Posproducción es uno de los laberintos más profundos, planeados, indispensables y necesariamente invisibles de la industria cinematográfica y de los servicios vía streaming. Es un proceso que, a pesar de lo estigmatizante de su nombre, comienza desde que inician las grabaciones de una serie o una película y concluye con la entrega del material prácticamente listo para exhibirse.

Ver una cinta carente de posproducción no tendría sentido: sería como ver un video sin edición, generación de gráficos ni de música, sin edición de sonido, corrección de color ni generación de vfx (efectos visuales), entre otros detalles. Es el trabajo invisible, pero indispensable de la industria.

Juan Casaus ha trabajado para Labodigital por cuatro años. Ahí fue escalando puestos hasta convertirse en jefe de posproducción. Se ha involucrado en proyectos como Sr. Ávila, de HBO, o La balada de Hugo Sánchez, para Netflix, pero también ha trabajado para proyectos fílmicos como la laureada cinta Pájaros de verano, de Colombia, y La región salvaje, de Amat Escalante, y para cineastas como Michel Franco, Manolo Caro y Lorenzo Vigas, por mencionar algunos.

Esbozos del proceso

Cuenta que Labodigital comienza a involucrarse de manera práctica desde la recolección de los materiales que se graban, el flujo de datos (es decir, la descarga del material grabado a cada una de sus asignaciones), en definir lo que se hizo en un día de trabajo y después la parte editorial, como delimitar el flujo de trabajo de acuerdo con los requerimientos de cada producción. Refiere que, a diferencia de las series, en las películas los procesos de producción son más cortos, aunque eso puede variar dependiendo de los plazos establecidos antes de la fecha de deadline o de entrega del resultado, que, confiesa, a veces son muy reducidos.

“Se piensa que cuando el editor acaba su parte, ahí termina la posproducción, pero prácticamente ahí empieza para nosotros y es todo el trabajo invisible”, dice.

El trabajo se divide en dos: posproducción de video y de sonido. En esta segunda, entre otros rubros, “existe la figura del supervisor de sonido que es quien define cómo se escucha una locación, porque, por ejemplo, Netflix dobla todos los productos a todos los idiomas y necesitan tener una pista internacional que tenga todos los sonidos excepto el diálogo”, explica.

En el apartado de imagen, hay más intermediarios. Por ejemplo, el colorista que genera un look que sea coherente con la historia y que esté de acuerdo con lo que filmó el fotógrafo y con los requerimientos del director. También está el supervisor de vfx, responsable de detalles tan diversos como los insertos en las pantallas de televisiones o celulares que no se grabaron en conjunto o el diseño de animales en CGI (computer-generated imagery).

Lamenta que, aunque son menos las veces, las producciones graban en set los vfx sin ningún tipo de consideración con la posproducción. “Es lo que dice todo el mundo: ‘lo arreglamos en post’ —bromea. Pero al final resulta un gran problema porque casi nunca queda tan bien como si se hubiera diseñado originalmente en post. Entonces, cuanto antes entre la casa posproductora al proyecto, mejor”, asegura.

Entre la producción y la posproducción hay una persona que sirve como articulación. Generalmente, en las series sobre todo es el supervisor de posproducción. “Esta persona es la que está más en contacto con ambas partes y se encarga de determinar quiénes serán los proveedores del proyecto, cuáles serán sus tiempos y presupuestos”, detalla. Agrega que recientemente él mismo hizo las veces de este vínculo en La balada de Hugo Sánchez.

Networks

“Se está produciendo más que nunca en México, sobre todo por las series; al grado de que las casas de renta no tienen suficientes cámaras y nosotros estamos hasta arriba de trabajo. Es difícil porque los proveedores se quedan cortos con el volumen que hay ahora. Las networks, como Netflix o HBO, son las que están empujando más a la profesionalización de la industria y más de la posproducción”, afirma. Explica que Netflix tiene especificaciones de estándares de calidad muy claros de los productos que se le entregan, entre ellas que rigurosamente sean productos en resolución 4K (es decir, con 4,000 pixeles de resolución horizontal), un flujo de color específico, un tipo de encuadre “y una serie de entregas que son difíciles de conseguir si no tienes pericia en la materia”.

Refiere que, para que todo este proceso se lleve a cabo bajo el rigor de las especificaciones, estas compañías tienen managers que coordinan los equipos interrelacionados. Requieren de mucho control de sus productos, tanto técnico como creativo. Dice que Netflix tiene un procedimiento (Netflix post partner) que se encarga de certificar laboratorios donde la calidad de posproducción entra dentro de sus estándares, incluyendo a Labodigital.

Agrega que el laboratorio para el que trabaja “tiene un papel importante a nivel regional, porque trabajamos con Netflix, con Fox, Sony, Warner y Corazón Films, por ejemplo, pero no sólo eso sino que regionalizamos sus contenidos. Hacemos doblaje incluso. En posproducción, hemos sido los primeros en trabajar en 4K y HDR, como lo hicimos con Sr. Ávila, el cual, asegura, es uno de los proyectos que más satisfacciones le han dado”.

Garantía de seguridad

Ingresar a Labodigital requiere de pasar por varios filtros de seguridad. Todo lo que sucede al interior está monitoreado por un minucioso circuito de cámaras de video. Para la empresa, estos protocolos son imprescindibles. Es una garantía de confidencialidad y de resguardo de la propiedad intelectual de los productos fílmicos con los que trabaja. Todo el proceso, desde que se reciben los materiales hasta que se entrega el resultado, está pensado para su protección.

Edgardo Mejía, gerente de Labodigital, refiere que estos protocolos obedecen a la profesionalización de la plataforma, a la seriedad de la industria y al cuidado de los inversionistas.

Coincide en que “hoy en día no hay tantos jugadores como demanda el mercado. Hay más proyectos que proveedores”, aunque asegura que la intención es llevar al mercado a los estándares de Hollywood.

Defiende, por un lado, la democratización de los servicios como los que ofrece Labodigital, por compañías con presupuestos más bajos, pero exige la profesionalización del mercado en general. Argumenta que “el riesgo no es la compañía sino la propiedad intelectual del producto. Si la propiedad intelectual está en un lugar donde corre un riesgo, es decir, que pueda desaparecer, que se pueda borrar, que alguien se la lleve, entonces, ¿a quién le estás confiando tu material? No hablo de sus estándares de calidad sino que no cumplen con un sistema de seguridad que da todas las certificaciones. Tu inversión tiene que estar en un lugar seguro”.

El protocolo en Labodigital es tan minucioso que se tiene controlado quién toca el producto en todo momento o que las máquinas no tienen puertos de USB para generar copias de nada.

La empresa, dice, sigue un protocolo de seguridad internacional que permite cumplir con los controles de seguridad de los productos que se trabajan, sobre todo porque muchos de estos proyectos se conciben como producciones de la más alta calidad que figuran en las grandes premiaciones. “Se trata de blindar los procesos y estandarizarlos a los mercados más maduros. Pero no estamos lejos”, asegura.

[email protected]