La víspera, en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, el arquitecto mexicano Enrique Norten recibió la Medalla Bellas Artes en Arquitectura, la máxima distinción que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) para reconocer a quienes han trabajador por el enriquecimiento, fomento y resguardo de las artes y la cultura en México. Se le reconoce un prolífico trabajo como edificador, tanto en EU como en México y América Latina, junto con el equipo de TEN Arquitectos con proyectos como la restauración y ampliación del Museo Amparo; el campus en Constituyentes de la universidad Centro y la renovación del Museo Universitario del Chopo; lo mismo que la nueva sede de la Biblioteca Pública el conjunto de viviendas y de uso mixto, Mercedes House en Nueva York, o el centro comercial Neos Moda en Bogotá.

El arquitecto con más de 330 proyectos en su haber platicó con El Economista sobre su sentir por la distinción, su visión de ciudad y la vocación intrínseca como profesor de arquitectura.

—¿Cuál es el sentir por la recepción de la Medalla Bellas Artes?

Evidentemente es un gran halago y un gran honor. Pero sobre todo, una enorme responsabilidad. Cuando una institución tan importante como el Instituto Nacional de Bellas Artes, y en este caso, yo digo que cuando mi propio país me hace un reconocimiento así, me obliga a seguirme esforzando y a continuar dando lo mejor de mí.

—¿Toda la arquitectura de hoy debe ser global?

La arquitectura y el mundo son globales aunque algunos de nuestros líderes no lo quieran ver así. Pese a ser global, la arquitectura debe obedecer a las inquietudes, necesidades, carencias del sitio donde se inicia un proyecto.

La arquitectura tiene un término que la define muy bien en inglés: size-specific.Es cierto que las ideas son universales y que probablemente hay un lenguaje arquitectónico universal, pero, al final del día, la arquitectura es una disciplina enraizada a un lugar. Sin embargo Pienso que la idea de los países es una idea un poco obsoleta, porque realmente vivimos en un mundo de ciudades interconectadas y eso será cada vez más potente.

—¿Cuáles han sido los retos de tus últimos proyectos en la CDMX?

Los retos de Ciudad de México están bien definidos y yo los veo con gran optimismo. La ciudad tiene posibilidades de ser aún más grande: no de tamaño sino de nivel y calidad. Desafortunadamente ha tenido un crecimiento desorganizado, pero al mismo tiempo ha creado una estructura única y clara. Me gusta compararla con el sistema nervioso de un ser vivo, donde se cruzan muchos de los nervios. Creo que el reto que nos toca es consolidar esos nodos nerviosos e intercomunicarlos de manera apropiada. No va a ser una ciudad como las europeas porque no son nuestro modelo. La nuestra es una ciudad que podemos definir como pluricéntrica. Y sus centros no son necesariamente los históricos sino los centros de comunicación, donde coinciden esas grandes cantidades de gente que se está moviendo: donde se juntan las líneas de metro, de trolebús, los taxis; donde la gente cambia de transporte. Esos son los centros del futuro y están identificados, ahora hay que consolidarlos.

—¿Cómo reconfigurar una ciudad que ha crecido tan improvisada?

Estos centros evidentemente tienen que ser mucho más densos, con edificios mucho más altos, de multiusos, donde haya vivienda, oficinas, hoteles, comercios, servicios, escuelas. Todo tiene que pasar en estos nodos. Se trata de reducir los desplazamientos de las personas y que sean mucho más eficientes para quienes tengan que moverse.

—El aeropuerto en Texcoco, ¿pudo ser un punto de interconexión como los que mencionas?

El tema del aeropuerto no fue una decisión arquitectónica ni urbana. Fue una decisión evidentemente política. A muchos mexicanos nos duele que se haya perdido una inversión donde al final hay dinero de todos. Creo que había muchas otras muy buenas salidas. Si era una cuestión de corrupción, se debieron tomar las medidas para resarcir esa corrupción o para castigar a quienes hubieran abusado de esas condiciones, pero creo que este es un castigo para todos. Nos va a costar muy caro en cuestiones de desarrollo futuro.

Vocación de servicio

Norten se dice orgulloso de haberse generado las oportunidades internacionales que hoy son tangibles. Asegura que si alguien le hubiera dicho 25 años atrás que iba a construir en Nueva York no hubiera dudado en tildarlo de loco. Dice que lo hecho hasta ahora le permite ver para atrás con alegría por haber cumplido algunos de los sueños que nacieron cuando todavía era estudiante.

—¿Qué sueños faltan por cumplir?

Sinceramente, seguir sirviendo, dar lo mejor de mí y de mi equipo para que este sea un gran país. Puedes estar o no de acuerdo con ciertas ideas políticas, pero no importa: hay que dar lo mejor de nosotros, cada uno desde nuestra propia trinchera.

—¿Crees que la arquitectura sirve para la felicidad?

Por supuesto uno siempre piensa en el bienestar de quienes van a ocupar, y no nada mas el objeto de la arquitectura sino los vacíos de la arquitectura: los vacíos que articulan los objetos para hacer ciudad, y eso es muy importante.

Uno de los grandes reclamos que la sociedad nos tiene ha sido la fragmentación de las ciudades, porque se han convertido en condiciones divididas. Constantemente vemos los cotos de los ricos y los lugares de los pobres. Esto no puede ser más. Urge una ciudad continua, de todos, democrática y de libertades, para todos y de todos.

—¿Ciudad de México tiene posibilidades de reconfigurarse?

Yo creo que sí, vamos a ver cambios importantes y a más gente regresando a los centros de la ciudad. Vamos a dejar de verla crecer en horizontal. Eso va a desdoblarse en una mejor calidad de vida para todos.

—¿Hay una identidad de la arquitectura mexicana ante el mundo?

Hay particularidades. No me gusta mucho hablar de arquitectura mexicana porque México es un muégano de culturas. Tenemos muchos siglos de hacer una arquitectura estupenda.

El México que conocemos se fundó con esta mezcla de dos culturas para formar una totalmente diferente. Desde la llegada de los españoles la arquitectura fue estupenda y ha tenido un gran prestigio internacional, eso hace que en México se sigan produciendo generaciones de estupendos arquitectos.

Maestro de generaciones

Actualmente TEN Arquitectos se ocupa de diversos proyectos paralelos. En curso hay edificaciones tan distintas como el Glenn Research Center de la NASA, en Cleveland, o la rehabilitación del Cine Cosmos, en la Ciudad de México, como un centro cultural deportivo y social. A la par de encabezar estos proyectos, Norten ha sido profesor en universidades de prestigio como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Iberoamericana, en México, y como Yale, UCLA, Harvard o Michigan, en Estados Unidos.

—¿Cuál es la importancia de transferir conocimientos o de retroalimentarse?

Siempre se lo digo a mis estudiantes: no soy profesor por una condición altruista, lo soy por una razón egoísta. Yo voy a las universidades a aprender. Les digo que el día que me dejen de enseñar, ya no voy a ir porque me aburriría. Las universidades también nos ofrecen la oportunidad de investigar. Puedes formar equipos muy interesantes de investigación y experimentar con ideas. Los estudiantes te ayudan a ir desarrollando un cúmulo de conocimientos que de otra manera no podrías desarrollar en un despacho.

—¿Qué le pediría Enrique Norten a los gobiernos para facilitar la optimización de la ciudad?

No sé si es cuestión de pedirle a los gobiernos. Lo que debemos es educarnos nosotros mismos, ser sensibles como sociedad, tener un proyecto colectivo y que quienes nos representan en los gobiernos se puedan sumar a ellos. Es de todos y todos debemos de exigirlo.

[email protected]