Aunque la FIFA amenazó a México con detener y hasta quitarle puntos si sus hinchas continuaban con un grito antigay en la reciente Copa Confederaciones, el presidente de la liga mexicana afirmó que no contemplan medidas similares para los partidos del torneo Apertura que comienza el fin de semana.

Enrique Bonilla dijo que no considera discriminatorio el grito popularizado por los mexicanos y adoptado en otros estadios de Latinoamérica.

Sólo en caso extremo y si se considera que es realmente ofensivo el grito, entonces el árbitro sí está facultado para poder detener el partido , dijo Bonilla en una entrevista con The Associated Press.

Durante la Confederaciones en Rusia, la FIFA advirtió que sería más estricta para aplicar el reglamento y eliminar el grito, que los fans mexicanos corean cuando el portero del equipo rival realiza un saque de meta. El grito se escuchó en el primer encuentro del Tri ante Portugal y volvió con fuerza en la Copa de Oro que México disputó en Estados Unidos.

Bonilla no entró en detalles sobre lo que se consideraría suficientemente ofensivo como para detener un encuentro.

Para esta temporada lo que buscaremos es que la afición entienda que para ciertas personas es ofensivo, aunque para otras sea una broma y una forma de divertirse. Pero vamos a tratar de que la gente se divierta sin afectar a nadie , añadió el dirigente.

La expresión le ha costado a México ocho multas económicas por parte de la FIFA. Los dirigentes locales apelaron ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) alegando el mismo argumento que esgrime Bonilla.

En el Mundial del 2014, la Comisión Disciplinaria de la FIFA investigó el grito y optó por no sancionar a México por considerar que el grito no es insultante en ese contexto específico , pero después reculó y comenzó a castigar a la federación cuando el cántico se escuchó en partidos por la eliminatoria mundialista para Rusia 2018.

Desde hace tres años, el reglamento de la liga mexicana contiene un protocolo similar al que se aplicó en la Confederaciones, que contempla la posibilidad de detener un encuentro por hasta 10 minutos si el árbitro o comisario del encuentro se percata de conductas racistas o discriminatorias y si los comportamientos persisten, se desalojaría el estadio y se completará el partido.