En medio de la caravana es uno más. No es necesario un séquito de guaruras propios sólo de la realeza, a la que él pertenece, para pasear por las dunas. Nasser Al Attiyah se abre paso solo, sonriendo.

Es un príncipe. Al menos así lo indican sus raíces, pues es primo directo del emir de Qatar, el jeque Hamad bin Jalifa al Thani; sin embargo, no se le da la pose de divo. Es millonario, pero su fama no se basa solamente en su dinero o en su dinastía. El catarí logró el reconocimiento internacional cuando el 15 de enero del 2011 se adjudicó la victoria final del Dakar, al imponerse al sudafricano Giniel de Villiers y al español Carlos Sainz, sus compañeros de equipo.

Sin embargo, Al Attiyah era ya un viejo conocido en el mundo del rally. El príncipe se inició en las competencias automovilísticas en 1989, con tan sólo 19 años. Inició participando en rallies de su país, primero como copiloto, a la segunda carrera hice de piloto. No se me dio mal y decidí probar , ha reconocido en algunas entrevistas.

No obstante, la falta de apoyo por parte de la Federación Automovilística de su país, dirigida por una familia rival de los Al Attiyah le impidió desarrollar su talento, y quizá por ello en 1995 detuvo su carrera como piloto y optó por otra de sus pasiones: el tiro deportivo.

Los rallies me han ayudado mucho en el tiro, ambos deportes se basan en la confianza y en la concentración. En los rallies, si cometes un error, te saldrás de la pista y chocarás (...) pero, si no lo haces, lograrás buenos tiempos; en el tiro, si no cometes errores, conseguirás una buena puntuación , explica.

Aunque Nasser asegura que el tiro es sólo un hobby, este deporte también le ha incrementado su palmarés. Debutó en los campeonatos asiáticos celebrados en Yakarta en 1995, donde logró la medalla de plata y la clasificación para los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, donde llegó a la final.

Ha conseguido las medallas de oro de los Campeonatos Asiáticos de Bangkok 2001, Singapore 2006 y Doha 2012; además de la de plata en los de Delhi 2003 y la de bronce en los juegos asiáticos de Guanzú 2010.

Participó de nuevo en Sidney 2000, donde fue sexto; en Atenas 2004, culminó cuarto; en Beijing 2008 fue el lugar 15 y en Londres 2012, donde por fin logró el bronce.

Pero si una competencia le viene bien esa es llamada Dakar. El catarí ha participado todas las ediciones de esta prueba desde el 2004, se ubicó segundo en el 2010 y en el 2011 se llevó el triunfo. Hoy lidera la competencia.

Y aun siendo un príncipe, el catarí no olvida su lado humano. Aunque parece un playboy con su sonrisa franca, su piel morena y una simpatía innata, es uno de los más comprometidos con las causas nobles.

Forma parte del Comité Olímpico de su país, promueve eventos deportivos, fue parte del apoyo para la obtención del Mundial de Qatar en el 2022; es embajador de la Oficina de Drogas y Crímen de las Naciones Unidas (UNODC) desde el 2006 y además, colabora con la organización Qatar Foundation, la misma que patrocina al FC Barcelona.

La muestra más fehaciente de su sencillez se dio en el Dakar 2011, cuando al pasar por Iquique, en Chile, vio una bandera catarí entre la multitud y le pidió al portador que se acercara para saludarlo. El hombre se llamaba Orlando, un ferviente admirador de Nasser, quien en señal de agradecimiento por el gesto, le invitó a Qatar... así, sencillamente, es el líder del Dakar 2015.