Lo mejor de "Toy Story 3" es Barbie, esa muñeca que en sus orígenes fue acusada de fomentar la anorexia y la vanidad en las niñas.

En la película esa muñeca de medidas imposibles -cintura de hormiga, piernas extra largas, cabeza grande- es una muñequita sensible, divertida, solidaria e incluso tiene ideas. Hay un diálogo en la película de la querida Barbie, una frase contestataria, que lo va a matar de risa.

Qué me dice de ese muñeco metro sexual llamado Ken, quien lucha por demostrar que no es un juguete para niñas y mucho menos un simple accesorio de Barbie. Si supiera que su precio es mucho menor que el de la muñeca seguro que se deprime más.

Ese par de nuevos personajes, que están en "Toy Story 2" pero sólo como presencias, no como personajes de peso y brillo, le dan vida a la tercera parte de la saga.

Existen otros giros interesantes en "Toy Story 3", detalles geniales, como los cambios de personalidad de Buzz Lightyear, un juguete con trastornos de personalidad, cuando convirtiéndose en un bailarín español, un latin lover de presencia irresistible.

Aparece un oso rosa con olor a frutas, Lotso se llama, quien es también un dictador; y un bebote, un muñeco tradicional de esos que mueven las manitas y hacen pipí, y que no es otra cosa que un Frankenstein con chupón y un ojo descompuesto.

Pero todo eso junto no es lo mejor de la película. La grandeza y genialidad de Toy Story -las tres- es que ha sabido acompañar a toda una generación en su proceso de crecimiento, logrando que la transición, eso que los adultos llaman madurar, haya sido menos dolorosa.

Gracias a Lasseter y su equipo de genios, entre ellos el director de "Toy Story 3", Lee Unkrich, les han enseñado a mucha gente cosas tan complicadas como la aceptación muerte, el peso la soledad y el valor la familia. Gracias a esa película descubrieron también que no era malo ni extraño jugar con juguetes, y que tampoco es bueno jugar al X-Box después de los 40 años.

En ese sentido "Toy Story 3" no es la mejor ni la peor de la trilogía, es igual que las anteriores, una pieza más de una obra maestra pensada en tres actos.

La diferencia es que con esta película, la llamada generación "Toy Story", se cierra un ciclo de su vida, una parte muy importante de su vida.

Esa generación que tenía entre 5 y 10 años cuando John Lasseter estrenó la primera parte de su obra maestra, en 1995, y ahora tienen entre 20 y 25 años. Los mismos que dejaron de ser niños para ser adultos cuando Lasseter estrenó "Toy Story 2", en 1999. Es decir, que ha crecido Andy, el niño de Goody.

Siempre he dicho que los que trabajan en Pixar no son gente normal y si no que alguien me explique cómo posible hacer tres películas, que desde la primera ya es un clásico, sin perder un gramo de calidad ni originalidad. No son gente normal, insisto.

[email protected]