El campo, sector fundamental para el desarrollo de los países del primer mundo, es el área económica que permite disminuir la dependencia de las importaciones, pero, sobre todo, es un simple e integral esquema para la generación de empleos.

Uno de los principales preceptos, de la tan nombrada y a su vez desgastada Revolución Mexicana, tenía que ver con el reparto agrario con la fiel intención del desarrollo del sector.

Hace casi medio siglo con la existencia, o más bien inexistencia, de la Secretaría de la Reforma Agraria, hoy denominada Sagarpa, se pretendió dar certeza al campo mexicano dentro del marco productivo del país; sin embargo, las dos dependencias federales, además de convertirse en un gran centro de costos para los contribuyentes, se han encargado de que el área agropecuaria más que existir, subsista.

El campo necesita una verdadera reforma, entre fideicomisos, créditos y promesas, más bien, parece que seguiremos siendo un país de dependencia extranjera en lo que a insumos básicos se refiere y continuaremos en el plano de las entidades maquiladoras. Dentro del Plan Nacional de Desarrollo no hay cabida clara y profunda para esquematizar un verdadero futuro para el campo en México.

Una Financiera Rural, supuestamente autosustentable, se ha convertido más bien en un centro de cobranza que de desarrollo.

Vive en un embrollo producto de créditos mal otorgados los pocos colocados, rebasada por la burocracia y por la poca innovación en los productos financieros que ofrece. ¿Qué será de esta dependencia si pasados los años, se vuelven incapaces de recuperar la cartera? O más bien, ¿quién será responsable de continuar apoyando a un sector tan castigado?

La realidad es que se trata de innovar, la simpleza de los apoyos al campo se ha convertido más bien en la complejidad del problema, cartera vencida, hoy cartera incobrable, no permite mover con mayor velocidad los recursos. La culpa siempre es atribuible al deudor, cuando ésta debería ser totalmente compartida.

Por conmemoración de los logros de antaño, las dependencias federales no podrán desaparecer, pero en el fondo lo que podría terminar siendo más lamentable en todo esto es la supresión de una parte o de totalidad de los fondos destinados al campo.

Dos tipos de créditos y cientos de variantes, ya sean de avío o refaccionarios, necesitan un extra. El apoyo tecnológico, mercados sin intermediarios y condiciones de verdadera competencia harán del campo mexicano la base del desarrollo del país.

*El MF Ricardo Gutiérrez es director de la Carrera de Contaduría Pública y Finanzas del Tecnológico de Monterrey campus Toluca. [email protected]