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Arte e Ideas

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Libreros independientes apuestan por vender en internet

Libreros de ocasión y especializados cuentan cómo han trasladado sus catálogos a ferias, colonias y redes sociales para encontrar nuevos lectores durante el Festival Internacional Pensamiento de Mujer.

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Libreros participarán en el Festival Internacional Pensamiento de Mujer. Foto EE:Ricardo Quiroga

Ricardo Quiroga

Con más de 50 actividades, 40 talleres gratuitos y la participación de 300 sellos editoriales distribuidos en 95 stands, tras una ceremonia encabezada por la escritora Elena Poniatowska, arrancó este miércoles la primera edición del Festival Internacional Pensamiento de Mujer (FIPEM), que se desarrollará hasta el 16 de agosto en la explanada del Centro de Tlalpan, con sedes alternas en el Museo de Historia y Casa Frissac.

Durante cinco jornadas el encuentro reunirá a más de 200 mentes femeninas, como escritoras, científicas, periodistas y artistas, entre ellas, además de Poniatowska, Rigoberta Menchú, Coral Bracho, Dahlia de la Cerda, Paulina Lavista y Cristina Kahlo, entre otras.

Pero entre la programación cultural hay otro dato que permite mirar al FIPEM desde una perspectiva distinta: de los 95 stands participantes, 22 corresponden a libreros de ocasión y otros ocho a libreros que apoyan a escritores independientes. Es decir, alrededor de 32% de los espacios comerciales está ocupado por proyectos vinculados directamente con la venta de libros: el último eslabón y el definitivo de la cadena editorial.

En un momento de contracción del mercado librero independiente, de barrio o de ocasión, la evidente concentración de estos proyectos en una feria permite observar también cómo los negocios pequeños buscan nuevas formas de llegar a sus lectores.

El indicio resulta significativo frente a un mercado que lleva años acumulando cierres de librerías de viejo y de barrio. El fenómeno de digitalización de todo lo que nos rodea no es nuevo:

Un estudio de la Almac y la RELI reportó que entre 2003 y 2023 el número de librerías activas en México disminuyó prácticamente 32 puntos porcentuales al pasar de 18 mil 571 a 12 mil 507 establecimientos. En enero pasado, el presidente de la Almac, Gerardo Jaramillo, señaló además que entre 2003 y 2024 se acumularon más de 400 cierres.

Librerías como experiencia

Mauricio Caña, fundador y curador principal de la librería El rincón de Macondo, conoce de primera mano esa transformación. Su librería física, dedicada a la venta de libros de ocasión en excelente estado, ubicada en Roma Sur y que en enero cumplirá ocho años, nació primero como un proyecto de venta en línea y abrió su espacio físico poco antes de la pandemia.

El confinamiento aceleró el comercio electrónico, pero el regreso a la actividad presencial no significó recuperar automáticamente los hábitos anteriores. Para el joven librero entrevistado, el reto ha sido encontrar recursos adicionales para sostener el proyecto.

Explica que El rincón de Macondo funciona también como foro cultural para escritores y músicos independientes y cuenta con cafetería. En las ferias, además, incorpora productos de otros emprendedores —como bolsas, decoraciones o productos alrededor del quehacer editorial— y funciona como punto de entrega, en una lógica que define como un “círculo de comercio”.

La transformación también ha ocurrido en la manera de encontrar lectores, dice Mauricio Caña. Instagram, TikTok y los llamados booktubers forman ahora parte de la estrategia cotidiana del librero, quien reconoce, con rendimientos en el papel, que una recomendación en redes puede traducirse en seguidores, visitas al local o compras en línea.

“Ahora sí es necesario, yo creo, actualizarte a lo digital”, explica Caña. La estrategia no se limita a publicar el catálogo: el librero busca colaboraciones con creadores de contenido, prepara presentaciones visuales para que los visitantes se fotografíen en el establecimiento y ha incorporado detalles a productos como las llamadas “citas a ciegas” de libros, con separadores, stickers y frases alusivas a un libro envuelto cuyo título será un secreto hasta ser abierto por el o la compradora.

