El pasado 4 de febrero la Universidad Nacional Autónoma de México publicó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Hábitos de Consumo Cultural 2020 y puso en evidencia cómo el consumo de cultura durante la pandemia y desde la virtualidad puso contra la pared a las disciplinas escénicas y privilegió aquellas que, por su formato, pudieron adaptarse a los consumos a distancia.

Producto de la vinculación entre la Coordinación de Difusión Cultural y el Instituto de Investigaciones Sociales, el estudio reveló que actividades como los servicios streaming de séptimo arte, la transmisión de conciertos, así como los podcasts y cursos y talleres en línea fueron las opciones más populares. En contraparte, las visitas virtuales a museos y las funciones de teatro y danza en línea no encontraron un nicho.

Estos resultados son, además, una evidencia de las preferencias de un público joven que prefiere consumir productos culturales en la pantalla por periodos cortos y no otras disciplinas habitualmente presenciales y mucho más específicas que, por ejemplo, exigen de conocimiento previo de parte del espectador o periodos prolongados de tiempo.

Partiendo del hecho de que 62.2% de los participantes en la encuesta tiene entre 15 y 29 años de edad, la maestra Julia Flores Dávila, coordinadora de la Unidad de Estudios Sobre la Opinión del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y también coordinadora del estudio en cuestión, escribió el ensayo concluyente “El difícil reto de interesar a la juventud en las actividades culturales”, mismo que se publicó junto con los resultados de la encuesta.

En ese texto, la también doctorante en Ciencias Sociales por El Colegio de México opina que “las representaciones de la cultura y de las actividades culturales entendidas como ‘la alta cultura’ que diseminan los medios tienden a ser aceptadas en forma acrítica por la mayoría. La cultura, tal y como se presenta en los medios, es percibida como algo alejado de la vida cotidiana de la juventud; deseable, pero inaccesible”.

La interpretación de Flores Dávila motivó a El Economista para ampliar en entrevista su postura vertida en el estudio:

“Hay formas culturales que las instituciones y los medios no consideran como cultura, pero son fundamentales. Tenemos que ampliar el concepto más allá de lo que se considera como alta cultura”, explica.

Plantea que no es que los jóvenes no consuman cultura, sino que no consumen los productos culturales de las instituciones porque no se identifican con ellos, no son parte de su entorno y, en muchos de los casos, son imposiciones culturales que las nuevas generaciones asimilan como un grillete.

“Hay que ampliarnos en la concepción de lo que se entiende por cultura, lo que significa para la gente. El público le da distintos significados y capacidad de incidencia en sus vidas, pero tiende a pensar que la cultura es algo ajeno. Si nosotros reforzamos la idea de la alta cultura le estamos cortando las alas a las posibilidades de creación de muchos jóvenes que no entran dentro de esa concepción”.

Plantea que es menester para las instituciones de difusión cultural y los medios de cultura asumir la versatilidad del consumo de las nuevas generaciones, que están acostumbradas a no permanecer estáticas por periodos prolongados de tiempo y tienen la potestad de cambiar de contenido de inmediato y cuantas veces lo consideren. Son servicios como el streaming, remarca, por los que los jóvenes prefieren pagar: experiencias individualizadas.

“Les tenemos que ofrecer esa versatilidad que la mayoría de nuestros medios y las instituciones culturales no tienen. Los contenidos que ofrecemos tienen que hacer sentido y, para que hagan sentido, deben tener una relación con la vida cotidiana del público”.

“No es una situación que nada más suceda en México. Canales culturales y radiodifusoras culturales no tienen altas audiencias en todo el mundo. La propia BBC, que ha sido un ejemplo, está al borde de la quiebra. Los jóvenes no consumen periódicos escritos, en todo caso consultan la información por internet. Entonces, ¿qué necesitamos ofrecer para atraerlos? Si hablamos de cultura, pero les ofrezco algo que no está dentro de lo que ellos acostumbran ver, interesarse, simple y sencillamente no nos van a ver”, reitera.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx