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Los ojos globales que vigilan los ensayos nucleares visitan México
A tres décadas de la firma del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, una red global de más de 300 estaciones no solo audita la paz atómica, sino que provee datos cruciales para la alerta de tsunamis, la aviación y el monitoreo climático. En entrevista, Robert Floyd destaca la firma de un nuevo acuerdo con México y la histórica aportación técnica de la UNAM.

Dr. Robert Floyd, Secretario Ejecutivo de CTBTO.
En las tres décadas transcurridas desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCE o CTBT, por sus siglas en inglés), el mundo ha sido testigo de un giro radical. Tan solo antes de la firma del tratado en septiembre de 1996, la humanidad había presenciado más de 2,000 explosiones atómicas experimentales; en los 30 años posteriores, la cifra cayó drásticamente a menos de una docena.
Este freno casi absoluto a las pruebas atómicas se debe principalmente a un engranaje de alta precisión tecnológica: el Sistema Internacional de Vigilancia (SIV). En entrevista para El Economista, el Dr. Robert Floyd, Secretario Ejecutivo de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), analizó el valor de la ciencia como herramienta de verificación de la paz mundial y repasó los hitos de tres décadas de cooperación técnica entre el organismo y México.
Red de sensores: el pulso físico del planeta
El SIV fue concebido para que ninguna prueba atómica pase desapercibida, sin importar en qué punto del planeta, océano o atmósfera ocurra. Cuando el despliegue esté completado al 100%, contará con 337 instalaciones (321 estaciones de monitoreo y 16 laboratorios). Actualmente cuenta con 307 instalaciones certificadas operativas, lo que representa más del 90% de su capacidad total.
"Con este nivel de cobertura, sabemos si hay una detonación nuclear en cualquier momento y en cualquier lugar del planeta. Cada kilómetro cuadrado de tierra o mar está cubierto", afirmó el Dr. Floyd.
Para lograrlo, la CTBTO opera mediante cuatro tecnologías de vanguardia:
- Sísmica: Monitoriza las ondas de choque a través del terreno para distinguir detonaciones subterráneas de terremotos o colapsos mineros.
- Hidroacústica: Escucha la propagación de ondas sonoras en el entorno marino para detectar explosiones bajo el agua.
- Infrasonido: Capta ondas de sonido de frecuencia ultrabaja en la atmósfera, imperceptibles para el oído humano, generadas por detonaciones o eventos atmosféricos de gran energía.
- Radionúclidos: Analiza el aire en busca de partículas radiactivas y gases nobles (como los isótopos de xenón), confirmación química indispensable para certificar el origen nuclear de una explosión.
A pesar de que las herramientas de observación remota ya detectan eventos de magnitud considerable, la entrada en vigor definitiva del tratado —supeditada a la ratificación de nueve países pendientes del Anexo 2— activará las Inspecciones In Situ (On-Site Inspections), mecanismo clave para auditar sobre el terreno eventos sísmicos sospechosos de muy baja magnitud.
Otras aplicaciones
El vasto flujo de datos recolectado por el Centro Internacional de Datos (CID) en Viena no solo cumple una función defensiva y geopolítica. Bajo el marco del tratado, los Estados firmantes tienen acceso libre a esta información, lo que ha generado aplicaciones científicas y civiles que salvan vidas y expanden el conocimiento de la Tierra, explica el entrevistado.
Entre los usos civiles destacan los acuerdos de alerta temprana ante desastres naturales. Durante la visita del Secretario Ejecutivo a México, la CTBTO concretó la firma de un acuerdo formal con las autoridades mexicanas para integrar los datos sísmicos e hidroacústicos de la red internacional a los sistemas nacionales de alerta de tsunamis.
"El objetivo fundamental de nuestra misión es prohibir los ensayos nucleares y mantener un sistema capaz de detectar cualquier prueba. Sin embargo, nos complace enormemente ver que nuestros datos también se emplean para salvar vidas día con día", destacó Floyd.
Asimismo, las estaciones del SIV alimentan investigaciones multidisciplinarias en ciencias de la Tierra y biología. Las lecturas de las estaciones sísmicas e hidroacústicas respaldan la monitorización de erupciones volcánicas y la modelación de tsunamis, mientras que la red de infrasonido registra la dinámica atmosférica, la trayectoria de bólidos o meteoritos y la actividad volcánica para prevenir riesgos en la aviación civil.
Por su parte, la red de radionúclidos aporta mediciones de isótopos como el Berilio-7 para predecir el inicio de las lluvias monzónicas en Asia y estudiar el transporte de masas de aire. En el ámbito ecológico, el análisis de las grabaciones hidroacústicas ha permitido registrar las rutas migratorias y los cantos de fauna marina; Floy comparte que fue precisamente esta tecnología la que llevó a biólogos a rastrear una señal acústica inédita en el océano Índico y descubrir una nueva subespecie de ballena azul pigmea (Balaenoptera musculus brevicauda).
30 años de alianza entre México y la CTBTO
La relación entre México y la CTBTO comenzó incluso antes de la apertura oficial del tratado a firma el 24 de septiembre de 1996, pues científicos mexicanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) participaron activamente en el diseño técnico del sistema de verificación internacional.
El primer director de la División del Sistema Internacional de Vigilancia de la CTBTO fue el experto mexicano Gerardo Suárez Reynoso, procedente de la UNAM. Actualmente, la dirección de esta área técnica fundamental recae también en una científica mexicana, la Dra. Xyoli Pérez Campos, excoordinadora del Servicio Sismológico Nacional (SSN).
La conmemoración de estas tres décadas de trabajo conjunto incluyeron el develamiento de una placa conmemorativa en el Instituto de Geofísica de la UNAM y una visita técnica al Centro Nacional de Datos (CND), albergado por el Servicio Sismológico Nacional, desde donde se procesan e intercambian las señales registradas en el territorio.
Herederos de Tlatelolco
El especialista asegura que el liderazgo de México en materia de no proliferación cuenta con profundas raíces históricas. Por ejemplo, el Tratado de Tlatelolco, impulsado en 1967 por el diplomático mexicano Alfonso García Robles (premio Nobel de la Paz en 1982), estableció la primera zona libre de armas nucleares en una región densamente poblada del planeta.
"Tlatelolco sirvió como modelo directo para los tratados posteriores en el Pacífico Sur (Tratado de Rarotonga) y África (Tratado de Pelindaba). Desde su primer párrafo, Tlatelolco ya exigía el cese total de los ensayos nucleares. América Latina y el Caribe han marcado la pauta a nivel global", concluyó Floyd.
Y confirma, la convergencia entre la diplomacia y la ciencia sigue siendo, a tres décadas del CTBTO, el pilar central para garantizar la verificación técnica y consolidar un mundo libre de detonaciones atómicas.

