La promesa de Teresa Margolles es, como cada vez es más frecuente en el arte contemporáneo, uno de esos proyectos que son más interesantes como concepto que como objeto. No es eso necesariamente un defecto: el arte existe no sólo para apreciarlo con los sentidos, sino también para aprehenderlo con la razón; para debatirlo, para pensarlo.

Y sí, La promesa pone a pensar, aunque de entrada la obra a esta reseñista la dejó fría. Margolles había optado en otras de sus obras por caminos más directos a la sensibilidad del público. De las instalaciones de Margolles he salido horrorizada, asqueada, conmovida, pero nunca fría. Es una sorpresa no salir emocionada de un trabajo de Margolles.

Uno llega a una sala del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) y lo que ve es una bardita que, a la altura de la rodilla, cruza la sala, muy oscura, de manera diagonal. El resto de la sala está vacío de no ser por tierra y restos de lo que parece fragmentos de un sitio en construcción. Algo de polvo se levanta al caminar. La sensación es por un lado de desconcierto, por otro de desolación: se siente uno muy solo en medio de esa oscuridad, de ese polvo, de esos restos de algo.

Sirve saber que La promesa es una instalación que parte del trabajo, ya prolongado, de investigación artística que Teresa Margolles ha hecho de la vida (y sobre todo, de la muerte) en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Rupturas y trituración

Margolles se ha interesado desde hace años por los feminicidios en esa ciudad, el narcotráfico, la terrible situación de los trabajadores de las maquilas, el desempleo y la violencia, siempre la violencia juarense, que hace de ese rincón frente al desierto fronterizo un lugar de terror.

No siempre fue así. Ciudad Juárez fue, por años, una ciudad pujante, liberal y progresista, cercana a Estados Unidos pero con una identidad propia. Un lugar a donde miles de personas de toda la república se mudaban en busca de una vida mejor. Esa vida es la promesa a la que hace referencia el título de la instalación.

Una promesa rota. Según informa el texto de sala, desde 2007 más 160,000 habitantes de Juárez (Juárez se ha convertido en una ciudad de paso, ya nadie es de Juárez, ni siquiera los que nacieron ahí) fueron desplazados por la violencia, el desempleo y la crisis económica. Las colonias de la periferia poco a poco se fueron llenando de casas vacías.

De esos tristes edificios parte La promesa como objeto. Margolles desmanteló una casa abandonada y con mucho cuidado (esto es importante, el cuidado con el que se trató al material: una manera de contrarrestar con cuidado y con ternura el abandono al que está sometida Juárez) fue transportada al DF y triturada. Con el resultado se lleno la sala del MUAC.

La instalación cobra vida cuando un grupo de voluntarios, durante una hora todos los días, mueven los restos de la casa para ocupar paulatinamente toda la sala.

De alguna forma, la casa vuelve a adquirir presencia. Una casa aspira a ser un hogar, estos restos desperdigados son lo que queda de la sensación de seguridad que tantos habitantes de Juárez han perdido.

La promesa queda incompleta si no se visita el Centro de documentación Arkheia, en el primer piso del museo. Ahí uno puede observar el archivo de la investigación de Margolles: el proceso de desmantelación de la casa; pilas de periódicos locales de Ciudad Juárez (de 2009 a 2012), todos con titulares que dan cuenta de descabezados, mujeres asesinadas y demás violencia cotidiana; entrevistas y una recopilación de versiones de La barca de oro , canción nostálgica donde las hay, interpretadas por distintos grupos juarenses.

¿Es arte La promesa? No lo sé. Al menos no es arte convencional. El arte no se trata de decorados, ni de objetos bonitos, se trata de una experiencia que mueve nuestra percepción del mundo. Sin duda La promesa nos sirve como evidencia de un horror al que la mayoría de los mexicanos no quieren ver de frente.

La promesa

  • MUAC.
  • Dirección: Insurgentes sur 3000, dentro del CCU.
  • Abierto: Miércoles, viernes y domingo, de 10 am a 6 pm.
  • Jueves y sábado, hasta las 8 pm.
  • Entrada: $40

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