Ronaldinho, Rivaldo y Ronaldo. Cafú, Roberto Carlos y Dida. No había excepciones. Todos los seleccionados brasileños que participaban en la Copa del Mundo de Corea-Japón 2002 bajaban entre 4 de la tarde y 8 de la noche a los pasillos de los hoteles donde el representativo se concentraba. La merienda, como se le conocía, era más que comer un bocadillo.

Luiz Felipe Scolari impulsó la costumbre. El entrenador de ese seleccionado reunía a sus jugadores para platicar con ellos. Edmílson (São Paulo, Brasil; 1976), miembro de esa plantilla campeona del mundo y ahora embajador del banco Scotiabank y del FC Barcelona, recuerda que se acercaba con ellos para contarles historias sobre las hazañas y tragedias en los mundiales. Pero también había espacio para hablar sobre otros temas, como la situación económica de Brasil, las injusticias sociales y la política. El exzaguero cree que esa conciencia social del futbolista brasileño —que vivió su mejor momento durante la democracia corinthiana impulsada por Sócrates en los 80— ha desaparecido.

—¿Por qué cree que esa conciencia se ha perdido?

El tiempo que utilizan los futbolistas actuales en su celular nosotros lo ocupábamos para pensar en cuestiones de futbol, pero también en las problemáticas sociales.

Ahora es muy difícil que den una postura crítica sobre alguna situación, porque los departamentos de prensa los sobreprotegen. En el 2002 no pasaba esto, no teníamos teléfonos propios y ni siquiera existían las redes sociales.

Nosotros éramos los que buscábamos a los medios de comunicación, porque queríamos platicar con ellos. No necesariamente para dar entrevistas, sino para exteriorizar lo que sentíamos sobre algún tema.

Edmílson dice que encuentra coincidencias entre el contexto político de aquella selección del 2002 y la que disputará el Mundial de Rusia. En ambos casos, las elecciones presidenciales se realizarían en octubre. En la del 2002 ganó Luiz Inácio Lula da Silva, actualmente preso por un caso de corrupción.

—¿Qué papel juega la selección para el país?

Es un motivo de orgullo nacional para los brasileños, sería una alegría para el pueblo si logran un buen papel. Pero una buena actuación para nosotros no significa que avance a semifinales o a la final, sino que se reencuentre con el jogo bonito, el futbol vistoso que históricamente sabe practicar y que dejó de hacer en los últimos años.

—¿Con Tite, el seleccionador, se juega ese futbol?

El seleccionado se encuentra en un proceso para llegar a ese punto. Por lo pronto, Tite ayudó a que el equipo jugara más compacto en sus líneas y no tan separado como lo hacía cuando Dunga era el entrenador (2006-2010 y 2014-2016). Actualmente el equipo es muy organizado.

—¿Qué virtudes futbolísticas le ve a la plantilla?

Es unida y solidaria en los relevos defensivos, sobre todo cuando atacan los laterales. En ese caso, Paulinho y Fernandinho, los mediocampistas defensivos, los suplen para que el equipo no esté mal parado en un contraataque. La delantera es muy efectiva, versátil y llega en un buen momento individual, especialmente Douglas Costa, Roberto Firmino y Philippe Coutinho, en sus respectivos clubes. Neymar es un futbolista fuera de serie que le da un salto de calidad al equipo. Sin embargo, no creo que la selección esté lista para ganar el título.

—¿Por qué no tiene tantas expectativas?

Hay otros representativos más fuertes, que encontraron su estilo de juego hace 10 años o más, como España o Alemania. Pero si Brasil gana el título, tampoco sería descabellado por las virtudes antes mencionadas. El título llegaría en un momento inédito en la historia del país, en el que por primera vez los políticos y empresarios corruptos son encarcelados. Sería una coincidencia muy afortunada para el pueblo brasileño.

—¿El resultado de la selección en Rusia puede ser utilizado por algún candidato para impulsar su campaña?

Es poco probable y aunque lo hicieran la mayoría de la gente no caería en el engaño. En Brasil, no se tapa el proceso de democracia con un campeonato mundial. El pueblo cambió mucho. Es muy inteligente, sabe lo que quiere y en las elecciones próximas estará muy participativo. El país vive un proceso de cambio en los últimos cinco años que no se detiene o empaña con el desempeño de la canarinha. La huelga de los camioneros fue un ejemplo de ello.

—¿Qué sucedió?

El paro de labores duró 10 días y coincidió con el juicio de Petrobras que provocó que no se hablara casi nada de la Selección brasileña, pese a que estaba a menos de un mes de debutar en el Mundial. Las secciones deportivas sólo tenían dos páginas en los periódicos y en las calles se hablaba poco de ella. En la historia del país, eso jamás había sucedido.