La apuesta resulta particularmente relevante para el mercado de ocasión. Mauricio Caña dice que trabajó durante años en una librería de Donceles y considera que una de las dificultades de los negocios tradicionales en la popular calle del Centro Histórico de la Ciudad de México es precisamente la magnitud de sus acervos. Con miles de ejemplares —si no es que millones—, mantener controlado el catálogo y trasladarlo a las plataformas digitales —y preparar esa información para estrategias de promoción— todavía puede convertirse en un problema.

Durante la pandemia, El Economista documentó el cierre de librerías de barrio y de viejo en la Ciudad de México por la imposibilidad de sostener rentas y gastos corrientes. Entre ellas estuvo el establecimiento A través del espejo, con más de dos décadas de operación. En Donceles, además, la falta de actividad comercial durante aquel periodo aceleró el cierre de algunos establecimientos.

Caña, sin embargo, observa otro fenómeno: el libro de ocasión no necesariamente desaparece, sino que se dispersa hacia nuevos puntos de venta y nuevos modelos. “Ya no todo está concentrado en Donceles”, dice.

A la par de las librerías que permanecen en ese corredor, identifica nuevos espacios de intercambio y venta en colonias y ferias, además del comercio mediante Facebook y otras plataformas.

Una librería para un nicho

La especialización es todavía más evidente en la Recaudería de libros de cocina. Adanari Amezcua López, una de sus creadoras, explica que el proyecto no trabaja con novedades editoriales ni consignaciones: su objetivo es localizar ejemplares antiguos, colecciones y registros especializados de cocina que difícilmente se encuentran en una librería convencional.

El proyecto tiene un módulo en Balderas, en el pasillo que conduce a la entrada de la Biblioteca de México, pero no funciona como una tienda abierta permanentemente. Parte de su operación consiste en localizar bibliotecas o colecciones particulares, revisarlas y adquirir solamente aquello que corresponde al perfil de su acervo.

Su especialización está también en la construcción de una comunidad. Amezcua atribuye parte del crecimiento a sus contactos dentro del ámbito gastronómico, a investigadores, historiadores y estudiantes interesados en la cocina mexicana, pero sobre todo al posicionamiento del negocio librero en internet.

“De Instagram”, responde la librera cuando se le pregunta de dónde proviene buena parte de sus clientes. En redes, la librería no se limita a exhibir portadas y precios: contextualiza los ejemplares, explica su relevancia y muestra las diferencias entre ediciones. Entre su catálogo aparecen tratados de Salvador Novo y Alfonso Reyes sobre el arte de cocinar y, por supuesto, el de comer; recetarios antiguos y libros extranjeros de principios del siglo XX. La estrategia convierte cada ejemplar en una pieza con una historia propia.

La especialización también le permite competir desde otro terreno. Mientras una librería generalista debe disputar la atención del lector frente a cadenas, editoriales y plataformas digitales, la Recaudería busca un público que llega detrás de un objeto bibliográfico difícil de sustituir. Es una estrategia que coincide con una de las respuestas que han encontrado distintos libreros independientes ante un mercado cada vez más complejo: diferenciar el catálogo y construir comunidad alrededor de él.

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Libreros participarán en el Festival Internacional Pensamiento de Mujer. Foto EE:Ricardo Quiroga

En febrero pasado, este diario documentó el cierre de otra librería independiente y recogió el diagnóstico de la RELI: los pequeños establecimientos enfrentan una competencia difícil de igualar frente a Amazon y las propias editoriales, que también venden directamente en línea. La discusión sobre la viabilidad del sector ha llegado incluso al terreno fiscal: libreros y asociaciones impulsan para 2026 la tasa cero de IVA para las librerías como una medida para mejorar su flujo de efectivo.

Frente a ese escenario, los proyectos presentes en el FIPEM muestran dos posibles respuestas desde el extremo independiente del mercado: ampliar la experiencia alrededor del libro o reducir el universo hasta encontrar un nicho suficientemente específico para que el lector llegue por algo que difícilmente encontrará en otro sitio.

Y en ambos casos, el libro deja de ser solamente un objeto que espera en un anaquel: se convierte en una experiencia, una comunidad o una pieza de conocimiento que necesita ser contada para encontrar a su lector.

Festival Internacional Pensamiento de Mujer (FIPEM)

  • 32% de los stands del FIPEM son libreros
  • 400 cierres de librerías el aproximado de cierre de librerías entre 2003 y 2024
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