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Bistronomie

Lectura4:00 min

Valle de Guadalupe y Valle del Maule se unen en el vino binacional de Casillero del Diablo

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Caladoc y Touriga Nacional cultivadas en Baja California se encuentran con Malbec chileno en Fusión de Orígenes, un tinto con 52% de origen mexicano cuyo ensamblaje final se realiza en el Valle de Guadalupe.

Miriam Lira

Dos regiones separadas por miles de kilómetros terminan dentro de una misma botella. De un lado está el Valle de Guadalupe, en Baja California; del otro, el Valle del Maule, una de las zonas vitivinícolas históricas de Chile. El punto de encuentro es Fusión de Orígenes: México - Chile, el primer vino binacional desarrollado por Casillero del Diablo junto con la mexicana Tablas Taller Agrícola.

La particularidad no está únicamente en mezclar vino de dos países. La composición actual tiene mayor peso mexicano: 52% procede de México y 48% de Chile, y el ensamblaje definitivo se realiza en las instalaciones de Tablas, en Valle de Guadalupe. La fórmula combina Caladoc y Touriga Nacional bajacalifornianas con Malbec del Maule.

El resultado plantea una lectura poco habitual del concepto de origen. En lugar de concentrarse en un solo territorio, la botella utiliza precisamente las diferencias entre ambos para construir su perfil.

Dos valles dentro de una botella

La intención enológica es que cada región conserve parte de su personalidad. El Valle de Guadalupe aporta las dos variedades cultivadas en México, mientras que el componente chileno procede del Maule, una región estrechamente vinculada con la historia del vino de ese país.

En el caso mexicano, la selección también se aleja de las variedades más evidentes. Caladoc, un cruce desarrollado en Francia entre Grenache y Côt , nombre tradicional del Malbec, comparte espacio con Touriga Nacional, variedad portuguesa conocida por su intensidad aromática y estructura. Del lado chileno aparece precisamente Malbec.

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Dos valles dentro de una botellaCortesía

Héctor Urzúa, enólogo de Casillero del Diablo, ha descrito el ensamblaje como una combinación entre la frescura y textura asociadas con Guadalupe y la potencia del Maule. Más allá de la narrativa de dos países, ése es el desafío técnico de la etiqueta: conseguir que ninguno de los componentes desaparezca detrás del otro.

El papel mexicano no termina en la uva

La participación de Tablas Taller Agrícola resulta clave porque el trabajo en México continúa después de la vendimia.

La vinícola nació en 2017 en Valle de Guadalupe y ocupa alrededor de 83.5 hectáreas, 70 de ellas destinadas a viñedo. Su bodega fue construida en dos niveles para aprovechar la gravedad durante parte del proceso de elaboración y cuenta con 184 paneles solares con los que busca generar una cantidad de electricidad equivalente a su consumo.

Tablas tiene además una relación previa con Viña Concha y Toro. Desde 2020, su vino mexicano forma parte del portafolio de la compañía en México, un antecedente que ayuda a explicar por qué esta colaboración pudo avanzar hasta un producto elaborado entre dos países.

En Fusión de Orígenes, el Valle de Guadalupe deja así de ser únicamente el lugar donde nacen algunas de las uvas: también es donde los componentes mexicano y chileno terminan por convertirse en un solo vino.

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Un tinto pensado para comida mexicanaCortesía

Un tinto pensado para comida mexicana

En copa, Fusión de Orígenes presenta un color profundo con reflejos violáceos. Su perfil aromático se mueve entre frambuesa silvestre, higo fresco, fruta negra y especias dulces, mientras que en boca busca mantener jugosidad, persistencia y taninos suficientemente integrados para acompañar comida. La descripción coincide, con algunos matices, tanto en la presentación actual como en los registros anteriores de la etiqueta.

Una barbacoa, por ejemplo, necesita un vino con estructura suficiente para enfrentarse a la grasa y la intensidad de la carne, pero con fruta y frescura para evitar que el conjunto resulte pesado. Con un mole, el reto cambia: chiles, especias, tostados y ciertos matices dulces obligan a buscar un tinto que acompañe sin endurecerse frente al plato.

La propia marca propone ambos como posibles maridajes, una señal de que este vino no fue pensado exclusivamente desde la lógica del tinto chileno, sino también desde la forma en que podría beberse en México.

Miriam Lira

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

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