Entrañables, extrañas, con formas que asemejan a animales, a personajes ficticios. Que toman formas humanas o también futuristas pero que, al final, tienen siempre el mismo objetivo: darle una identidad a los Juegos Olímpicos.

Son las mascotas que, desde su aparición oficial en la justa de Múnich 1972 con Waldi, un perro salchicha, se han convertido en uno de los símbolos olímpicos junto a los que surgieron originalmente con el movimiento deportivo mismo: el emblema de los cinco aros entrelazados y la llama olímpica.

Hoy, la importancia que tienen estos singulares personajes ha traspasado los límites que se pensaban.

Su trascendencia es tal que desde que es develada tres años antes del inicio de Juegos Olímpicos se convierte en la principal figura de identificación de la justa con la gente y la ciudad organizadora y en el principal protagonista de las ceremonias de apertura y clausura, así como la imagen de las marcas comerciales asociadas al COI y al Comité Organizador, quienes aprovechan su impacto para elevar las ganancias que se puedan obtener a través de la promoción y el marketing, así como la venta de productos.

Las funciones de una mascota

La evolución de las mascotas olímpicas ha sido proporcional al crecimiento de comercialización de los Juegos Olímpicos, pues ellas han sido pieza fundamental para acrecentar el negocio que significa la competencia cuatrienal.

De acuerdo con el trabajo Las mascotas en los Juegos de la Olimpiada, indispensables desde su aparición , de la profesora Sonia Domenech: La mascota cumple toda una serie de funciones diversas y complejas, como son la de representar un proyecto cultural y conseguir la máxima rentabilidad comercial.

La mascota permite alterar su función emblemática de los Juegos Olímpicos con una serie de funciones representativas de los distintos deportes olímpicos y también publicitarias , explica Domenech en su documento.

Misha y Cobi, los de más éxito en JO

Sin embargo, el proyecto comercial que representa la mascota no siempre ha sido un éxito para los comités organizadores. Según datos del Comité Olímpico Internacional, dos mascotas han sido las más populares y rentables: Misha, el simpático osito de Moscú 1980 y Cobi, el perro ovejero de Barcelona 1992.

Misha fue la primera mascota de un evento deportivo que alcanzó un gran éxito comercial y mercadológico. Tuvo su propia serie de televisión, además de aparecer en cientos de productos que fueron vendidos en todo el orbe.

En tanto, Cobi es, según el COI, la mascota más rentable de unos Juegos hasta hoy. Aunque al principio el emblema no tuvo una aceptación, al final, el diseño creado por Javier Mariscal fue reproducido en 600 objetos por 61 empresas autorizadas, generó un volumen comercial de unos 240.4 millones de euros y unos ingresos para el Comité Organizador de Barcelona 92 de unos 90.1 millones de euros.

Tanto el logotipo como la mascota de Barcelona 92 fueron registrados para 42 categorías de artículos, que fueron desde productos industriales hasta servicios bancarios, pasando por tarjetas de crédito o agencias de viajes.

Representan poco más de 20% de ganancias para el COI

De acuerdo con Domenech, los ingresos que generan las mascotas son generosas para el COI. La reproducción de su imagen en todo tipo de productos representa al menos 20% de las ganancias que ingresan al COI en el rubro de sponsors y licencias.

Según el reporte de marketing de Beijing 2008, las ganancias en este rubro para el Comité Organizador fueron de 100 millones de dólares.

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