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Arte e Ideas

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Hallazgos en Huei Tzompantli revelan presencia de posibles mujeres guerreras

Durante una conferencia en El Colegio Nacional; los arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana revelaron el probable hallazgo de la Casa de los Jaguares del Templo Mayor mexica, una ofrenda en cuyo interior yacían los restos óseos de una mujer decapitada; y un estudio sobre los cráneos del Huei Tzompantli que sugiere que algunas mujeres también combatían en la guerra y que podrían haber sido sacrificadas a Huitzilopochtli.

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Buscan explicar la presencia femenina en el Tzompantli.Cortesía / Héctor Montaño

J. Francisco De Anda Corral

El hallazgo y posterior análisis de los restos óseos en el Huei Tzompantli —el gran altar de cráneos del recinto sagrado de Tenochtitlan dedicado a Huitzilopochtli— ha comenzado a resquebrajar uno de los estereotipos más arraigados sobre la sociedad mexica. Lejos de la asunción histórica de que este espacio estaba reservado casi en su totalidad a guerreros masculinos capturados en combate, esclavos, o individuos tributados, una investigación osteológica e historiográfica en curso, de la cual forma parte la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín, abre una ventana a una realidad distinta: la participación activa de las mujeres en actividades bélicas y su posterior sacrificio ritual.

Durante un conversatorio en El Colegio Nacional, titulado “El pasado de la Ciudad de México bajo nuestros pies: el Programa de Arqueología Urbana” (PAU), organizada por el arqueólogo y colegiado Leonardo López Luján, director del Proyecto Arqueológico Templo Mayor, los arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Raúl Barrera Rodríguez, coordinador del PAU; Lorena Vázquez Vallin, Ingrid Trejo y Francisco Delgado, expusieron los hallazgos recientes registrados en las inmediaciones del recinto sagrado mexica, entre los que sobresalen las excavaciones en el predio Licenciado Primo de Verdad N.º 7, donde encontraron una estructura que hipotéticamente podría ser la Casa de los Guerreros Jaguar y un depósito ritual que contenía elementos marinos y los restos óseos de una mujer que habría sido decapitada.

INSERT FOTO 2 Los investigadores del PAU con Leonardo López Luján (izq.). FRANCISCO DE ANDA

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Los investigadores del PAU con Leonardo López Luján (izq.).Francisco de Anda

Por su parte, Lorena Vázquez Vallin, también investigadora del PAU, adscrito al Museo del Templo Mayor, expuso las líneas de investigación que buscan explicar la notable presencia femenina en el Huei Tzompantli y su torre de cráneos, localizados entre 2015 y 2017 en el Predio de República de Guatemala N°24.

Una diferencia mínima en la numeralia de la muerte

El sustento de la hipótesis de que serían mujeres que habrían participado en algún enfrentamiento bélico y quizá por ello sacrificadas en el altar de Huitzilopochtli parte de un riguroso análisis osteológico. Vázquez Vallin detalló que, tras analizar una muestra de 214 cráneos recuperados de la torre del tzompantli, se identificó que 99 correspondían a hombres (46.3%) y 80 a mujeres (37.4%), ya que el resto no pudo determinarse debido a su estado de conservación.

La numeralia revela una brecha sumamente estrecha. “Si ustedes se fijan, la diferencia es únicamente de 8.9 puntos porcentuales nada más entre los individuos masculinos y los femeninos. Es decir, solo hay 8.9 más masculinos que femeninos”, destacó la arqueóloga. Esta proporción casi paritaria se repite en otros contextos, como el tzompantli de Tlatelolco, lo que llevó a la especialista a plantear una hipótesis escasamente abordada con anterioridad: “que algunas de estas mujeres hayan sido combatientes capturadas durante enfrentamientos bélicos”.

Si bien las fuentes históricas y los estudios de ADN e isótopos en el Templo Mayor asocian tradicionalmente a las víctimas femeninas con esclavas, prisioneras o personificadoras de deidades (ixiptlas) en el calendario ritual, la paridad en el tzompantli dedicado a la deidad de la guerra exige ampliar el espectro explicativo.

El precedente mesoamericano y el deber sagrado

Para fundamentar la viabilidad de esta línea de investigación, Vázquez Vallin realizó un recorrido histórico por Mesoamérica, demostrando que el simbolismo militar asociado a las mujeres y su participación en la “organización de violencia institucional”, es decir en los combates, no eran ajenos a la región.

