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El secreto del buen pan de naranja está en la ralladura: receta y datos curiosos

El pan de naranja no depende del jugo, sino de la ralladura: ahí están los aceites esenciales que dan aroma real y evitan un sabor plano.
Hay panes que no necesitan ceremonia: se parten tibios, se comen sin plato y dejan en el aire un perfume que parece ordenar el día. El pan de naranja pertenece a esa estirpe. Su encanto, sin embargo, suele malentenderse: muchos creen que el sabor está en el jugo, cuando en realidad vive en la ralladura. Ahí, en la cáscara, se esconden los aceites esenciales que dan carácter, profundidad y esa sensación que distingue a un panqué memorable de uno apenas dulce.
En la tradición doméstica de la repostería hispana y latinoamericana, el uso de cáscaras confitadas, ralladuras y jugos se volvió un lenguaje común. Cuando el acceso a la fruta dejó de ser excepcional y la naranja se volvió parte del canasto habitual, apareció el impulso inevitable: incorporarla a lo que se horneaba en casa. Así nacieron —en múltiples cocinas, en distintos momentos— los panes de naranja: bizcochos y panqués pensados para el desayuno, para la sobremesa o para acompañar el café sin pedir más.
Si un panqué “no sabe” a naranja, rara vez es culpa del horno. Casi siempre es una decisión aromática: se usó jugo y se olvidó la ralladura. Los aceites esenciales están concentrados en la piel; el jugo aporta acidez y humedad, pero el “golpe” aromático vive en esa capa naranja, brillante, que debe rallarse sin tocar lo blanco (la parte esponjosa interior) porque ahí aparece el amargor.
Otro detalle que los panaderos caseros suelen descubrir tarde: el pan de naranja mejora con el reposo. Al día siguiente, la miga se asienta, redistribuye su humedad y el aroma se integra.

Rinde: 1 panqué (molde de 22–25 cm)
Tiempo: 15 min de preparación + 45–55 min de horneado
Ingredientes
2 naranjas (usarás ralladura y jugo)
3 huevos a temperatura ambiente
180 g de azúcar (¾ de taza aprox.)
120 ml de aceite vegetal suave (½ taza) o 120 g de mantequilla derretida
200 g de harina de trigo (1½ tazas aprox.)
10 g de polvo para hornear (2 cditas)
1 pizca de sal
120 ml de jugo de naranja natural (½ taza)
60 ml de leche o yogur natural (¼ taza)
1 cdta de vainilla (opcional)
Jarabe de naranja (opcional, recomendado)
80 ml de jugo de naranja
40 g de azúcar (3 cdas)
Preparación
Precalienta el horno a 180°C. Engrasa el molde y, si quieres desmoldar perfecto, fórralo con papel encerado.
Ralla finamente la cáscara de 1 a 2 naranjas (solo lo naranja). Coloca el azúcar en un tazón y frota la ralladura con el azúcar usando los dedos: este paso perfuma el azúcar y fija los aceites esenciales. Es el secreto de un panqué verdaderamente aromático.
Bate los huevos con el azúcar perfumada durante 2 a 3 minutos, hasta que la mezcla se vea más clara y aireada. Agrega el aceite en hilo (o la mantequilla derretida) y mezcla. Incorpora vainilla si decides usarla.
Mezcla aparte la harina con el polvo para hornear y la sal. Integra los secos en dos tandas, alternando con el jugo y la leche o yogur. Mezcla solo hasta que no veas harina: si sobrebates, la miga pierde ternura.
Vierte en el molde y hornea de 45 a 55 minutos. A partir del minuto 40, vigila: cada horno cuenta una historia. El pan está listo cuando el palillo sale con migas húmedas, no con masa cruda.
Deja reposar 10 minutos, desmolda y enfría sobre rejilla.
Jarabe para brillo y humedad
Calienta el jugo con el azúcar solo hasta disolver. Con el pan aún tibio, pínchalo suavemente con un palillo y barniza el jarabe por encima. No se trata de empapar, sino de perfumar y darle una capa jugosa que prolonga la vida del pan.

