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Menos horas de jornada laboral, ¿mayores desafíos?
La reducción de jornada laboral de 48 a 40 horas en México exigirá elevar la productividad, rediseñar procesos y transformar el liderazgo empresarial. La transición ofrece beneficios para el bienestar, pero también plantea retos operativos, financieros y culturales.

La transición ofrece beneficios para el bienestar, pero también plantea retos operativos, financieros y culturales.
A reserva de abordar un tema por demás comentado, considero importante revisitar el cambio gradual en la jornada de trabajo que iniciará en 2027; estamos a unas cuantas semanas de una de las transformaciones más significativas en materia laboral y productividad.
El ajuste a la jornada laboral pondrá a prueba la competitividad empresarial y nuestra capacidad de liderazgo organizacional para sostener acciones a favor de la calidad de vida/trabajo de los colaboradores.
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Ahora, el país se prepara para modificar una de las reglas más arraigadas de su economía basada en el tiempo que las personas dedican al empleo. Recuerdo como, al inicio de mi trayectoria profesional, entre más tiempo estuviese en el trabajo se me evaluaba como más productivo y comprometido. Con el cambio cultural que experimentamos, enorme y continuo, la perspectiva es otra y aunada a las iniciativas de bienestar, digitalización de procesos y/o rediseño del trabajo.
Trabajar menos, producir mejor: el dilema mexicano
La reforma constitucional ya conocida establece una reducción gradual de la jornada máxima semanal, de 48 a 40 horas, entre 2027 y 2030, sin disminución salarial; esquema en el que más de 13 millones de trabajadores podrían beneficiarse directamente.
Sin embargo, detrás de una conquista laboral aparentemente indiscutible, ¿puede una economía caracterizada por importantes brechas de productividad producir lo mismo, o incluso más, trabajando menos tiempo? La respuesta dependerá menos del calendario legislativo que de la capacidad de las empresas para transformar su manera de operar.
Reducir la jornada de 48 a 40 horas representa una disminución del 16.7% del tiempo disponible. Para conservar idéntica producción con la misma plantilla, una empresa que hoy utiliza las 48 horas necesitaría incrementar su productividad por hora aproximadamente 20%. La aritmética es sencilla pero la transformación organizacional, no… y en este último aspecto, es crucial la gestión del cambio para que los colaboradores adopten los nuevos modelos de trabajo.
Productividad, el auténtico examen
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que los resultados de las reducciones de jornada dependen del contexto económico, el diseño de las políticas y las medidas complementarias; es decir, que no existe una relación automática entre menos horas y mayor productividad.
Para México, el desafío consiste en eliminar actividades improductivas, automatizar procesos repetitivos y mejorar la coordinación entre equipos. En este escenario, claro está, la inteligencia artificial puede convertirse en un instrumento relevante, especialmente en funciones administrativas, comerciales y de análisis. ¿Será suficiente?
No obstante, digitalizar procesos ineficientes no los convierte necesariamente en eficientes. En todo caso, el salto productivo exige rediseñar el trabajo, establecer indicadores por resultados y abandonar la cultura que confunde presencia física con desempeño.
Trabajadores: el beneficio también implica responsabilidades
Para millones de colaboradores, cuando la jornada sea de 40 horas en el año 2030, recuperar ocho horas semanales significará disponer de más tiempo para descansar, convivir con sus familias, estudiar o atender responsabilidades personales. Es más, los beneficios potenciales trascienden el bienestar individual. Una mejor recuperación física y mental puede contribuir a reducir errores, agotamiento y ausentismo.
Sin embargo, las experiencias internacionales no permiten asegurar resultados idénticos para todos los sectores. Una revisión de 173 estudios publicada en la Revista Internacional del Trabajo identifica las responsabilidades familiares, el género y las jornadas actuales como factores relevantes para comprender las preferencias de tiempo laboral (Revista internacional del trabajo, Vol.143(1), pp.27-54).
Trabajar menos horas no debería significar hacerlo bajo mayor presión constante. La transformación exige corresponsabilidad donde las empresas diseñen mejores sistemas y los colaboradores se encuentren preparados para desempeñarse en ellos. De ahí, el por qué insisto en la adecuada gestión del cambio y en no asumir que todos los involucrados comprendemos a fondo el proceso, las implicaciones y sus beneficios. Comunicar e involucrar es fundamental para una transición gradual y exitosa.
Empresas: entre los costos y la transformación
Para las organizaciones, particularmente las pequeñas y medianas, reducir horas sin disminuir salarios representa un desafío financiero y operativo considerable. Los sectores que requieren cobertura continua (manufactura, comercio, transporte, hospitalidad y salud) enfrentarán mayores dificultades para reorganizar turnos, contratar personal adicional o incorporar tecnología.
El impacto será desigual pues una empresa de cierto tipo puede eliminar reuniones y automatizar tareas, mientras que una planta industrial, en cambio, difícilmente podrá sustituir determinadas horas de operación sin inversiones adicionales.
En tanto, Recursos Humanos deberá desempeñar un papel estratégico que consiste en dimensionar necesidades de personal, rediseñar puestos, revisar esquemas de compensación y desarrollar líderes capaces de gestionar por objetivos.
El desafío también es cultural. Los directivos acostumbrados a supervisar horarios deberán aprender a dirigir por resultados y las organizaciones tendrán que distinguir entre actividades que generan valor y aquellas que simplemente consumen tiempo. Por tanto, la reducción de jornada puede convertirse en una oportunidad para modernizar empresas que durante décadas han utilizado las horas adicionales como sustituto de la eficiencia.
Beneficios frente a retos
La reducción de la jornada laboral representa una oportunidad para mejorar el bienestar, fortalecer la atracción de talento y estimular la modernización productiva. En contraste, también implica riesgos como son mayores costos laborales, presiones operativas y posibles dificultades para las empresas menos preparadas. El balance dependerá, por lo menos en tres condiciones que incluyen la inversión tecnológica, el desarrollo de capacidades y el liderazgo organizacional.
La gradualidad ofrece tiempo para adaptarse, pero no garantiza resultados. Las empresas que esperen hasta 2030 para modificar sus procesos descubrirán que el problema nunca fue exclusivamente laboral.
Y para los líderes de Recursos Humanos, la prioridad será convertir una obligación normativa en una transformación del desempeño. Me quedo al final con una pregunta para reflexionar en serio: ¿seremos capaces de aprender, finalmente, a producir más valor con el mayor aprovechamiento del tiempo disponible?



