Sobre el escritorio de José Saramago: un montón de libretas, algunas para tomar notas y otras para agendar citas, algunas más se esconden como tesoros, como es el caso de la agenda que corresponde al año 1986, la cual, casi por la mitad, contiene una rosa marchita que marca una fecha, el 14 de junio, día en que murió en Ginebra el escritor argentino Jorge Luis Borges. Pero la rosa no se encuentra ahí por la admiración que Saramago siente por el argentino, sino porque ese día se citó con Pilar del Río para tomar un café y ella se convertiría en el amor de su vida.

Así como esta libreta hubo otros apuntes escondidos, incluso una novela perdida, la cual, un par de años después de la muerte de Saramago, su viuda Pilar del Río y la editorial Alfaguara presentaron hace unos días en Madrid. La novela lleva por nombre Claraboya y es su primera novela.

Saramago la escribió hace 50 años, cuando tenía 31 y era un joven escritor ilusionado por la posibilidad de ver su obra en las marquesinas de las librerías con su nombre impreso. Llevó su obra a una editorial, pero pasó el tiempo y no obtuvo respuesta.

Al cobijo de esta anécdota, tuvimos la oportunidad de platicar con Pilar del Río, su traductora al español, quien responde desde el otro lado de la Tierra, en Lanzarote.

¿Qué cree que Saramago le ?aconsejaría a un joven escritor ?que ilusionado lleva su manuscrito ?a una editorial?

A José Saramago no le gustaba dar consejos. Pero si se veía forzado a darlos, decía que un joven escritor lo que tiene que hacer es... leer mucho. La mejor escuela es la lectura. Y luego, no perder tiempo pero tampoco tener prisa. A la hora de escribir ficción, que para él siempre era algo más que contar historias, conservó, él decía, su apuesta por los personajes humildes, gente de poco tener y mucho sentir que es lo que más abunda en la tierra, junto con el paisaje.

Él no tuvo prisa. Se afeitaba tranquilo en su casa una mañana de 1989 cuando recibió una llamada de la editorial, resulta que habían descubierto el manuscrito de Claraboya durante una mudanza. De inmediato le propusieron publicarlo (ya era un escritor conocido, pero todavía no ganaba el Nobel) y Saramago no mostró ningún interés en que ese libro se publicará. Trabajaba en la redacción de El Evangelio según Jesucristo.

¿Qué te gustó más de Claraboya cuando lo leíste?

Me gustó el libro y me dio pena que no quisiera publicarlo ya, ya, pero él siempre tuvo muy claro que no querría irse encontrando con ese libro por las esquinas o por los estantes. Bien es verdad que dijo que quienes vinieran detrás hicieran lo que creyeran conveniente con ese original.

En cualquier caso, él no hablaba mucho sobre los libros acabados, prefería hablar sobre el mundo porque para él el mundo necesita ser hablado . Entonces prefería contar lo que proyectaba para el futuro. Saramago siempre era -y de alguna forma sigue siendo- un hombre de futuro. Lo vemos en la rabiosa actualidad de su pensamiento, en sus análisis acerca del momento actual, de la crisis económica -que él decía era una crisis moral.

¿Cuál fue la razón para que él no quisiera verla en publicada?

Supongo que le recordaría el desaire recibido cuando más falta le hacía tener un apoyo, la falta de respeto que supuso que no le respondieran y no le devolvieran el original en el que había empleado tantos años. Supongo. Además, cuando Saramago cerraba una puerta, esa puerta estaba cerrada. En este caso dejó la posibilidad de reabrirla cuando ya no estuviera. Y es lo que hemos hecho quienes estamos más cerca, abrirla para encontrarnos de nuevo con él. Es un acto de complicidad, algo así como si le ganáramos espacio a la muerte.

Claraboya es una luz que ilumina la obra de Saramago y su vida. No es sólo luz que enseña los orígenes o al escritor cuando joven. Es un tragaluz, sí, que muestra como se vivía en Lisboa en los años 50, pero también es una linterna con la que caminar por el resto de su obra: si el lector lo intenta, verá que tengo razón.

¿Qué opina del reciente montaje ?de la UNAM de Don Giovanni o el ?disoluto absuelto (de Saramago)?

Es un Don Juan transgresor y divertido que lleva a escena Tony Castro y, que según me cuentan, es un montaje notabilísimo. Se trata de la última obra teatral de Saramago, escrita originalmente para una opera que produjo el Teatro alla Sacala de Milán y que luego se representó en más países.

Saramago quería verlo en teatro, además de cantada. Es una lástima que él no llegara a tiempo de disfrutar del montaje de Tony Castro, con quien trabajó en Guadalajara y por quien tanto respeto sentía, no sólo por él, sino también por Mónica Raya, que también participa en el montaje. Espero verla el mes próximo porque muchos amigos me han escrito para decirme que es un hallazgo .

aflores@eleconomista.com.mx