Como consecuencia de la emergencia sanitaria acontecida a nivel mundial por la propagación de la pandemia generada por el coronavirus SARS-CoV-2, fue recomendada la desinfección de las superficies para detener la transmisión del virus entre personas. ¿Pero con qué productos?

El empleo del jabón vinculado a la idea de la limpieza ha dado forma a nuestro panorama social y político durante milenios. Pero no siempre fue así. El primer uso documentado de jabón está descrito en una tableta cuneiforme elaborada hace 4,500 años y encontrada en la antigua ciudad sumeria de Girsu, en lo que hoy es el sur de Irak.

El documento refiere al lavado y al teñido de la lana. Para teñir adecuadamente la lana, es preciso eliminar antes la lanolina, un tipo de cera natural producida por las glándulas sebáceas de algunos mamíferos, especialmente los ovinos, lo cual se logra mucho más fácilmente añadiendo jabón.

Años después, la limpieza se convirtió en una práctica usada a menudo en rituales o para eliminar el olor, más que para eliminar desechos humanos o animales como una posible fuente de infección.

Sin embargo, la urbanización acontecida en los últimos siglos impulsó el rápido desarrollo social y habitacional humano intensificando los problemas de gestión de los desechos, las prácticas de saneamiento y la salud pública.

Con el tiempo, nuestras razones para consolidar las prácticas relacionadas con la limpieza han evolucionado hasta incorporar el manejo o la prevención de las enfermedades infecciosas.

Desinfectantes, sanitizantes y antisépticos

Hoy en día, los productos desinfectantes de superficies están sujetos a requisitos rigurosos y deben superar pruebas exigentes para comprobar la eficacia que muestran en la desinfección de superficies.

Muchos de estos productos están registrados como sanitizantes y desinfectantes, pero ambos conceptos son diferentes y muestran notables diferencias. También existen diferencias entre los términos antiséptico y desinfectante.

Un germicida es un agente que puede matar microorganismos, en particular organismos patógenos que comúnmente llamamos “gérmenes”.

El término germicida incluye tanto antisépticos como desinfectantes. Los antisépticos son germicidas que se aplican a los tejidos vivos y a la piel, mientras que los desinfectantes son antimicrobianos que se aplican solo a objetos inanimados.

Antes de realizar un proceso de saneamiento o de desinfección es aconsejable efectuar un trámite de limpieza con agua acompañada de jabón o algún tipo de detergente.

Esta actividad ayuda a eliminar los agentes patógenos o reduce considerablemente su concentración en las superficies contaminadas. Por eso es indispensable limpiar previamente a cualquier método de desinfección. Si no, corremos el riesgo de que la materia orgánica impida el contacto directo de un desinfectante con la superficie y anule las propiedades microbicidas o el modo de acción del producto.

La sanitización, saneamiento o higienización emplea productos químicos para eliminar gérmenes en objetos y superficies, reduciendo la población microbiana en el material inerte o tejido vivo hasta niveles seguros. Algunos sanitizantes comunes son las soluciones de alcohol.

Por su parte, el concepto de esterilización hace referencia a la destrucción de todos los microorganismos, patógenos y no patógenos, contenidos en una parte u objeto empleando medios físicos o químicos.

En cuanto a la desinfección, se trata de un proceso que puede realizarse limpiando, saneando o combinando ambas prácticas y describe un proceso que elimina muchos o todos los microorganismos patógenos, excepto las esporas bacterianas, en objetos inanimados, aunque algunos desinfectantes matan las esporas con tiempos de exposición prolongados (3 a 12 horas).

Los factores que afectan a la eficacia de la desinfección incluyen la limpieza previa del objeto, la carga orgánica e inorgánica presente, el tipo y nivel de contaminación microbiana, la concentración y tiempo de exposición al germicida, la naturaleza física del objeto, la presencia de biopelículas, la temperatura y pH del proceso de desinfección. E incluso, en algunos casos, la humedad relativa.

Cómo elegir un desinfectante

Al seleccionar los desinfectantes hay que tener en cuenta los microorganismos que queremos eliminar, la concentración y el tiempo de contacto recomendados, la compatibilidad de los desinfectantes químicos con las superficies que se tratarán, la toxicidad, la facilidad de empleo y la estabilidad del producto.

La relación de desinfectantes químicos de uso corriente incluye entre otros al ácido peracético, el peróxido de hidrógeno, el alcohol isopropílico, el formol, el glutaraldehído, los compuestos de amonio cuaternario, algunos compuestos fenólicos, los yodóforos y el hipoclorito sódico.

Los productos a base de hipoclorito, como la lejía, pueden actuar como desinfectantes y sanitizantes a la vez, porque el hipoclorito tiene un amplio espectro de actividad antimicrobiana y es eficaz contra varios agentes patógenos comunes en distintas concentraciones. Por ejemplo, es habitual emplear productos a base de cloro cómo el hipoclorito al 0.1 % (1,000 ppm) para la desinfección general del entorno inmediato. O al 0.5 % (5,000 ppm) cuando se producen derrames cuantiosos de sangre y otros líquidos corporales sobre superficies.

¿Y qué hay de los viricidas, de los que tanto se ha hablado con la pandemia de coronavirus? La Real Academia Nacional de Medicina de España define viricida como un tipo de agente que mata o es capaz de matar los virus. Algunos de los productos viricidas autorizados y registrados en España que han demostrado eficacia frente al coronavirus SARS-CoV-2 atendiendo a la norma UNE-EN 14476 quedan recogidos por el Ministerio de Sanidad.

En la sociedad global actual, los brotes de enfermedades infecciosas pueden propagarse con rapidez y facilidad a través de fronteras y continentes, lo que tiene un impacto catastrófico en la salud y en la economía global. No existe una solución única para prevenir la propagación de infecciones microbianas. Es más, a menudo se requiere una protección con barreras múltiples, entre las que por supuesto tienen cabida los altos estándares higiénicos y el empleo adecuado de los desinfectantes.

Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.