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Pan de muerto: de la ofrenda a los rellenos virales, así se prepara en casa

El pan de muerto vuelve a las mesas rumbo al Día de Muertos. Detrás de su aroma a naranja y azahar hay siglos de transformación y una receta que hoy convive con rellenos de pistache, matcha, chocolate y otras versiones que buscan conquistar las redes.
Con la llegada de octubre comienza también una de las temporadas más esperadas de la panadería mexicana. El pan de muerto reaparece en hornos, cafeterías y supermercados semanas antes del 1 y 2 de noviembre, mientras su aroma a naranja y azahar vuelve a relacionarse con las ofrendas y reuniones familiares.
Aunque suele afirmarse que el pan de muerto nació directamente en la época prehispánica, su historia es más compleja. En el México antiguo existieron preparaciones rituales elaboradas con amaranto y maíz que se colocaban como ofrendas, pero el pan de trigo como lo conocemos actualmente surgió después del encuentro entre las tradiciones indígenas y los ingredientes introducidos durante el periodo colonial.
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El trigo y el azúcar transformaron aquellas prácticas hasta construir una nueva tradición gastronómica. La Secretaría de Relaciones Exteriores señala que fue durante el periodo virreinal cuando comenzaron a definirse características cercanas al pan actual, una muestra del sincretismo culinario que terminó convirtiéndose en parte indispensable del Día de Muertos.
Incluso su incorporación a los recetarios es relativamente reciente. Investigaciones difundidas por Ciencia UNAM señalan que durante el siglo XVIII y principios del XIX no se encuentra una receta identificada específicamente como pan de muerto. Una de las primeras referencias documentadas aparece en 1938, dentro del libro Repostería Selecta, de Josefina Velázquez de León, figura fundamental para documentar la cocina mexicana del siglo XX.
Un pan lleno de símbolos
La versión más reconocible en el centro del país tiene una masa redonda coronada por pequeñas tiras conocidas como canillas o huesitos. La esfera central suele interpretarse como un cráneo, mientras que la forma circular se relaciona con el ciclo de la vida y la muerte.
Pero no existe un solo pan de muerto. En distintas regiones de México aparecen panes con formas humanas, ajonjolí, azúcar de colores o recetas completamente distintas. Oaxaca conserva preparaciones como las regañadas; en Guerrero existen panes con forma de muñeco y en Guanajuato pueden encontrarse piezas que representan almas o fantasmas.
Del azahar al pistache
La tradición también encontró un nuevo escaparate en las redes sociales. Durante los últimos años, panaderos y reposteros comenzaron a utilizar la masa tradicional como punto de partida para crear versiones con rellenos y coberturas que buscan llamar la atención tanto por el sabor como por su apariencia.
Chocolate, crema de avellana, nata, cajeta y guayaba dieron paso a combinaciones todavía más arriesgadas. En la temporada reciente han aparecido panes con matcha, pistache, chocolate estilo Dubái, cheesecake, café de olla e incluso propuestas saladas, un fenómeno que amplía la temporada del producto y genera conversación en redes sociales.
La tendencia continuará durante 2026. En la Ciudad de México ya se anunciaron encuentros dedicados al pan de muerto donde, además de las versiones tradicionales, se ofrecerán reinterpretaciones como helados, pizzas y hasta hamburguesas inspiradas en este producto. La innovación demuestra cómo un alimento profundamente ligado a la memoria y tradición también puede adaptarse a los hábitos de consumo contemporáneos.
Sin embargo, antes de rellenarlo, cubrirlo o transformarlo, está la receta que sigue siendo la referencia: un pan suave, ligeramente dulce y perfumado con ralladura de naranja y agua de azahar. Prepararlo en casa requiere paciencia, principalmente para respetar los tiempos de fermentación de la masa.

Receta de pan de muerto tradicional
Ingredientes
- 500 g de harina de trigo
- 100 g de azúcar
- 10 g de levadura seca
- 3 huevos
- 120 ml de leche tibia
- 100 g de mantequilla a temperatura ambiente
- Ralladura de 2 naranjas
- 1 cucharada de agua de azahar
- 1 cucharadita de extracto de vainilla
- 5 g de sal
Para terminar
- 60 g de mantequilla derretida
- 100 g de azúcar
Preparación
- Para comenzar, mezcla la levadura con la leche tibia, una cucharada de azúcar y dos cucharadas de harina. Déjala reposar entre 10 y 15 minutos, hasta que aparezcan burbujas en la superficie; esto indica que comenzó la fermentación.
- En un recipiente amplio coloca la harina, el azúcar y la sal. Incorpora los huevos, la mezcla de levadura, la ralladura de naranja, la vainilla y el agua de azahar. Amasa hasta obtener una preparación integrada pero todavía ligeramente pegajosa y elástica.
- Agrega poco a poco la mantequilla y continúa amasando durante aproximadamente 15 minutos. La masa deberá volverse suave y brillante y despegarse con mayor facilidad de las manos o de la superficie de trabajo. Evita añadir demasiada harina, pues puede dejar el pan más seco.
- Forma una bola, colócala en un recipiente ligeramente engrasado y cúbrela. Déjala reposar entre una hora y hora y media o hasta que aproximadamente duplique su tamaño. Este primer reposo permite desarrollar la estructura y aroma característicos del pan.
- Divide la masa en seis porciones, reservando aproximadamente una quinta parte para hacer los huesitos decorativos. Forma cada pan, coloca encima dos tiras cruzadas de masa y termina con una pequeña esfera en el centro.
- Coloca los panes sobre una charola, cúbrelos nuevamente y deja que tengan una segunda fermentación de aproximadamente 40 minutos. Mientras tanto, precalienta el horno a 180 grados Celsius.
- Hornea durante 18 a 25 minutos, dependiendo del tamaño, hasta obtener una superficie ligeramente dorada. Una vez fuera del horno, deja reposar unos minutos, barniza con mantequilla derretida y cubre generosamente con azúcar blanca.
- El resultado debe ser un pan de miga suave y aromática, con notas cítricas y florales. Puede comerse solo, acompañado de chocolate caliente o café, pero también funciona como base para experimentar con nata, cajeta, chocolate o algún relleno de temporada.



