En febrero de 2020, durante la semana del Abierto Mexicano de Tenis (AMT), Raúl Zurutuza, director del torneo, recibió a El Economista en una oficina ubicada debajo del estadio principal del certamen. Le alegró que la conversación se llevara a cabo fuera de cámaras, pues mientras contestaba también se concentraba en la señal de televisión del Grand Stand que transmitía el juego de primera ronda de Renata Zarazúa contra la sembrada uno del torneo. Raúl no quería perder detalle de la historia que la mexicana estaba forjando.

“Lo que te puedo decir por (la relación con) su papá y además lo he visto, es una mujer terriblemente emprendedora, muy tenaz, tiene muy bien puestas sus metas. Tiene un entorno muy bueno en términos de la familia, su coach que es su hermano y eso sin duda alguna la ha ayudado mucho a salir adelante. Han sacrificado mucho, son una familia que le ha dedicado mucho a la carrera de Renata y ella ha respondido con creces”, dijo Zurutuza a este diario, tras la histórica participación de Renata en Roland Garros.

En su última participación en el AMT avanzó a la semifinal del torneo femenino, su mayor logro hasta ese momento. Una de sus grandes victorias fue contra Stephens. La mexicana ocupaba la posición 270 del ranking de la WTA mientras que la estadounidense el 35. Siete meses después, en los que se incluyeron cinco meses de pausa, Zarazúa escaló 92 posiciones y, tras superar la etapa de clasificación, se instaló en el cuadro principal de Roland Garros.

El camino al éxito de Renata comenzó mucho antes de sus logros de este 2020. Inició su carrera como profesional a los 13 años y Zurutuza considera que alcanzó la semifinal del torneo mexicano “después de demostrar a lo largo de muchos años que puede jugar un muy buen tenis”.

En diciembre de 2019, a través de un video en Youtube, Zarazúa compartió cómo se desarrollaba un día durante su pretemporada: Comienza a las 8:00 de la mañana en Palm Beach, donde reside, con entrenamiento en el gimnasio levantando peso e imitando los movimientos que el tenis implica. Dos horas más tarde sale a practicar a la pista; a las 12:00 toma un descanso de hora y media, para volver con más ejercicio físico al aire libre. A las 3:00 pm la tenista regresa a la cancha y termina su día con un paseo en la playa.

El mensaje que en aquella ocasión buscó dejar fue: “trabaja duro y disfruta lo que haces porque al final todo valdrá la pena”.

Habían pasado 12 años desde que un tenista mexicano no participaba de manera individual en un Grand Slam, 20 años de la aparición de una mujer mexicana en un torneo de dicha categoría y 59 años desde la última mujer en Roland Garros. Más allá de la primera ronda en el torneo francés, Renata Zarazúa venía de ser finalista en el torneo de la ITF en República Checa, donde cayó ante la croata Jona Cepelova. Es por ello que a sus 23 años Renata ha vuelto a ilusionar a la afición mexicana con sus logros.

“Estoy contenta porque he trabajado desde muy chiquita y antes no había tenido los resultados que esperaba. Hacer historia es un plus. Amo a México y que la gente de México me apoye. Ahí crecí. Me pone contenta motivar a la gente. Sé que es un país que siempre ha sido de mucho futbol y ahora espero que sea un poco más de tenis”, dijo Zarazúa.

El AMT fue parte del impulso a la carrera de Zarazúa, sin embargo, el director del torneo anunció el mes pasado que al no lograr renovar el contrato con la empresa Octagon, propietaria de la franquicia, en 2021 no habrá torneo WTA.

“Seguramente nos vamos a tardar un rato en volver a tener el torneo en Acapulco. El torneo con cualquier mexicano es importante, se ha ganado un lugar en la agenda del público y los jugadores. Va a cumplir 28 años, creo que en ese sentido tiene un valor por sí solo importante, en la medida de que haya más mexicanos es mejor para todos”.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx