Los bancos centrales de economías emergentes como México enfrentan mayores desafíos ante el riesgo de una mayor duración en la inflación, advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Al prolongarse la pandemia con el descubrimiento de la nueva variante de Covid-19, Ómicron, se corre el riesgo de mayor presión en los cuellos de botella de los canales de producción mundiales, mayores incrementos en precios de transporte y un impacto negativo en las expectativas de inflación, explicaron expertos del Fondo Monetario.

Y como los bancos centrales emergentes tienen mayor riesgo de un desanclaje de expectativas de inflación, el llamado de los expertos del FMI es de mayor cautela.

Al interior de un análisis, liderado por los consejeros económico y monetario del Fondo, Gita Gopinath y Tobías Adrián resaltaron que “esta incertidumbre tendrá consecuencias particularmente negativas para los hogares y países de bajos ingresos, donde alrededor de 40% del gasto se dirige al consumo de alimentos”.

Argumentaron que el desanclaje de expectativas es mucho más probable en los mercados emergentes porque en estos países, “los agentes económicos ven la necesidad de adelantarse a las presiones inflacionarias”.

Ejemplificaron con los casos de Brasil y Rusia, para explicar que esos bancos centrales han elevado drásticamente las tasas de interés en medio de grandes déficits de producción relacionados con el Covid-19, en movimientos que podrían tener repercusiones en la recuperación económica al reducir aún más la producción y el empleo.

Brasil es el líder emergente en las alzas de tasas con incrementos de 500 puntos base desde marzo, mientras Rusia completó un aumento acumulado de 300 puntos también desde el mismo mes.

En el análisis, titulado “Abordar las presiones de inflación en medio de una pandemia persistente”, sugirieron a las autoridades monetarias “permanecer ágiles para actuar en función de los datos y tendencias y mantenerse listos para ajustar el rumbo de las políticas de ser necesario”.

Sobre todo al resaltar que la presión inflacionaria es generalizada en el mundo, pero el ritmo de la recuperación entre economías avanzadas y emergentes hace una gran diferencia en la necesaria normalización de la política monetaria.

Más presión inflacionaria

“Esta incertidumbre por la nueva variante Ómicron, puede afectar las expectativas de inflación sobre todo al presentarse en un contexto donde los países emergentes enfrentan una inflación muy por encima de sus objetivos de política monetaria”, refirieron.

Resaltaron que aún es temprano para conocer el impacto de la nueva variante en la pandemia, pero el diagnóstico previo, era que el próximo año disminuirán los desequilibrios entre la oferta y la demanda mundial que se produjeron en el 2020 y parte de este año.

El riesgo es una lectura parcial de esta situación, pues  “el enfoque de la política monetaria para respaldar la recuperación puede impulsar las presiones inflacionarias persistentes”.

Esto si los bancos centrales, particularmente de economías avanzadas mantienen la tasa cercana a cero.

El caso para los emergentes es de mayor riesgo al ser más vulnerables por las presiones salariales, la menor participación de la fuerza laboral y la reducción de su poder adquisitivo.

Tarea para emergentes

A principios de este año, cuando la inflación repuntó bruscamente fue impulsada por niveles excepcionalmente altos en algunos sectores como la energía y el automotriz, muchos de los cuales se esperaba que se revirtieran para fines del año a medida que disminuyeron las perturbaciones relacionadas con la pandemia.

“Los bancos centrales que cuentan con un largo historial de inflación baja y estable podrían analizar adecuadamente el aumento de la inflación y mantener bajas las tasas de interés para respaldar la recuperación económica”.

Sin embargo, los expertos del FMI dijeron que se están materializando los riesgos de una mayor aceleración de la inflación con interrupciones en el suministro y una demanda elevada que durará más de lo esperado. Esto, además del impacto que sí tendrá en los emergentes la aceleración de la normalización de la política monetaria de las economías avanzadas que recomienda el FMI.

En resumen, “los formuladores de políticas (los bancos centrales) deben calibrar cuidadosamente su respuesta a los datos. Las diferentes condiciones de inflación y la solidez de la recuperación entre países muestran por qué la respuesta de la política monetaria debe adaptarse a las circunstancias específicas de cada país, dada la incertidumbre asociada con Ómicron”.

ymorales@eleconomista.com.mx