Fueron casi 4 segundos los que esperó Jane Fonda para leer la tarjetita del ganador a Mejor Película. Una pausa dramática que por un segundo recordó aquel traspiés de Warren Beatty y Faye Dunaway cuando dieron por ganadora a La La Land en lugar de Moonlight en 2017. Pero la tarjeta que tenía Fonda era la correcta y fue Parásitos, la primera película surcoreana en ser nominada al Oscar, la que rompería esquemas.

La oleada sorpresiva de la cinta se había vuelto, confirmadamente, imparable en las últimas semanas. Particularmente después de su victoria, como elenco, en la entrega de premios del Sindicato de Actores. Aun así, la historia decía que la academia de Hollywood daría el paso atrás, la elección conservadora, la apuesta por la cinta que más se acercara a su propio ombligo.

Parásitos se vuelve la primera película en un idioma distinto al inglés en ganar Mejor Película en los 92 años de historia de la Academia (aunque muchas otras habían sido nominadas y se pensaba, apenas el año pasado, que sería Roma la que lograra la proeza).

Bong Joon-ho es la única persona (además de Walt Disney) en ganar cuatro estatuillas en una sola noche, como reporta buena parte de la prensa especializada. El surcoreano ganó Película (él produjo), Director, Película Internacional (la nueva categoría) y Guion original. Disney lo logró en 1954, pero con cuatro cintas distintas (Tema breve, Corto animado, Documental y Corto documental).

Parásitos es apenas la sexta película extranjera en ganar Mejor Guion Original y este año será la primera vez que dos escritores de raza distinta a la blanca (qué pena hacer estas distinciones en pleno 2020) ganan en las categorías de guion (el otro fue Taika Waititi por Jojo Rabbit, como anticipé en El Economista el viernes pasado).

Sólo otra película en la historia había conseguido la dupla de ganar el festival de Cannes y el Oscar de Mejor Película. Había sido Marty, de Delbert Mann en 1955; ahora Parásitos se apunta la reconciliación entre el premio por excelencia para el séptimo arte y el que se había vuelto para el cine comercial. Un tanto irónico si consideramos que es una de las ganadoras a Mejor Película que menos ha recaudado en la taquilla estadounidense. A nuestros vecinos del norte (como a algunos políticos mexicanos) no les gusta leer subtítulos.

La victoria es sobresaliente porque competía con dignos rivales. Parásitos podía tener 99% de crítica positiva, según la web de Rotten Tomatoes; pero 1917 tenía un sólido 89%; Mujercitas, 95%; Historia de un matrimonio, 95%; Érase una vez en Hollywood, 85%, y El irlandés, 96 por ciento. Entre ellas, tres cintas muy respetables (y respetadas) de directores consentidos de Hollywood. Sam Mendes incluso había recogido el premio del gremio de directores, que casi siempre es un eco del premio de la Academia. Ninguna de ellas era un adversario vergonzoso como Green Book.

Puede ser un esfuerzo cosmético, como el que han hecho otros años, por recuperarse de sus polémicas y la repetida parcialidad racial y de género de la organización. Pero si se trata de sólo un gesto, es uno de los mayores que la vetusta Academia de Hollywood ha hecho para mantener su relevancia, no sólo a nivel nacional sino internacional.

Después de todo, nueve de sus últimos 10 ganadores a Mejor Director no nacieron en los Estados Unidos (cuatro de ellos mexicanos). Ya era hora para que la organización reconociera que su país y su industria no son el centro del mundo y que el mejor cine, muchas veces, se está haciendo allende sus fronteras.

@rgarciamainou