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Gustavo Ayón, el dueño del show ante Hornets

Pese a perder 85-80 ante Nueva Orleans, el mexicano fue vitoreado junto con Magic de Orlando en la visita de la NBA a México.

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Al anfitrión se le alabó todo en su atmósfera: en Gustavo Ayón, cada inhalación y exhalación en la zona de tiros libres fueron proclives a devoción. Siempre que el nayarita tomó la pelota para intentar atacar hacia el aro o defender la ofensiva adversaria, el delantero centro de Orlando generó la mayor expectación en un público leal que ahora tiene a un nuevo ídolo y equipo a quien admirar, y que en la Arena de la Ciudad de México presenció la victoria de New Orleans Hornets 85-80 sobre Magic, en el duelo de pretemporada 2012 de la NBA.

Y Ayón era el dueño del show y como tal se le perdonó anotar en su propia canasta luego de intentar recuperar un rebote.

Incrementó los decibeles a través de su actitud en la cancha que se valoró más allá de sus 12 puntos y seis rebotes. Su disposición era respaldada en haber sido quien más minutos participó en todo el partido.

Sus minutos los ganó con codicia, fiereza y boca semiabierta para después expresar una mirada aguda tras la bola entre el rechinido de tenis y sonidos de contacto entre jugadores sobre la superficie de madera. El nayarita se brindó en la refriega física por medio de manoteos, empellones y valentía para aguantar embestidas que resultaron en faltas a su favor.

Ayón, quien en la presentación de los equipos no ocultó su fe religiosa y crecido en ánimo por el aliciente de su tierra y gente, peleó por el protagonismo a costa de cualquier marcador, compitiendo con adversarios de más peso corporal o con elementos que se estrenarán este año 2012 como la primer ronda del draft, Anthony Davis, y con quien el exmilitante de Fuenlabrada sostuvo duelos personales.

Restaban 47 segundos, aún con la inminente derrota, la exaltación del público despidió con sublime ovación al atleta de 2.08 metros, cuyos brazos de mayor volumen denotan disciplina con respecto a su llegada a la Liga estadounidense a principios de este año.

El Titán secó el sudor de su frente y ojos con su jersey (el que después arrojaría a la tribuna que estaba camino a los vestidores) y La Magia cautivó más aficionados, esos que a través de sus jerseys recuerdan la década de los 90 y el subcampeonato de 1995 con Hardaway, O’Neal y Anderson. Ayer asistieron 18,133 personas al juego.

diego.fragoso@eleconomista.mx

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