Ground control to Major Tom… take your protein pills and put your helmet on canta David Bowie. Space Oddity y la lluvia me acompañan. Imposible escapar a la melancolía. Pero al llegar al Laboratorio de Arte Alameda una imposibilidad me arranca una carcajada: ¡Mañana! Enorme olfateo de la Luna. ¡Aquí! . Olfatear la Luna, en efecto, algo que solo es posible para héroes como Buzz Aldrin y Neil Armstrong. Y también para cualquiera que entre a Kosmica México.

Me lamento porque yo no podré oler la Luna. Pero sí me encontraré hoy con un astrónomo con inquietudes artísticas, una artista que fundó una orquesta en la NASA y un mexicano loco que quiere lanzar su propio satélite.

Ah, la Luna. Ah, el Universo.

Kosmica es el festival de la exploración espacial, y del arte que conlleva. Porque explorar el espacio sideral no es solo rocket science, es también imaginación. Y creatividad en inmensas cantidades.

El Laboratorio de Arte Alameda, espacio usual para la experimentación (es fiel a su nombre de extracción científica), se convirtió durante tres días es un cuarto de control. No se trataba de hacer despegar cohetes sino ideas. Como si la idea fuera convocar a los sueños y los deseos tan humanos de exceder siempre el alcance de la mano, si no ¿para qué están las estrellas? (como escribiera el poeta Robert Browning), el escenario es totalmente oscuro con una pantalla cinematográfica que titila. Desde ahí, algunos oradores nos llevarán al Universo.

Nahum Mantra, artista mexicano y uno de los creadores de Kosmica, nos da la bienvenida. Kosmica, nos cuenta Nahum, nació en Londres para crear un punto de encuentro entre la ciencia y el arte, especialmente para albergar a cierta corriente de artistas, que de entrada se creía pequeña, interesados en el viaje espacial. El éxito fue inesperado. Kosmica, en tres años, se ha realizado no solo en Londres, también en Liverpool y en París. Y ahora en México.

El que empieza el viaje es el doctor Roger Malina, uno de los investigadores aeroespaciales más importantes del mundo. Malina es también un hombre simpático; se revela su vocación de maestro cuando toma su computadora y comienza a narrarnos su aventura en la exploración espacial. Es como tomar una clase en la Universidad de Texas, donde Malina es profesor y desde donde produce su revista Leonardo, que debería ser la publicación oficial de Kosmica. Leonardo es para creadores interesados en la ciencia y científicos interesados en el arte.

Todo comenzó, nos cuenta el doctor Malina, con su padre y con un sueño infantil. Malina padre fue uno de los pioneros: en 1940, con 28 años, participó en lanzamiento de uno de los primeros objetos lanzados al espacio, un cohete que apenas sobrepasaba la altura de una persona. Después, el señor Malina no solo se dedicó a la ciencia del espacio, también al arte. Creó esculturas pensadas para el Universo. Toda su infancia el doctor Malina soñó con la estrellas y con las historias de su padre.

La conferencia de Malina nos hace una revelación que parece una obviedad (no lo es): vivimos en la era de la cultura espacial.

¿Qué quiere decir, que ya somos como Los Supersónicos y estamos a punto de colonizar la Luna? No tanto, pero sí esto: nuestra cultura contemporánea depende de la exploración espacial. Internet, los GPS, la televisión, todo eso necesita de satélites en órbita.

Hoy en día hay seres humanos que viven por largos periodos en el espacio e incluso hay, en la Tierra pero quizá pronto allá arriba, artistas que trabajan en cámaras de gravedad cero.

Malina se guarda lo mejor. En pantalla vemos unos patrones hermosos, parecen células o fibras textiles. Materia oscura vista con millones de escalas de aumento.