Los negociadores del consejo de administración desarrollaron un gran esfuerzo para solucionar el entuerto en que se había metido el Teatro de la Ópera de Roma, en octubre pasado, a raíz del despido de 182 trabajadores, entre atrilistas y coro. A fines del 2014 se alcanzó un acuerdo que permitió al superintendente Carlo Fuortes revocar la orden de despido, lo cual es una buena noticia.

La Fondazione Teatro dell’Opera di Roma comunicó también que un nuevo estatuto, correspondiente a este acuerdo, entraría en vigor los primeros días de enero. La gran duda era la actitud de los sindicatos.

La propuesta del consejo de administración fue sometida a votación de los trabajadores y éstos de manera abrumadora la aceptaron, pese al sabotaje de los grandes sindicatos que estuvieron en contra del acuerdo. Ciertamente, los trabajadores pierden un tanto en prestaciones, deben limitar su actividad sindical desbocada, pero conservan su trabajo.

En cuanto a este activismo sindical, recordemos que el año pasado provocó continuos paros en el Teatro de la Ópera de Roma y llegó a la agresión que significó la irrupción de sindicalistas en el camerino del maestro Riccardo Muti (el mejor director vivo con que cuenta Italia). Por lo que éste contestó con un golpazo a los radicales: renunció a esta casa y se fue a trabajar a la Ópera de Chicago.

En efecto, Muti llegó a calificar estos problemas como una guerra sindical que duró varios meses y que hicieron que los sindicalistas infiltraran su orquesta, convirtiéndose en una minoría que sólo busca privilegios .

Así lo planteó en carta dirigida al alcalde Roma, que fue publicada ampliamente por los medios europeos el 22 de septiembre del 2014. Muti explica en una de las partes de la misiva el porqué de su fulminante medida: Desafortunadamente, a pesar de todos mis esfuerzos para ayudar, las condiciones para garantizar la serenidad que necesito para que las producciones salgan bien no existen . Y se fue...

El acuerdo alcanzado en el Teatro de la Ópera de Roma implica recortes a la mejora salarial y el aumento de la productividad. Es decir, más espectáculo, más trabajo. Aunque entre los sindicatos pervive un mal sentimiento por el costo de la solución, con un ahorro de 3 millones de euros para la empresa , de acuerdo con información del diario La Stampa.

La situación se había hecho insostenible en el Teatro de la Ópera de Roma, ya que según el superintendente, Carlo Fuortes, aquí el costo del personal implica dos terceras partes del valor de la producción , mientras que en otros teatros italianos ocurre algo muy distinto: en La Scala y La Fenice de Venecia, esta relación se mantiene en 50 por ciento.

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