Desde el periodo Clásico Temprano en Teotihuacan (200 al 650 d. C), donde se enterraron mujeres con puntas de proyectil en contextos de representación estatal de guerra en la Pirámide de la Serpiente Emplumada, hasta las tierras bajas mayas, donde algunas estelas retratan a reinas con el título militar de ‘ix´kaloomte’ de pie sobre cautivos, la mujer ha tenido un rol activo en el poder y la milicia. Asimismo, códices mixtecos, como el Selden, documentan hazañas como las de la princesa 6 Mono, quien emprendió campañas de guerra y capturó señores para el sacrificio.

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Códice Selden donde aparece la princesa 6 Mono.Especial

“Durante el Clásico Maya (250 – 900 d. C.) las estelas retrataron a reinas ataviadas como guerreras, ocupando posiciones de liderazgo en asuntos militares ostentando el título ix´kaloomte, la designación de más alto rango en la política, asociada con el militarismo en las tierras bajas mayas (…) [mientras que] en el Códice Selden, la princesa 6 Mono es reconocida con un quechquémitl, prenda que era otorgada a los guerreros como premio por sus proezas”, detalló la arqueóloga.

En el contexto mexica, aunque el ejército regular estaba conformado por varones, las crónicas de fray Diego Durán y otros autores evidencian que las mujeres tomaban las armas en momentos de extrema urgencia. Durante los asedios a Tlatelolco y Tenochtitlan, combatieron defendiendo su territorio utilizando tanto armas convencionales como los instrumentos de su vida cotidiana.

“Aunque no estaban organizadas bajo una institución militar, actuaban como combatientes peleando valerosamente para proteger a su pueblo y acaso por ello podrían haber sido dignas de ser sacrificadas y exhibidas en el tzompantli de la deidad guerrera, al igual que los varones”, apuntó Vázquez Vallin.

Armas con rostro femenino

La investigadora explicó que, en la cosmovisión mexica, la mujer no requería masculinizarse para combatir. Al contrario, actuaba bajo el cobijo de deidades como Cihuacóatl, Xochiquetzal, Tlazoltéotl, Ilamatecuhtli, Chalchiuhtlicue e Itzpapálotl. asociadas con la tierra, la fertilidad y la guerra.

En momentos de conflicto, los utensilios del hilado y el tejido se transformaban en herramientas de combate. “Con los mismos instrumentos de su propia feminidad, como dictan las diosas mismas, es que se están comportando y sacando su carácter guerrero”, explicó la arqueóloga, detallando cómo las escobas, los tzotzopaztlis (machetes de telar) y los telares se convertían en armas legítimas de resistencia.

Esta hipótesis encuentra eco en la cultura material recuperada directamente de la torre de cráneos del tzompantli, donde se han hallado malacates y puntas de proyectil entremezclados con los restos óseos.

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Arqueóloga Lorena Vázquez en la excavación del Huei Tzompantli.Francisco de Anda

Vázquez Vallin concluyó señalando que, si bien se requiere de mayor información y de futuros análisis isotópicos para determinar con precisión el origen geográfico de estas mujeres, la evidencia física y documental apunta a que el Huei Tzompantli resguarda los restos de mujeres que no solo fueron víctimas pasivas, sino activas defensoras de sus comunidades.

La Casa de los Jaguares: un pasado que duerme bajo fincas coloniales

En su intervención, el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez reveló el hallazgo más reciente del PAU en el predio de Licenciado Primo de Verdad N.º 7: un basamento que podría tratarse de la Casa de los Guerreros Jaguar del recinto sagrado de Tenochtitlan y la Ofrenda 190.

Barrera Rodríguez describió el referido basamento con “alta probabilidad” de que formara parte de la emblemática Casa de los Guerreros Jaguar, por estar alineado simétricamente a la llamada Casa de las Águilas, pero, aclara, “no podemos aventurarnos, hace falta más trabajo arqueológico para confirmarlo, estamos apenas identificando el edificio pero no conocemos sus características ni sus dimensiones”, enfatiza.

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Predio Licenciado Primo de Verdad N° 7.Cortesía

Lo cierto es que las excavaciones en ese predio, adyacente a la zona arqueológica del Templo Mayor, han aportado piezas clave para seguir armando el rompecabezas arqueológico de la otrora urbe mexica, y tanto Barrera, como López Luján, manifestaron su optimismo de que se confirme el hallazgo en el futuro cercano.

