Johannesburgo. Eslovaquia fue más italiana que Italia y el fracaso del Mundial de Sudáfrica ya tiene nombre. A la contra y con una muralla atrás, los eslovacos aplicaron el más puro estilo de la azurra para despachar al campeón por 3-2, mientras que Paraguay empató a ceros con Nueva Zelanda y avanzó como líder.

Dos goles legítimos y anulados incorrectamente por el inglés Howard Webb, le hicieron más fáciles las cosas a los eslovacos para avanzar.

Cannavaro, el modelo de Armani, perdió el estilo y rompió en llanto como un chiquillo junto a su compañero Chiellini a quien se le rompía la quijada del dolor. El campeón salió confiado de su propia historia, la que no le liquidaba en la primera ronda desde Alemania 74.

La plantilla de Eslovaquia no tiene figuras. El futbolista mejor posicionado es Martin Skrtel, juega en el Liverpool. Luego, equipos de clase media. Ayer el capo que liquidó a Italia se llama Robert Vittek, jugador del modesto Ankaragucu de Turquía, que hace unos años peleaba la permanencia.

Vittek, quien disputa el título de goleo del Mundial con sus tres dianas, aprovechó un pase filtrado y luego un servicio al área. A los minutos 25 y 75 se empezó a tejer la proeza.

Italia entregó el partido donde son los Corleone del futbol, en la defensa. El primero, una falla en la cobertura de Cannavaro, el segundo una anticipación a Chiellini y el tercero, un gol que nació de un saque de banda.

Luego, con tantos de Di Natale al 81 y Quagliarella al 92 buscaron darle vida a una Italia que mostró una confianza excesiva que terminó por liquidarlos.

Lippi y su generación campeona llegaron a su fin. Fue decadente. Cannavaro dejando espacios y en el piso casi todo el tiempo, Gatusso superado en el músculo que era su mejor arma y Zambrotta sin imaginación. Eslovaquia llegó el 9 de junio a Johannesburgo. Fue de las últimas selecciones en llegar a Sudáfrica. Viajó en un avión de Air France.

Ayer este equipo de gitanos escribió una de las historias con más epopeya. Sudáfrica es el sitio de los imposibles. Y ayer la tetracampeona Italia tuvo que clavar la mirada al piso e irse por el túnel para no volver a saltar más a la cancha en este Mundial.