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¿Qué ocurre con las flores de cempasúchil después del Día de Muertos?
Aunque su presencia en altares y ofrendas termina después del 2 de noviembre, las flores de cempasúchil pueden aprovecharse para elaborar composta, recuperar semillas o continuar su cultivo.

Foto: Archivo
Cada año, durante las celebraciones del Día de Muertos, miles de flores de cempasúchil llenan de color los altares, panteones y hogares mexicanos. Sin embargo, una vez que concluyen las festividades, surge una pregunta: ¿qué sucede con estas flores y cómo pueden aprovecharse en lugar de terminar en la basura?
Aunque muchas son desechadas después del 2 de noviembre, las flores de cempasúchil pueden tener una segunda vida. Sus pétalos, tallos y hojas pueden convertirse en composta, mientras que las plantas que permanecen en buen estado pueden conservarse e incluso proporcionar semillas para futuros cultivos.
Así lo muestra una iniciativa del Centro Universitario del Sur (CUSur), de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde el cultivo de esta flor no termina con su utilización en las ofrendas, sino que continúa mediante el aprovechamiento de sus residuos orgánicos.
¿Qué se puede hacer con las flores de cempasúchil después del Día de Muertos?
De acuerdo con información publicada por la Gaceta de la Universidad de Guadalajara, las flores y los residuos vegetales que quedan después de las celebraciones pueden destinarse al composteo, un proceso que permite transformar la materia orgánica en un material útil para mejorar el suelo.
En el CUSur, ubicado en Ciudad Guzmán, Jalisco, esta práctica forma parte de un proyecto agrícola que comenzó en 2025 por iniciativa del profesor Daniel Contreras, con el objetivo de producir flores para los altares universitarios.
Para 2026, el sembradío contempla alrededor de 1,000 plantas de cempasúchil criollo en una superficie de 100 metros cuadrados. Las semillas provienen de la Ciudad de México y fueron seleccionadas por su capacidad de adaptación.
Según explicó Miguel Amezquita Sánchez, coordinador de la carrera de Agronegocios, la preparación del terreno comienza en junio y el desarrollo de las plantas requiere cuidados como riego y fertilización.
Una vez que concluye la temporada de Día de Muertos, los restos del cultivo se destinan a la elaboración de composta, lo que permite reincorporar materia orgánica al suelo y aprovechar los recursos empleados durante la producción.
Esta práctica también se relaciona con los principios de la agroecología promovidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que busca impulsar sistemas agrícolas sostenibles mediante un mejor aprovechamiento de los recursos naturales.
¿Cómo reutilizar las flores de cempasúchil en casa?
Las flores utilizadas para decorar altares y ofrendas también pueden aprovecharse en los hogares. De acuerdo con información difundida por el Bosque de Chapultepec, existen distintas alternativas para evitar que terminen mezcladas con los residuos domésticos.
Una de ellas consiste en separar los pétalos, hojas y tallos para incorporarlos a una composta, siempre que estén libres de materiales no biodegradables, pinturas u otras sustancias que puedan afectar el proceso.
También es posible conservar las plantas que todavía se encuentran en buenas condiciones. Si el cempasúchil está en maceta, puede mantenerse en un espacio con suficiente luz solar, riego moderado y buen drenaje.
Retirar las flores marchitas ayuda a prolongar su floración mientras las condiciones ambientales lo permitan.
Otra opción es recuperar las semillas de las flores que hayan madurado y secado en la planta, para guardarlas en un lugar fresco y seco hasta la siguiente temporada de siembra.
En la Ciudad de México también se han impulsado iniciativas de recolección de flores después de las celebraciones. Durante 2025, la Secretaría del Medio Ambiente capitalina habilitó centros de acopio para recibir cempasúchil y macetas, con el propósito de aprovechar los residuos orgánicos mediante el compostaje.
Cempasúchil, una flor que representa la vida y la muerte
El cempasúchil (Tagetes erecta) es una planta originaria de México y Mesoamérica, cuyo nombre proviene del náhuatl cempohualxóchitl, que significa "veinte flores" o "varias flores".
Desde la época prehispánica ha estado relacionado con las ceremonias dedicadas a los muertos. Según la tradición, su color intenso y aroma ayudan a guiar a las almas de los difuntos durante su regreso al mundo de los vivos.
Por esta razón, sus pétalos se utilizan para formar caminos hacia los altares y las ofrendas, una de las prácticas más representativas de la celebración mexicana.
Además de su valor cultural, la flor tiene importancia económica y agrícola. Su producción genera ingresos para familias dedicadas al cultivo ornamental, particularmente en entidades como Puebla, Estado de México, Michoacán, Veracruz y la Ciudad de México.
En la capital del país, localidades de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta mantienen una importante actividad productiva alrededor de esta flor. Tan solo en 2025, la Secretaría del Medio Ambiente reportó una producción de 6.3 millones de macetas, cultivadas por aproximadamente 460 familias.
El cempasúchil también tiene aplicaciones fuera de las festividades; sus pigmentos naturales, entre ellos la luteína y la zeaxantina, pueden utilizarse en distintas actividades industriales, incluida la pigmentación de alimentos para aves.
De esta manera, el final del Día de Muertos no necesariamente representa el final del aprovechamiento del cempasúchil. Su transformación en composta, la conservación de plantas y la recuperación de semillas permiten prolongar el ciclo de una flor que, además de mantener viva una tradición, puede regresar a la tierra de la que surgió.




