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Alternativas peligrosas como el socialismo cobran impulso

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
El texto del encabezado de esta columna no sale de la declaración de un político mexicano, sino de líderes empresariales estadounidenses.
¿Qué podría pasar en México si en Estados Unidos prospera un sistema inclinado hacia el socialismo?
El temor en torno a esa posibilidad lo difunde estos días la US Chamber of Commerce, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, gremio que representa a las mayores compañías de ese país y que está realizando una campaña política:
Un autobús recorre el país transportando gente de esa organización para promover el libre mercado. Esa aventura tiene nombre: The Opportunity Tour, y nace de una percepción:
“Por qué llevamos la libre empresa a la carretera: Conforme las conversaciones acerca de las empresas libres –y alternativas peligrosas como el socialismo– cobran impulso, estamos dando visibilidad a nivel nacional a los líderes locales, empleadores y trabajadores que impulsan el crecimiento y las oportunidades en todo Estados Unidos”, divulgó la US Chamber el fin de semana.
Hay otras formas de explicarlo. Por ejemplo, la que usó el medio informativo The Washington Post: “La principal organización empresarial del país emprende una gira para erradicar el socialismo. En un viaje de seis semanas, la Cámara de Comercio de Estados Unidos espera convencer a los votantes de las elecciones de mitad de mandato de que el libre mercado sigue ofreciendo la mejor solución”.
Pausa aquí: ¿los estadounidenses tienen que salir a la calle a convencer a su gente de que el mejor sistema es el del libre mercado? ¿Qué salió mal?
El capitalismo no nació en Estados Unidos, pero ese país abrazó el sistema y lo defendió, al menos durante todo el siglo pasado.
Tras independizarse de la monarquía absoluta de España a finales del siglo XVI, los Países Bajos —con Ámsterdam como motor financiero— sentaron las reglas.
Crearon un mercado parecido a una bolsa de valores para que gente de todos los niveles financiara masivamente innovaciones técnicas cruciales.
Una clave estuvo en sus molinos de viento y sus ‘novedosos’ cigüeñales, que permitieron usar sierras mecánicas para cortar rápidamente tablones, acelerando la construcción de flotas navales que, por su volumen, ganaron mercado a las españolas.
Todo, a través de una empresa común llamada Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), en la que muchos participaron y muchos también cobraron ganancias.
Hoy Estados Unidos innova aceleradamente, pero en sus empresas más disruptivas, como OpenAI o Anthropic —incluso SpaceX, que hasta hace poco fue pública—, solo pueden invertir multimillonarios con acceso a fondos privados. Podemos suponer quiénes, como en el caso de SpaceX, cobrarán beneficios posteriormente.
La gente común, a diferencia de lo que sucede en una bolsa de valores, queda al margen.
Sumen a ese aislamiento el aumento de los precios y la amenaza, real o no, que plantea una narrativa: es precisamente la IA de Anthropic y OpenAI la que acabará con los empleos de las personas. El resultado difícilmente podría ser una mayor popularidad del sistema actual.
La legisladora neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez se apoya en ese enojo de los desplazados para construir una narrativa que podría llevarla a la presidencia de Estados Unidos, apoyada por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
Ambos se identifican como socialdemócratas.
Curiosamente, en nuestros días, los Países Bajos mantienen un Estado de bienestar robusto, con una economía social de mercado avanzada y una fuerte red de protección social.
La nación europea muestra una desigualdad de ingresos mucho menor que la estadounidense, gracias a un sistema fiscal altamente progresivo y a potentes transferencias sociales.
Habrá elecciones de legisladores en Estados Unidos en mes y medio.
¿Cómo andarán las cosas que líderes empresariales tienen que salir a hacer campaña para mantener un sistema que, hasta ahora, aparentemente les beneficia?

