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"Rabia", magnífica y envolvente
Vale la pena ver "Rabia", cinta escrita y dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero y producida por Guillermo del Toro y Berta Navarro, por muchas razones, aunque la cinta nos deja la sensación de que pudo ser grandiosa y se quedó un poco (muy poco) corta.

Vale la pena ver Rabia, cinta escrita y dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero y producida por Guillermo del Toro y Berta Navarro, por muchas razones, aunque la cinta nos deja la sensación de que pudo ser grandiosa y se quedó un poco (muy poco) corta.
Rabia tiene: una estupenda premisa (basada en la novela homónima de Sergio Bizzio), actuaciones convincentes y una envolvente ambientación (responsabilidad de Eugenio Caballero) que, junto con el magnífico trabajo de cámara (de Enrique Chediak), mete al espectador de lleno en la historia.
José María (el mexicano Gustavo Sánchez Parra, excelente, furioso y oscuro) está de trabajador inmigrante en España, es celoso y tiene mal carácter, sin embargo es dulce y bondadoso con Rosa (Martina García), su joven y bella novia colombiana que trabaja como empleada doméstica en una mansión madrileña.
Los enojos de José María no tardan en causar un problema grave: un muerto. Para huir de la policía, el inmigrante ilegal se oculta en la enorme casa donde trabaja Rosa y vive el anciano matrimonio del señor y la señora Torres. Y ahí se queda durante meses, convirtiéndose, para todo propósito, en un fantasma.
La película ha sido premiada en Guadalajara, Málaga y Tokio, y al verla no cabe duda de por qué.
En la actuación, por ejemplo, basta que un personaje aparezca y diga un par de frases para delinearlo por completo, lo que sigue es profundizar en su personalidad y en las relaciones que mantiene con los demás personajes.
Casi casi basta la mirada de Álvaro Torres (Alex Brendemühl) para saber que es el hijo de los señores de la casa y que tipo de hijo es. Cuando explica que viene a pie por haber vendido su coche y su madre le responde que su padre no le va a querer dar más dinero sólo confirmamos nuestra intuición y generamos las siguientes hipótesis.
Y sin duda basta que un capataz diga Aquí se viene a trabajar, que no estás en tu país , para que entendamos que la rabia de José María no es la de un simple loco sino que tiene un profundo arraigo histórico y social.
Además de un par de errores de continuidad (un baño que no sabemos cómo se limpia y una panza de embarazada que aumenta de un día para otro), la cinta sólo tiene un pequeño pero que tal vez sólo lo sea al muy personal criterio de este reseñista:
Después de que no sólo nos presenta el conflicto en todas sus dimensiones sino que nos incluye en el mismo, no nos ofrece una salida o desenlace. Los personajes no cambian. El nudo permanece. Aunque esa bien puede ser la intención de la cinta, entonces hubiera sido bueno apretar aún más el nudo.