“Necesitamos una revisión profunda de nuestra ley obsoleta federal de cinematografía. Necesitamos medidas arancelarias y de protección a la exhibición de nuestra producción cinematográfica. Los bienes culturales no pueden ser tratados como mercancía, sujetos a la oferta y la demanda que rige en el mercado mundial y exigimos que nuestras películas sean vistas en las mejores condiciones”, señaló Ernesto Contreras Presidente de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) en la ceremonia del Premio Ariel.

Y añadió: “En México el colonialismo cultural al que estamos sometidos es feroz y se consume aquello que mayoritariamente se produce en los países hegemónicos; pero no confundamos al cine, al arte cinematográfico, con la industria global del entretenimiento. Al paso que vamos estaremos trabajando con las grandes empresas productoras globales en contenidos de consumo masivo, efímero e inmediato. ¿Vamos a ceder todos los espacios a los criterios implacables de la lógica del mercado que no pondera la calidad sino la ganancia inmediata? No, el público tiene el derecho de acceder a su producción nacional”.

Fue el posicionamiento de la AMACC, un discurso que se ha repetido durante varias ediciones del Premio Ariel en defensa del cine mexicano, que se ve desplazado por Hollywood.

Un Ariel elegante y político

La noche comenzó con la presentación de la cantante Lila Down en la parte musical; antes, por la alfombra roja, desfilaron actores, directores e invitados. Muchos protestaron con un botón o playera con la frase “No son Tres. Somos TodoXs” en referencia a los estudiantes de cine desparecidos y asesinados en Guadalajara.

Un discurso que se repetiría a lo largo de la noche, que incluyó un minuto de silencio por la desaparición de miles de personas en México, junto al grito de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

El actor Héctor Bonilla dio la bienvenida a los asistentes, y señaló que: “Las películas que compiten al premio Ariel revelan algo con su critica a la violencia y la intolerancia que nos esta asediando como sociedad. El cine mexicano ha evitado ser cómplice del silencio en una época siniestra donde necesitamos una sociedad participativa para sacar adelante al país”.

Y arrancó la noche del Ariel, donde se eliminaron los dibujitos e improvisación en el escenario del año pasado para darle seriedad del premio que lució elegante, sincronizado y con mayor presupuesto que en el 2017.

Miguel Rodarte, ganador por Tiempo compartido, señaló que “México es más que cine violento y del narco y películas como ésta muestra que nuestro país es mucho más”.

El momento especial sucedió con La muñeca tetona de Diego Enrique Osorno y Alexandro Alderete, que ganó el Ariel en la categoría Mejor Cortometraje documental y agradecieron al ex presidente Carlos Salinas por la entrevista para el proyecto y Osorno recordó: “Hoy se cumplen nueve años del Incendio de la guardería ABC provocado por la corrupción de este país y yo debería estar marchando con ellos” y es que en la explanada de Bellas Artes un grupo se manifestaba ante la tragedia.

Durante la ceremonia se entregó El Ariel de Oro a la actriz Queta Lavat y al cinefotógrafo Toni Kuhn, en reconocimiento a su trayectoria.

Meme de Café Tacuba puso el momento emotivo al cantar mientras se proyectó el Inmemoriam, recordando a los miembros de la comunidad cinematográfica que murieron.

Así transcurrió la ceremonia 60 años del Ariel, un evento correcto, que por momentos llegó a ser emotivo, con discursos en defensa del cine mexicano y de protesta ante la violencia que sucede en México; pero sobre todo fue la muestra de una comunidad cinematográfica unidad, fuerte y creativa pese a todos los problemas a los que se enfrenta el cine mexicano.

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