Asociada a esta estructura, amplió el coordinador del PAU, se halló la Ofrenda 190, un depósito ritual compuesto por “elementos marinos, como son conchas, caracoles, huesos humanos, un cráneo, algunas manos y pies, y un atado, un conglomerado de conchas atadas con una cuerda”, precisó Barrera.

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Ofrenda 190 en el Templo Mayor.Cortesía

Por su parte, la arqueóloga Ingrid Trejo expuso que el análisis bioarqueológico de estos restos óseos humanos ha aportado datos singulares. Detalló que pertenecen a una mujer joven, de entre 18 y 21 años de edad, que habría sido decapitada, que presenta limado dental y “un modelado cefálico de tipo tabular erecto”, producto de una presión craneal que le habrían practicado en la infancia.

La especialista precisó que no se trata de un cráneo aislado, sino de una cabeza seccionada en estado fresco. La presencia de las primeras cinco vértebras cervicales y del hueso hioides, junto con marcas de corte accidentales producidas por cuchillos de obsidiana o pedernal en la quinta vértebra, confirman que la cabeza fue separada del torso intencionalmente durante un ritual de decapitación. "En el Programa de Arqueología Urbana no habíamos localizado todavía una cabeza seccionada", apuntó Trejo.

El arqueólogo Barrera también hizo un recuento de los hallazgos y las excavaciones que han tenido lugar en los predios aledaños al Templo Mayor, emprendidos por el Programa de Arqueología Urbanas en las últimas dos décadas: El Calmecac en el Centro Cultural de España (2006); el Cuauhxicalco y un piso de pajas con relieves relativos a la guerra (Coaxalpan) excavados bajo la plaza Manuel Gamio entre 2009 y 2012 para construir el nuevo acceso al sitio arqueológico y museo del Templo Mayor; el templo de Ehécatl-Quetzalcoátl y los restos del Juego de Pelota (Teotlachco), entre 2010 y 2017 en el predio de Guatemala 16.

Además, hizo referencia a los restos del Telpochcalli (recinto donde se educaba a los jóvenes macehuales) en Moneda N.º 2, en 2010, donde hoy se ubica el Museo UNAM Hoy; el Huei Tzompantli y la torre de cráneos, hallados entre 2015 y 2017 bajo una casona localizada en Guatemala 24, y que permanecen en excavación hasta la fecha; la intervención de la ventana arqueológica del Palacio del Marqués del Apartado, que exhibe el Cuauhxicalli jaguar.

El museo subterráneo sigue esperando apertura

A pesar de la trascendencia de estos descubrimientos emprendidos por los especialistas del Templo Mayor y de que los trabajos de restauración y habilitación museográfica del espacio subterráneo donde se exhiben los restos del templo de Ehécatl y Juego de Pelota están concluidos, su apertura al público es incierta.

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Arqueólogo Leonardo López Luján.Francisco de Anda

Cabe recordar que esa “ventana arqueológica”, en Guatemala N.º 16, donde se ubica el Hotel Catedral, se anunció como inaugurada en 2021 por las entonces titulares de la Secretaría de Cultura federal y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, sin embargo a la fecha sigue cerrada al público; y sólo se habilitó una apertura temporal breve en ocasión del Mundial de Futbol.

Tanto Barrera Rodríguez como el arqueólogo Leonardo López Luján, director del Proyecto Templo Mayor, señalaron que la falta de presupuesto impide la contratación de custodios y personal de mantenimiento necesario para operar el sitio. Ante esta situación, López Luján hizo un llamado a los legisladores para asignar recursos suficientes a la ciencia y la cultura en el próximo ejercicio fiscal. "Abrirlos al público cuesta; necesitamos incrementar los presupuestos", concluyó.

J. Francisco De Anda Corral

Es editor de la sección Arte, Ideas y Gente en El Economista. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y maestro en Filosofía Social, por el ITESO. Especialista en periodismo de arte, arqueología, antropología, educación, patrimonio cultural, religiones y responsabilidad social. Colaboró anteriormente en Público-Milenio Jalisco; Radio Universidad de Guadalajara; Noroeste, de Culiacán; y Radio Metrópoli, en Guadalajara.

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