Washington, DC. Las constantes y consistentes inyecciones de dólares que ha conducido la Reserva Federal (Fed) en el mercado desde el 17 de septiembre complementan la política de recortes de tasas que inició el banco central para estimular el gasto y la economía de Estados Unidos, advirtió Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés). Ambas herramientas tienen el mismo objetivo: estimular la economía.

“La Fed no quiere llamarle quantitative easing (QE), pero aquí decimos que, si tiene orejas, se mueve como perro y ladra como un perro, no importa el nombre que le pongas, tú sabes lo que es”, sostuvo.

Entrevistado por El Economista, en el marco de la reunión anual del IIF, explicó que, aun concediendo que no se trata de una nueva versión del QE, la herramienta utilizada por la Fed tras la crisis mundial, funciona para estimular la economía, pues tiene el objetivo de asegurar que hay dinero suficiente para gastar e invertir. 

En aquellos años funcionó como un complemento para los recortes explícitos de las tasas, y al parecer se puede repetir la fórmula, comentó.

Tal como sucedió en el periodo de expansión cuantitativa, entre el 2009 y el 2013, se puede prever que esta liquidez buscará dónde alojarse, y podría pensarse que habrá una llegada de capitales hacia mercados y activos con mayores rendimientos.

Pero el resultado podría no ser similar al de las primeras versiones. “Hemos estado cuatro o cinco años con liquidez extrema en el mercado, y ahora llegan también el Banco de Japón y el Banco Central Europeo a utilizar la misma herramienta. Podría ser que los inversionistas ya estén sobreposicionados y busquen otro tipo de activos”, consignó.

“Hoy quieren hacer lo mismo, bajar la percepción de riesgo que sí ha aumentado, y quieren empujar a los agentes financieros a tomar activos sin que la Fed asuma el riesgo”, añadió.

El economista del IIF recordó que, tras la crisis del 2009, el banco central de Estados Unidos era el que compraba los títulos de emisores corporativos no financieros y financieros, quedándose con los títulos en problemas de fondeo. Hoy, simplemente se trata de una inyección directa.