“La arquitectura como expresión material es la más grande de todas”, manifiesta al otro lado de la línea telefónica el arquitecto, urbanista y divulgador de la cultura Felipe Leal Fernández, quien el próximo lunes 26 de abril será admitido como miembro de El Colegio Nacional y, con ello, se convertirá en el tercer arquitecto en la historia que forma parte de las selectas filas de la máxima cátedra de México.

Le antecedieron los arquitectos indelebles de la modernidad mexicana José Villagrán García (1901-1982), en 1960, y Teodoro González de León (1926-2016), en 1989.

Durante la ceremonia de admisión, que contará con la salutación del doctor Julio Frenk, presidente en turno del Colegio, Leal Fernández impartirá la lección Las huellas de la memoria y los pasos del devenir, que será contestada por el escritor Juan Villoro.

“En el discurso manejo un juego de tiempos entre las huellas de la memoria colectiva y las de mi memoria personal. Está compuesto de dos partes: la importancia cultural de la arquitectura, pero también de los pasos del devenir, es decir, qué nos espera y qué debemos de hacer. Porque la pandemia ha transformado hábitos y costumbres y la arquitectura precisamente es el resultado de dar forma a esos hábitos y costumbres”, refiere Leal sobre el contenido de su intervención inaugural, que leerá de modo presencial en la sede de Donceles 104 de una de las principales instituciones divulgadoras de las ciencias, las artes y la literatura en nuestro país.

Estima que por la irrupción de la emergencia sanitaria, el aceleramiento del comercio electrónico y el teletrabajo, los cambios seguirán siendo vertiginosos en las oficinas, casas y centros educativos, puesto que cada vez deberán ser más multifuncionales. A todo esto, afirma, deberá saber reaccionar la disciplina arquitectónica.

Tender puentes desde el conocimiento

Como presidente en turno del Seminario de Cultura Mexicana y próximo integrante de El Colegio Nacional, dos instituciones hermanadas no solamente por la época en la que se fundaron sino por la primordial y compartida tarea para el fomento y la difusión del pensamiento, Leal Fernández cavila sobre la imperante necesidad de diluir de una vez por todas la idea de alta cultura y el conocimiento excluyente.

“Tenemos que tender puentes entre el conocimiento y la cultura con los grandes sectores de la población, tenemos que hacer más asequible el saber y romper con los esquemas, hasta petulantes, en los cuales el que sabe mucho permanece distanciado del público. Eso está rebasado, es anacrónico. Con el conocimiento que se tenga, suficiente o no, hay que tener la humildad de transmitirlo, porque plantear el saber con cierta sencillez no es empobrecerlo. Hay que romper con esa idea de la alta cultura”.

No obstante, observa “un desequilibrio” en los criterios de la administración de la cultura desde el actual gobierno federal: “es como un revanchismo. No puedes priorizar una cultura llamada popular porque tampoco se atiende del todo la cultura popular, vamos a ser honestos. Es algo mucho más complejo que ni siquiera necesita del apoyo del Estado, sino que florece a diario. Que se utilice un poco a nivel más propagandístico es otra cosa y se queda más bien en lo dérmico”.

La rabia sobre los símbolos

A propósito del tema de la supuesta dilución del vínculo de las nuevas generaciones con el patrimonio escultórico y arquitectónico del país, el futuro integrante de El Colegio Nacional se expresa:

“Hay que romper la idea formal, tradicional, convencional, de que los monumentos son inmaculados e intocables. Es falsa. Los monumentos se visitan y en el momento en que los haces tuyos se rompe esa idea. Por ejemplo, la gente no ve tanto un Monumento a la Revolución sino una plaza pública donde puede recrearse, reunirse, mojarse y tomarse un café. Lo demás es un agregado amplio. La gente no va ahí para rendir tributo a la Revolución”, declara quien además fuera encargado de la restauración de la Plaza de la República entre 2009 y 2010.

Expresa que los monumentos son los símbolos a través de los cuales se manifiesta y se interpreta el poder, sus valores y las narrativas oficiales “que tienden a perturbar y manipular la historia”, de ahí que los movimientos disidentes opten por manifestarse sobre estos símbolos, puesto que en tiempos de crisis también materializan antivalores como la impunidad y la inequidad.

“La protesta feminista contra el acoso y la violencia de género, evidentemente legítima, esa rabia concentrada de años, claro que se tiene que expresar. Es uno de los momentos históricos de reacción ante la exclusión y en todos ha habido pintas y protestas. No lo veo como algo permanente sino como circunstancial en el emerger de un movimiento que está exigiendo respeto y equidad. Hay una furia que se tiene que expresar en un símbolo por lo que este representa”.

Académico y gestor de larga trayectoria

Felipe Leal Fernández fue dos veces director de la Facultad de Arquitectura y coordinador de Proyectos Especiales de la UNAM, así como parte fundamental del comité que logró la inscripción de Ciudad Universitaria en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Además fue fundador de la Autoridad del Espacio Público del Gobierno de la Ciudad de México en 2008. Ha sido reconocido con 16 premios en diversas bienales y concursos nacionales e internacionales.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx