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Macbeth, el real poder de las mujeres
Los actos de las brujas fue impactante; la dirección musical y los protagonistas también, aunque a la producción le faltaron dólares.

Impresionante el coro de las brujas con que inicia Macbeth, ópera de Verdi inspirada en la tragedia de Shakespeare. Admirable desempeño de un elenco talentoso, profesional en las voces y en lo histriónico; repertorio encabezado por una Anna Netrebko madura, compenetrada en su papel (Lady Macbeth) de mujer malvada, astuta, sin escrúpulos, sensual y, tal vez por esto último, letal...
Lady Macbeth sobre el lecho matrimonial rumia sus ambiciones de poder ataviada sólo con un camisón transparente. La mujer es el poder tras el trono, el real poder que lo mismo Shakespeare como los trágicos latinos y griegos supieron ver...
Porque la mujer, en el caso de Macbeth, maneja el arte de la seducción, de la observación del detalle y la ambición, aparte del dominio del ámbito de lo domestico. Si a esto le agregamos en Macbeth la potestad femenina en la esfera de lo sobrenatural y demoniaco, entenderemos el porqué un rey poderoso Macbeth se mira como una marioneta cuyos hilos terminan siempre en las hermosas manos de Lady Macbeth... y, por supuesto, su mente está puesta en otras mujeres: las brujas, cuyas profecías y consejos son básicos para él.
La presencia en los actos I y III de las brujas es impactante. Su papel creció en la ópera de Verdi de ser tres en la obra original shakesperiana hasta convertirse en un gran coro. El del Met fue un conjunto de voces magníficas, perfectamente empastadas. De los mejores momentos dramáticos de la puesta en escena, al lado de la secuencia del sonambulismo de Lady Macbeth.
Estupendo el director musical Fabio Luisi. Se le vio animoso al estar frente de la Orquesta del Met; quien supo manejar con maestría una partitura complicada por lo rigurosa y de gran tensión musical. Esto es lo que vimos el sábado 11 de octubre en el Auditorio Nacional, en el arranque de las transmisiones en vivo desde el Met de Nueva York.
Faltaron dólares
Anna Netrebko consigue un nuevo triunfo al interpretar con soltura y talento uno de los papeles dramáticos de mayor categoría y profundidad en la historia de la ópera, por eso mismo de los más exigentes... Su voz de mezzosoprano lírica, de tonos oscuros, aterciopelados, fluyó sin tropiezos ante el embeleso de un público que no reparó en aplausos en repetidas ocasiones ante sus virtudes. El papel de malvada -su lado oscuro le quedó como un traje a la medida.
En cuanto a la producción de Adrian Noble, es bastante buena pese a que, se nota, faltaron los dólares. Aunque originalmente Verdi situó la acción dramática en Escocia, en el siglo XI, ahora Noble la ubica también en Escocia, pero en la primera mitad del siglo XX (con uniformes militares de la Segunda Guerra Mundial, fusiles automáticos y hasta un jeep). La escenografía (de Mark Thompson) es sencilla aunque eficaz, con detalles ingeniosos (una mesa de banquetes que se arma y se desarma a la vista del espectador). Sin embargo, se nota la falta de recursos: en exteriores siempre aparece el mismo terco bosque... Y en interiores, una cama, un salón de recepciones en donde lo más destacado fueron las sillas: de no muy buena calidad por cierto, ya que Zeljko Lucic (Macbeth) rompió una con tan sólo recargarse en ella.
En cuanto a este último cantante, tiene una gran presencia escénica, desempeña un Macbeth convincente, ambicioso, malvado y obediente de su mujer. Posee además una voz potente, tenebrosa, y manifiesta una gran capacidad en su expresión corporal y gestual.
Un sólo defecto le vimos a la producción: el exceso de sangre lo mismo en las manos del matrimonio Macbeth que en la ropa de René Pape, quien hace un Banquo maravilloso con esa estupenda voz profunda, poderosa, que emite con facilidad increíble dado el buen manejo de sus resonadores y columna de aire.
Tragedia latina
La tragedia shakesperiana y la ópera de Verdi, lo mismo que la versión que ahora vimos en el Met de NY, respetan la esencia de la tragedia latina: el héroe que rompe el equilibrio del cosmos provoca una alteración tal del orden, que al cabo de varias peripecias solamente se puede restablecer merced a la muerte de quien provocó el caos. En este caso, la muerte de Macbeth y de su esposa devolverán el orden original. Shakespeare resume esto en dos frases geniales: el camino del poder está lleno de crímenes y el demonio nos seduce con verdades y luego nos traiciona ...