Hace 20 años que la reconocida coreógrafa de danza contemporánea Tania Pérez-Salas estrenó la pieza Las aguas del olvido, una puesta en escena cuyo eje rector, protagonista y figura poética envolvente es el agua, un personaje omnipresente en el performance a través de un espejo acuático sobre el que accionan seis bailarines en escena; un proyecto que desde entonces, en 1998, ya planteaba la necesidad de reconsiderar el vínculo entre el ser humano y el líquido vital, de volverlo a mirar como una prioridad, como el elemento tan diverso que es: el espiritual, el de purificación, el de la transformación, y con ello hizo un llamado a procurar el recurso.

También hace exactamente 25 años que la ganadora del Premio Nacional de Danza fundó la compañía que lleva su nombre y con la cual le ha dado la vuelta al mundo, con presencia en los mejores festivales del orbe. Es decir, ha sido un año de plenitud y celebración para su proyecto.

En ese contexto, la compañía Tania Pérez-Salas fue responsable de inaugurar, la noche de este miércoles, las actividades de la edición XXI Festival Internacional de Arte Contemporáneo, con sede en León, Guanajuato, que se lleva a cabo hasta el 9 de noviembre y tiene como tema el Día Cero, para hacer un llamado al ya no tan distópico futuro en el que el agua simplemente sea inaccesible.

En ese marco, unas horas antes de su presentación en el Teatro Manuel Doblado de Las aguas del olvido, más la puesta en escena Religare, la cual se estrenó en junio de este año, en el Palacio Bellas Artes, como parte de las celebraciones por los 25 años de la compañía, la coreógrafa habló con El Economista sobre la importancia del agua y el mensaje de poder, más vigente que nunca, de su puesta en escena.

Un mensaje claro

“(Las aguas del olvido) es una obra que sigue viva, que ahora, al margen de presentarse artísticamente con una estética específica, tiene también y siempre ha tenido la intención de revalorar el agua, porque hemos recuperado el valor que tiene este elemento en nuestras vidas, incluso a nivel estético”, señaló.

Dijo que la particularidad de esta obra es que el público precisamente nota que la responsabilidad del protagónico de su pieza recae en el elemento que inunda todo el escenario. “Cuando hice Las aguas del olvido estaba cansada de que el centro de la obra fueran los personajes, el cuerpo de un ser humano, masculino o femenino. Decidí que el agua necesitaba recuperar nuestro entendimiento como un elemento fundamental en nuestras vidas”, expresó.

Lamentó, además, que en la gran mayoría de los trazados urbanos no se priorice la presencia de afluentes y zonas lacustres, pues se dijo segura de que “la experiencia de cruzar un río por la ciudad es capaz de mejorar la calidad de vida de las personas”.

La fuerza de la propuesta de la obra con dos décadas de vida ha cobrado tanta relevancia en ese sentido, expuso, que hoy en día se presenta a jóvenes estudiantes como parte de los programas de concientización del cuidado del vital líquido.

Lo más reciente

Además de Las aguas del olvido, la compañía que encabeza presentó la reciente pieza bailada por nueve elementos, Religare, que, aclaró, por el contrario, tiene que ver más con lo terrenal, con la agricultura y con el camino de la vida.

Refirió que la idea de ofrecer lo último de su genio creativo fue precisamente la de poner a disposición del espectador un panorama de cómo ha cambiado la compañía en un cuarto de siglo. “Se trata de ver ese camino coreográfico, la transición entre una obra y otra. Estamos festejando”, destacó.

Aseguró que todas las obras que ha presentado la compañía que lleva su nombre “son una lectura de la historia personal, de mi contacto con la mexicanidad y con el público tan diverso a través de la danza que es un lenguaje universal”.

También dijo que es importante encausar la tecnología para la protección de los recursos y la garantía “de que nuestros nietos van a tener lo que nosotros hemos disfrutado, la vida que hemos tenido en el campo y que se ha ido perdiendo, a través del agua y de la tierra; para inventar cosas que calmen este planeta”.

Por último, celebró la presencia de festivales al interior de la República (como el propio Festival Internacional de Arte Contemporáneo) que faciliten la presencia de grandes producciones escénicas y de artistas mundiales de primera línea, gracias a que son programas compartidos que reducen los costos de logística, lo cual hace posible llevar mensajes de valor como los que difunden sus puestas en escena.

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