de CO2 liberado a la atmósfera tendrá que ser compensado escrupulosamente a través de prácticas respetuosas del medio ambiente.

No es una misión imposible, según los científicos del IPCC, algunos tipos de medidas necesarias para limitar el calentamiento a 1.5°C ya están funcionando, pero es necesario incrementar sus ambiciones y acelerar el ritmo de su implementación. 

El despliegue y la amplificación de soluciones tecnológicas eficaces es claramente un primer paso, pero el desafío para las empresas es aún mayor: deben crear valor y empleos sin incitar al consumo excesivo, dado que sin una gestión adecuada de los recursos naturales —en particular de los metales raros—, el Banco Mundial alerta: “Un futuro de tecnología verde (...) podría contradecir (...) los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Por este motivo, El Economista se asocia el 3 de diciembre, y durante las dos semanas de la COP24, con Sparknews y otros 19 importantes periódicos económicos de todo el mundo, para la operación editorial Solutions&Co, a fin de explorar estas soluciones que reconcilian la ecología y la economía a nivel global. Su réplica a gran escala puede contribuir ampliamente en alcanzar los objetivos establecidos por los científicos para limitar el impacto del cambio climático. Ustedes, lectores, ciudadanos, líderes, también pueden ayudar a amplificar estas soluciones para que la economía del mañana sea verdaderamente sostenible. 

Christian de Boisredon es Fundador de Sparknews & Ashoka Fellow, Mathilde Imer (Jefa de proyecto Solutions&Co) y el equipo de Sparknews.