La Selección Oficial Realidad Virtual, debutante en la XXI edición del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por su sigla en inglés), ha convertido de nueva cuenta al encuentro fílmico en pionero en la incorporación de nuevas tecnologías en América Latina.

La muestra y competencia de esta selección de 12 producciones VR, en formatos y géneros tan diversos como la cinematografía clásica (ficción o documental; experimental o animación) ha sido la novedad del encuentro fílmico.

El espacio reservado para esta muestra en Guanajuato, durante la segunda mitad del GIFF, llamado Epicentro, lució repleto el primer día de actividades. El interés por vivir esta experiencia cinemática fue rotundo. Los 38 lugares no fueron suficientes ante la demanda de curiosos que desde las primeras horas de este miércoles se anotaban en la lista de espera.

En este espacio dejó de existir la gran pantalla. Se eliminó la figura del espectador inmóvil porque éste ahora toma parte de la historia e instintivamente crea una experiencia visual diferente a la del espectador contiguo, con estímulos visuales diversos al mismo tiempo.

El programa

La programación de esta selección oficial exhibe cuatro producciones diarias a lo largo de tres días. Las primeras cuatro fueron diversas en cuanto a propuestas y procedencia:

7DS, una animación experimental del francés Axel Bonnot que envuelve al espectador en un casi sueño psicodélico sobre los siete pecados capitales. Dinner Party, un suspenso en 360 del puertorriqueño Ángel Manuel Soto, basado en la historia real de un supuesto caso de abducción extraterrestre y quizás la experiencia sensorial más provocadora de las cuatro, con momentos que provocan angustia, desesperación y claustrofobia.

Carriberrie, un documental australiano que sirve como antiácido de la Dinner Party y lleva al espectador a la intimidad de las selvas, los desiertos y la música tradicional de las culturas originarias del país oceánico. Un trabajo contemplativo que dejó buen sabor de boca.

Por último, Black Hole Hunt, el primer documental en realidad virtual del realizador John Dickie (director presente en la muestra), el cual explora las instalaciones del Gran Telescopio Milimétrico de México, que forma parte fundamental de la iniciativa internacional para fotografiar por primera vez un hoyo negro.

Volver al asombro

La experiencia inmersiva del cine en realidad virtual retoma esa sensación de los primeros años de la cinematografía en el mundo: el asombro y la incertidumbre ante lo que no se está habituado.

El propio John Dickie, en entrevista para El Economista declaró: “(El cine en realidad virtual) sí es un reto, pero me parece algo muy puro porque ya no se interviene tanto como realizador. La gente ya no se da cuenta de la cámara y actúa de manera natural. Y como documentalista se quiere llegar a eso: no intervenir, que las personas no se den cuenta de tu ojo”, refiere.

Agrega que en esta nueva manera de hacer cine todavía hay un trabajo de dirección y de fotografía, pero con mayor abstracción. Y celebra que “el video digital ha democratizado los procesos de producción, ya sea en 2D o en 360”. Lamenta que ahora la experiencia de realidad virtual tenga que ser totalmente individual, pero considera que en un futuro a mediano plazo esto podría revertirse si la experiencia VR se enriqueciera de las tecnologías holográficas.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx