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Esterilización de perros y gatos: cómo ayuda a reducir los animales sin hogar

Cada tercer sábado de agosto se conmemora esta fecha que busca combatir la sobrepoblación de perros y gatos; en México, ciudadanos y protectores sostienen buena parte de una labor que va del alimento y el rescate hasta la esterilización y adopción

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Esterilización, rescate y adopción, las armas contra el abandono animalFOTO: Archivo

Daniel Soto

Detrás de un perro que recibe alimento en una banqueta, de un gato que es esterilizado para evitar nuevas camadas o de un animal rescatado que finalmente encuentra una familia existe una cadena de cuidados que pocas veces resulta visible.

Este 15 de agosto se conmemora el Día Internacional del Animal sin Hogar, una fecha que en 2026 coincide con el tercer sábado del mes y que busca colocar nuevamente sobre la mesa un problema que no comienza cuando un perro o un gato aparece en la calle, sino mucho antes: con el abandono, la pérdida de animales, la reproducción sin control y la falta de tenencia responsable.

Frente a esta problemática existen dos frentes fundamentales. El primero consiste en impedir que más animales terminen viviendo en las calles mediante acciones como la esterilización; el segundo, en atender a aquellos que ya se encuentran en esta situación, una tarea que en México es sostenida en buena medida por ciudadanos, protectores y redes informales.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021 del Inegi, retomada por Ciencia UNAM, 69.8% de los hogares mexicanos reportó tener algún tipo de animal de compañía.

En ese año se estimaron alrededor de 80 millones de animales de compañía en México: 43.8 millones de perros, 16.2 millones de gatos y aproximadamente 20 millones de otras especies.

Tener un hogar, sin embargo, no necesariamente significa que los animales permanezcan siempre dentro de él.

Ciencia UNAM señala que algunos perros y gatos pueden salir y reproducirse, mientras otros se pierden y terminan incorporándose a la población que vive en las calles. También advierte que algunas hembras pueden ser abandonadas cuando resultan preñadas.

¿Por qué se conmemora el Día Internacional del Animal sin Hogar?

El International Homeless Animals' Day fue instaurado en 1992 por la International Society for Animal Rights (ISAR) para visibilizar la sobrepoblación de perros y gatos y promover soluciones como programas de esterilización y adopción.

A diferencia de otras efemérides, no tiene un día fijo en el calendario: se conmemora el tercer sábado de agosto de cada año. En 2026, la edición número 35 se realizará precisamente el sábado 15 de agosto.

Desde su creación, la iniciativa se ha extendido a decenas de países mediante jornadas de adopción, campañas de esterilización, vacunación, microchip, colectas de alimento y actividades para fomentar la tenencia responsable de animales.

Esterilización: ¿puede reducir los animales que viven en las calles?

México tiene una enorme población de animales de compañía. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2021 del Inegi, retomados por Ciencia UNAM, el 69.8% de los hogares reportó tener algún animal de compañía.

En el país se contabilizaron alrededor de 80 millones de animales de compañía: 43.8 millones de perros, 16.2 millones de gatos y aproximadamente 20 millones de otras especies.

El problema aparece cuando los animales salen de los hogares sin supervisión, se reproducen, se pierden o son abandonados. Las camadas cuyo futuro no está asegurado pueden terminar alimentando nuevamente la población que vive en las calles.

Por ello, especialistas de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVZ) de la UNAM señalan al control reproductivo como una herramienta para enfrentar el problema.

“Al impedir que un animal se reproduzca, se frenan nacimientos sin seguridad de su destino: animales abandonados en las calles que sufren maltrato o accidentes, pasan hambre, adquieren y transmiten enfermedades o mueren de formas no éticas”, explica Jesús Marín Heredia, secretario de Medicina de la FMVZ, en información publicada por Ciencia UNAM.

La esterilización quirúrgica consiste en retirar los órganos reproductores —ovarios y útero en las hembras y testículos en los machos— para impedir permanentemente la reproducción.

Además del efecto poblacional, el procedimiento puede aportar beneficios a la salud. De acuerdo con Marín Heredia, puede ayudar a prevenir diferentes enfermedades relacionadas con el aparato reproductor y reducir determinados riesgos cuando se practica a edades tempranas.

El problema no termina en el quirófano

La esterilización, sin embargo, no debe entenderse como una solución aislada ya que la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) plantea que el manejo de las poblaciones caninas requiere estrategias integrales que contemplen el comportamiento humano y la tenencia responsable, además del control reproductivo.

Entre las herramientas se encuentran la identificación y registro de animales, vacunación, control de la reproducción, adopción y educación de los propietarios.

El objetivo no es únicamente disminuir el número de animales que viven sin hogar, sino atacar las causas que permiten que nuevos perros continúen incorporándose a las poblaciones callejeras.

¿Quién cuida a los perros que ya viven en las calles?

Mientras las políticas de prevención buscan detener nuevos abandonos y nacimientos, existe otra pregunta: ¿quién alimenta, cura, esteriliza y busca hogar para los animales que ya están en las calles?

Una investigación reciente de la UNAM arroja luz sobre una red de cuidados que opera todos los días en la Ciudad de México.

El estudio “¿No oyes ladrar los perros? Género y cuidados interespecie”, realizado por las investigadoras Ericka Fosado y Erika Rivero, analizó las prácticas de cuidado hacia perros en situación de calle y el perfil de quienes realizan estas labores.

La investigación utilizó un sondeo realizado entre enero y febrero de 2025 y obtuvo 83 respuestas válidas. Las propias autoras puntualizan que se trata de una muestra exploratoria y no probabilística, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a toda la población de la Ciudad de México.

Aun con esa limitación, los resultados permiten observar quiénes están detrás de buena parte de estos cuidados.

