La pandemia por COVID-19 ha limitado la vida de millones de personas en el mundo. Las experiencias que antes eran comunes las hemos cambiado por noticias sobre contagios, largas estancias en los hospitales, muertes cercanas, distanciamiento y la mínima interacción física posible. A esta preocupación sanitaria se le agrega la incertidumbre laboral, la falta de libertad, así como la inseguridad de un futuro. Y todo esto ha sucedido de manera prolongada.

El proceso se ha tenido que vivir de manea aislada, provocando una merma importante en nuestra salud mental, misma que si ya desde antes de la pandemia se veía como un tabú, hoy se ha dejado de lado por las múltiples preocupaciones, pero “nada más erróneo que dejarlo pasar”, asegura Sandra Shaffer, directora del Centro Psicoaprende y de la Fundación Neurociencias para el Desarrollo Integral del Individuo.

Si empezamos a sentir que no estamos funcionando como quisiéramos, si ya nos está afectando en nuestros ciclos de sueño, en la alimentación, si ya no disfrutamos las cosas que antes sí, si no retenemos la información, estamos desconcentrados, y todo esto comienza a mermar las funciones habituales y nuestras relaciones personales, es momento de acudir con un especialista. 

Nunca es tarde, el primer paso y el más importante es estar conscientes de que tenemos un problema, con esto ya se tiene el 50% ganado, reconocer que tenemos una situación que nos está causando problemas en diferentes áreas de nuestra vida y querer resolverlas es fundamental”.

Además es un sentimiento generalizado, saber que no somos los únicos también nos debe dar el impulso para atendernos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el estrés postraumático, la ansiedad y la depresión se han presentado cinco, cuatro y tres veces más, respectivamente, de acuerdo con las cifras mundiales en este periodo de la pandemia. No estás solo en esto.

La salud mental no es una receta de cocina

Al ser un problema del que poco se habla en las familias, la gente ha tratado de resolver en muchos casos con un abuso en el uso de sustancias, por ejemplo la automedicación de antidepresivos o somníferos, pero también con estupefacientes y alcohol, con la idea de lograr un comportamiento más reflexivo y tranquilizante, sin embargo todo esto se aleja de atender el problema de raíz.

Shaffer explica que la parte emocional también tiene un impacto en la parte física: “inconscientemente los problemas psicológicos, las emociones, se transforman en síntomas que afectan tu cuerpo. Los problemas se somatizan, es decir, se vuelven físicos, así la tensión y el estrés se manifiesta en dolores de cabeza, espalda, fatiga, incluso se vuelven problemas cardiacos o digestivos”.

Por lo anterior la especialista pide buscar la atención necesaria. “Hay muchas personas que me dicen, yo no quiero ir al neurólogo o al psiquiatra para no ser medicado; que eso no nos limite”, dice, pues no hacer nada es la peor opción. “Hay muchas oportunidades y podemos decidir cual es la que más nos gusta, nos acomoda y nos puede resolver nuestro problema”. Ella es enfática: “la salud mental no es como una receta de cocina, para estos padecimientos no hay tratamiento único”.

Por ello explica que para apoyar nuestra salud mental hay cosas que podemos hacer por nosotros mismos como: crucigramas, sopas de letras, jugar ajedrez, la lectura, incluso yoga, actividades donde estimulamos el cerebro y donde se requiere un esfuerzo mental. Pero si esto se ha mantenido por mucho tiempo y nos vemos rebasados, es momento de la ayuda profesional.

Neurofeedback

Las vías de apoyo son muchas, pero la maestra Shaffer hace referencia a una que ha presentado buenos resultados y evita los fármacos. El neurofeedback, un tratamiento no invasivo también llamado retroalimentación electroencefalográfica, es un tratamiento neurocomportamental destinado a la adquisición de autocontrol sobre determinados patrones de actividad cerebral y la aplicación de estas habilidades en las actividades de la vida diaria.

Explica que un área específica de nuestro cerebro que podría verse involucrada cuando hablamos de trastornos en épocas de pandemia es la corteza prefrontal, misma que permite la integración y procesamiento de las distintas informaciones que vienen a nuestros sentidos, y la existencia de habilidades complejas del pensamiento y la conducta adaptativa. También tiene a cargo la planificación, organización, memoria de trabajo, el almacenamiento temporal de la información, la capacidad de generar objetivos, desarrollar planes de acción, regular la flexibilidad o capacidad para reflexionar y tomar las mejores decisiones y adaptación al entorno.

El neurofeedback justo pretende regular esta área que en ocasiones se ve alterada, por ejemplo, las ondas Delta, que son más lentas, deben predominar por la noche, pero en momentos de depresión este es el estado que prevalece, por eso el cerebro anda lento. Por el contrario una persona con ansiedad tiene ondas rápidas (Beta) por mucho tiempo, lo que genera una actividad extrema que deteriora.

“Este es un tratamiento donde la persona aprende a autorregularse y que no necesite todo el tiempo de un fármaco o una terapia. El principio de esta terapia es transmitir y dar una retroalimentación a las ondas cerebrales, que funcionan por descargas eléctricas a través de la red neuronal, es parecido a la gimnasia cerebral, ir equilibrando tus propias ondas cerebrales sin efectos secundarios”.

Como consecuencia de la pandemia, la población ha experimentado una angustia psicológica principalmente en la primera etapa, sin embargo esto se ha prolongado todo este tiempo en el que nadie esperaba que continuara una crisis en esta magnitud”.

Sandra Shaffer, Directora del Centro Psicoaprende y de la Fundación Neurociencias para el Desarrollo Integral del Individuo.

La parte emocional también tiene un impacto en la parte física. Inconscientemente los problemas psicológicos, las emociones se transforman en síntomas que afectan el cuerpo. Los problemas se somatizan, es decir, se vuelven físicos, así la tensión y el estrés se manifiesta en dolores de cabeza, espalda, fatiga, incluso se vuelven problemas cardiacos o digestivos.

nelly.toche@eleconomista.mx