No parece desde afuera, pero la casa de Gabriel Retes (Ciudad de México, 1947) es un paraíso. Libros que conviven con esculturas, pósters de cine y otras obras de arte; libros de cine en su mayoría, pero se destaca por ahí un catálogo del Doctor Atl junto a tomos como Cuentos de cine y Hollywood Babylon.

¿Por qué llama la atención el libro de Atl? Porque es el personaje que Retes interpreta en su más reciente, La Revolución y los artistas, cinta en la que también aparece el caricaturista de El Economista, Antonio Neri, mejor conocido como Nerilicón como Fermín Revueltas. “No sabes qué buen actor salió el Neri”, dice generoso Retes, “además de que es igualito a Fermín”.

Gabriel Retes, autor de películas adelantadas a su tiempo como El bulto, Bienvenido-Welcome y La ciudad al desnudo, está celebrando 50 años de trayectoria y la Cineteca Nacional se une al festejo con una retrospectiva amplia de su carrera en la pantalla como actor y como director.

Todo comenzó cuando Retes era niño. Hijo de la leyenda del teatro Ignacio Retes, fundador de los teatros del IMSS (y de quien este año se celebran 100 años de su nacimiento), don Gabriel se describe a sí mismo como “un niño culto”, y lo dice sin falsa modestia, que se subió al escenario muy temprano (y hasta ahora no lo han bajado).

Su madre, explica, lo dormía viendo obras de arte de Rembrandt, por ejemplo, y con música clásica y jazz.

“Veía tres películas al día, pero lo hacía por divertimento, no me fijaba ni en quién la dirigía o la escribió, si acaso en los actores”.

Eso cambió cuando a los 20 años de edad conoció a Alejandro Galindo, el director mítico del Cine de Oro mexicano, quien lo invitó a hacer con él una película. “Me dijo que era en los Estudios Churubusco y tal y cuando llegué al primer día del rodaje cambió mi vida”. La cinta aquella fue Cristo 70, cinta controversial.

A Retes le da por la controversia. Dice que él no es sino un disidente, alguien que siempre ha trabajado con libertad, que no permite “que le toquen una imagen o una palabra” de sus películas. Él se dice a sí mismo “defeño” porque no le gusta que nos hayan endilgado esto de la “CDMX”. “Para ser correctos nuestro gentilicio debería ser mexicas, pero los políticos no leen, no saben de historia”. Sin ahondar mucho en política dice que su partido es México.

“Y el que demuestre estar más a favor de México tendrá mi voto… Los políticos no entienden que este país se fue a la mierda cuando se olvidó de la educación y la cultura. Por eso mi nueva película, La Revolución y los artistas habla del proyecto educativo posrevolucionario comenzado por Álvaro Obregón y José Vasconcelos, que se empezaron a traer de vuelta a todos los artistas e intelectuales que se habían ido del país por la guerra. Vasconcelos les abrió las puertas, les dio las paredes para sus murales, en fin, tenía un proyecto de educación pública que se acabó con Calles y el Maximato”.

Para Retes lo que hace falta en México es la llegada del rey filósofo de Platón. O dicho en palabras del cineasta: “Un presidente que sea artista, un pintor, un poeta, alguien que vea a un niño de 7 años vendiendo en la calle y entienda que no está bien, que se conmueva”. Es la sensibilidad, pues, lo que Retes desea para México.

De joven a maestro en unas cuantas cintas

Era un joven cuando se compró una cámara Súper 8, con cinta y moviola (el adminículo que se usaba para editar lo filmado) y se puso a hacer cortometrajes. “Con Bandidos, Los años duros y Tribulaciones de una familia burguesa gané tres años seguidos el premio de la ANDA. Tribulaciones… por cierto, es una película perdida, nadie sabe dónde quedó”. ¿Dónde está esa pieza perdida del rompecabezas retesiano?

Después de esos triunfos, en época de Echeverría a Retes lo manda llamar el Estado, bajo el nombre de Banco Nacional Cinematográfico, para realizar una película que acabó siendo Chin Chin el teporocho, obra clave de los años 70.

De ahí Gabriel Retes estuvo bajo el ala del Estado hasta que dirigió Nuevo mundo, historia desmitificadora de la virgen de Guadalupe —“yo soy agnóstico pero profundamente guadalupano”— que no gustó a Margarita López Portillo y se la censuró. “La virgen es un símbolo mexicano, todos los movimientos revolucionarios, todas las insurrecciones nuestras han sido encabezados por la Señora, pero eso no gustó a las autoridades”.

Después hizo Flores de papel, que llegó a la Berlinale, a pesar de la censura en su propio país. “Yo andaba ahí, por las calles de Berlín regalando flores de papel porque éramos la representante mexicana y no teníamos otra promoción”.

Sin apoyo, se dio cuenta que si quería libertad tenía que buscarla él mismo. Por eso Gabriel Retes es uno de los padres, si no el mero padre, del cine independiente mexicano. Con otros cineastas creó la Cooperativa Mixcoac, que produjo “25 o 30 películas” (y lo dice así, como si fuera poca cosa) “y ahí estábamos los cineastas, arreando a la gente al cine porque era una época muy difícil para el cine mexicano”.

Una película rompemadres

Podríamos hablar de El bulto o Bienvenido-Welcome (una de las primeras películas latinoamericanas en hablar del sida) como sus dos grandes clásicos. El bulto nació de una profunda depresión en la que Retes pasó 6 meses alejado del mundo. “Deambulaba por la casa en pijama, sin verme en el espejo. De repente llegó el cumpleaños número 20 de mi hija y mi mujer de entonces y ella me convencieron de salir. Y al verme en el espejo se me ocurrió: ¿qué pasaría si alguien se quedará dormido 20 años, un Rip van Winkle mexicano?”.

De ahí El bulto, de la cual ya piensa hacer una secuela: El bulto para presidente, la cual ya tiene pensada, planeada y escrita. En varios cuadernos que guarda por ahí tiene todas sus ideas, todos escritos con una letra mayúscula como de imprenta, clara y grande.

Pero su verdadera cinta rompemadres es una que pocos conocen y que casi le censuraron: La ciudad al desnudo.

La ciudad al desnudo, estrenada en 1984 en cines como el Teresa y el Savoy (estrategia gubernamental para censurarla porque era “muy fuerte”), es una cinta adelantada a su tiempo. Parece filmada ayer: violencia contra las mujeres, una violación, feminicidio. Y además cuenta con los debuts de Luis Felipe Tovar y Damián Alcázar, que dan actuaciones fascinantes.

Si el futuro es hoy, el futuro del cine debería ser el cine de Gabriel Retes.

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