De las personas que participaron, 85.5% fueron mujeres y apenas 14.5% hombres. Además, las mujeres de entre 41 y 60 años representaron el 51% de las personas involucradas.

El cuidado tampoco necesariamente proviene de personas con grandes recursos económicos: 43.4% no tenía un empleo formal, mientras que 51.81% reportó ingresos mensuales de hasta 15,000 pesos y otro 26.51% de entre 15,000 y 30,000 pesos.

La red invisible detrás de un rescate

Dar comida es apenas el comienzo ya que la investigación identificó cuatro fases y 18 actividades relacionadas con el cuidado de perros en situación de calle, que demandan tiempo, dinero y energía de quienes las realizan.

La primera ocurre directamente en las calles y consiste en atender necesidades básicas de supervivencia: proporcionar alimento, limpiar excretas, asear al animal, atender problemas específicos de salud e incluso darle refugio momentáneo durante alguna emergencia. El estudio señala que esta red eventual de apoyo está tejida principalmente por mujeres.

El segundo nivel comienza cuando el animal es rescatado. Entonces aparecen tareas como atención veterinaria, vacunación, desparasitación, esterilización, alimentación, paseos y la búsqueda de un hogar temporal. En algunos casos también se brinda dinero a otra persona para que pueda hacerse cargo del perro.

Y rescatarlo no significa que el problema esté resuelto, ya que una vez estabilizado, comienza la búsqueda de una familia, sin certeza sobre cuánto tiempo tardará el proceso o incluso si finalmente será adoptado. Durante ese periodo, el cuidado requiere una inversión continua de recursos, tiempo y energía.

Del rescate a encontrar una nueva familia

La tercera fase identificada por las investigadoras corresponde a la adopción en el que las personas encargadas del animal elaboran materiales para difundirlo, publican su perfil en redes sociales, lo llevan a ferias de adopción, entrevistan a posibles adoptantes y posteriormente dan seguimiento para conocer las condiciones en las que vive.

La última etapa regresa al origen del problema: evitar que más animales lleguen a las calles.

Aquí aparecen nuevamente las campañas de esterilización, pero también jornadas de sensibilización y acopio de alimento. Son acciones preventivas que, según las investigadoras, intentan romper el ciclo de compra, abandono y reproducción que perpetúa la presencia de perros sin hogar.

Cuidar animales de la calle, un trabajo de medio tiempo

Uno de los resultados más reveladores del estudio aparece al calcular cuánto tiempo demanda esta red de cuidados.

Casi una cuarta parte de las personas encuestadas dedica más de 25 horas semanales a estas actividades, una cantidad que supera la duración de una jornada laboral de medio tiempo considerada por las investigadoras.

Incluso entre quienes reportaron una dedicación menor, el tiempo empleado puede equivaler aproximadamente a un día completo de trabajo cada semana.

Buena parte de ese trabajo ocurre además fuera de asociaciones formalmente constituidas en el que el 56% de las mujeres y 75% de los hombres encuestados dijeron realizar estas actividades principalmente de manera independiente. En segundo lugar aparecen quienes colaboran con organizaciones y posteriormente quienes se apoyan en vecinos o amigos.

Es, en ese sentido, una red difícil de observar en su conjunto: personas que alimentan animales en sus colonias, pagan tratamientos veterinarios, trasladan perros heridos, ofrecen temporalmente sus casas, financian esterilizaciones y utilizan sus propias redes sociales para conseguir adoptantes

El costo de cuidar a quienes fueron abandonados

Ese trabajo también tiene consecuencias para quienes lo realizan, debido a que casi la mitad de las mujeres participantes en el estudio reportó afectaciones emocionales, económicas y familiares relacionadas con estas actividades. Entre las situaciones consideradas por las investigadoras aparecen endeudarse o posponer gastos personales, experimentar estrés, ansiedad o tristeza y enfrentar tensiones familiares.

Por ello, Fosado y Rivero plantean que el problema de los perros en situación de calle no debe recaer exclusivamente en quienes deciden auxiliarlos.

Las investigadoras consideran que se trata de un fenómeno socialmente producido y, por tanto, de interés público, que requiere respuestas colectivas y apoyos estatales. De lo contrario, las labores continúan realizándose bajo condiciones de precariedad, falta de reconocimiento y sobrecarga, principalmente para las mujeres.

Abandono comienza antes de llegar a la calle

El Día Internacional del Animal sin Hogar permite así mirar el problema desde sus dos extremos.

En uno se encuentra la prevención: esterilizar, identificar a los animales, evitar camadas cuyo destino no está garantizado, adoptar responsablemente y asumir que incorporar un perro o un gato a una familia implica una responsabilidad durante toda su vida.

En el otro están los animales que ya fueron abandonados o nacieron en las calles y la red de personas que intenta mantenerlos con vida, recuperar su salud y encontrarles un hogar.

El propio estudio de la UNAM advierte, además, sobre un problema fundamental para conocer la verdadera dimensión del fenómeno en México: las cifras disponibles sobre abandono, maltrato y población canina en situación de calle siguen siendo fragmentarias y muchas proceden de estimaciones de organizaciones o reportes periodísticos, por lo que no deben presentarse como estadísticas nacionales verificadas.

Por ello, combatir el abandono no pasa únicamente por rescatar al perro que ya duerme en una banqueta. También implica evitar que el siguiente llegue hasta ahí.

La esterilización puede cerrar una de las vías que alimentan la sobrepoblación; la adopción puede ofrecer una salida a quienes ya carecen de hogar. Pero mientras el abandono continúe, detrás de muchos animales seguirá existiendo esa red invisible de personas que dedican horas, dinero y esfuerzo a resolver, desde las calles, un problema que las investigadoras de la UNAM plantean como una responsabilidad colectiva.

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