En la cuarta sesión del curso Un País Llamado Infancia, impartido en El Colegio Nacional (ECN), se reunieron los escritores Vicente Quirarte, Norma Macías y Enrique Serna para discutir el tema “La infancia urbana en el siglo XXI”.

La sesión comenzó con Quirarte, quien coordina el curso, recordando el libro Infancia (Conaculta), de Jorge Esquinca, publicado hace 18 años, una colección de fotos de niños del entonces naciente siglo. “Estos niños que vemos en las imágenes son los adultos que votarán en la próxima elección”, afirmó Quirarte,

El escritor habló del “breve paréntesis antes de la aventura por venir” que es la infancia. “La infancia nos deja, pero nosotros nunca la dejamos a ella”.

Poco a poco el tema fue dirigiéndose al asunto central de la charla: los niños de la ciudad, los invisibles, los que huelen activo y son dueños de la noche. Esos son los chamacos nocturnos y peligrosos que llenan el alba de Efraín Huerta, como recordó Quirarte.

Para hacer el tema a tres voces, el coordinador del curso invitó a Norma Macías y Enrique Serna, quienes han escrito sobre los chavos banda y los niños en situación de calle. Macías leyó su cuento “Vampiro que no sabe llorar”, donde un niño de la calle resulta ser un joven vampiro.

El cuento, narrado en primera persona, tiene varios momentos inolvidables, como cuando el protagonista ve llorar a su amigo Mocos porque, dicen, lo violaron unos policías. O como cuando la pandilla que lidera como un padre recibe a dos miembros más, dos hermanitos que huyen de casa porque el padre los golpea y viola.

“Estos monstruos que creemos que sólo habitan nuestro imaginario, como los vampiros, existen en la realidad”, dijo Macías, “son estos monstruos que habitan en los hogares y destruyen infancias”.

Los niños que viven en la calle salen de noche, son los dueños del Centro, entre la gloria de inhalar y de robar una cartera, así es como Macías los ve en su cuento.

La escritora recordó que hace un tiempo trabajó con una activista que se dedicaba a recuperar a estos niños nocturnos, y dijo, no sin cierto desaliento, que es muy difícil “rescatarlos”, sobre todo si ya llevan mucho tiempo en la calle. “Es muy difícil que puedan adaptarse a las reglas y estructuras de la vida familiar”. Por su parte, Enrique Serna recordó su novela Uno soñaba que era rey (Seix Barral) en el que cuenta las aventuras de Jorge Osuna, conocido mejor como el Tunas, un chavo banda de 12 años cuya obsesión es que al fin le salga el vello púbico.

“Es mi novela más experimental”, explicó Serna, “yo venía de graduarme con una tesis sobre la poesía barroca de Luis Sandoval Zapata y escribir Uno soñaba que era rey fue mi modo de desintoxicarme de esas metáforas barrocas. El libro mezcla ese barroquismo con el habla de los chavos banda de aquella época (1986)”.

Dijo que, si bien considera que la literatura no es la plataforma para la reforma social, sí es un espacio para las inquietudes de cada tiempo. Uno soñaba que era rey, dijo, fue su novela francotirador, “una especie de radiografía muy corrosiva de su tiempo”.

El cruce entre crónica urbana y denuncia social es algo de lo que Serna se ha alejado poco a poco para dejar que sus novelas sean libres. “Es cierto que soy un escritor satírico, pero me gusta que mis personajes generen cierta empatía en el lector”.

El ciclo Un País Llamado Infancia puede consultarse en el canal de YouTube de ECN y en la página de la institución: www.colnal.mx.

concepcion.moreno@eleconomista.mx